Dnde estaban los recuerdos puros? En casi todos se funden impresiones de otra poca que se les superponen y les confieren un realidad distinta. Los recuerdos no existen: es otra vida revivida con otra personalidad, y que en parte es consecuencia de esos mismos recuerdos. No se puede invertir el sentido del tiempo, a no ser que se viva con los ojos cerrados y los odos sordos.
Boris Vian, La hierba roja.
VI
El seor Keniston era profesor de matemticas. Llevaba dando clases en el instituto desde haca unos quince aos por lo que prcticamente conoca a todos los jovencitos y jovencitas de la comunidad. Para todos ellos era el seor Keniston, – apostara un dedo de mi mano a que ninguno de mis alumnos conoce mi nombre-.
Su nombre era Seymour.
Seymour Keniston naci en la costa y all vivi hasta cursar sus estudios universitarios de profesorado. Luego fue saltando de instituto en instituto por todo el pas hasta que consigui un plaza fija en el instituto de la comunidad. Se mud al nmero diecinueve de la calle St. James una tarde lluviosa. El seor Keniston era una persona austera y acostumbrada a saltar de ciudad en ciudad, por lo que sus pertenencias no eran excesivas y no necesit ms de una tarde para tener todo colocado y la casa limpia, – y lista para habitar! -. Poda recordar a la perfeccin lo que ocurri y pens aquella tarde. Termin de colocar la ltima caja de libros en un estante desmontable, – ahora me dar una larga ducha caliente y saldr a hacer una visita a mis nuevos vecinos -, se dijo para s, pero no haba hecho ms que salir del bao cuando son el timbre. Al abrir la puerta se encontr las amplias sonrisas de los Kessler, los vecinos del nmero dieciocho.
La relacin del seor Keniston con los Kessler fue bastante estrecha, John Kessler le ense todo sobre el cultivo y los cuidados de los frutales, – querido seor Keniston, debera alegrar usted un poco su jardn, como habr podido apreciar, es costumbre aqu y est muy bien visto por todos, qu le parece s le ayudara a plantar algunos frutales? -, mientras que Loretta insista una y otra vez en que el seor Keniston no deba cenar slo cuando poda hacerlo con la compaa de ellos. Gracias a los Kessler, Seymour descubri dos nuevas grandes pasiones: cuidar el jardn y la compota de manzana de Loretta Kessler. La otra gran pasin de Seymour Keniston ya la haba descubierto el slo aos antes. No era otra que la de acosar a jovencitas y jovencitos.
Haba dos alumnos que lo alteraban hasta el punto de empujarlo a tomar sus largas duchas calientes. Uno era Robert Allen, del que le excitaba su rudeza casi prehistrica y al que hostig en sus estudios sin conseguir ms que unas cuantas situaciones que dieran pi a sus escenas onanistas bajo el agua. La otra era Laura Findley, alumna ejemplar de refinada educacin, a la que le gustaba imaginarse con las rodillas magulladas y las bragas por los tobillos, – como recin vejada -.
Pero con la nica alumna que se haba propasado realmente, llegando incluso al contacto fsico fue con Maggie Randall, una joven retrada y enfermiza, de tez plida y cuya voz, insegura y susurrante, hacan aflorar en Seymour sus instintos ms sdicos. Tras varias semanas de: seor y seora Randall, sera necesario que Maggie recibiera clases complementarias de lgebra para paliar sus carencias en la materia de cara a la universidad -, una tarde cuando ya oscureca, la joven sali sollozando de casa del profesor cuando John Kessler regaba su jardn. John vio y escuch claramente al seor Keniston insinuarle a la pequea de los Randall: – por su bien Maggie, sera mejor el que no desvelara a nadie el contenido de las clases.-
Cuando Maggie sali corriendo hacia su casa, Seymour Keniston se percat de que John Kessler haba observado toda la escena. Seymour y John se quedaron mirndose fijamente a los ojos. John Kessler pudo leer perfectamente en la mirada de Seymour Keniston un: – s lo que tienes enterrado en tu jardn John, as que ser mejor que dejes que imparta mis clases a mi manera. –
quires conocer a John y Loretta Kessler?
quires conocer a Robert Allen?
quires conocer a Laura Findley?.
V
Robert Allen era uno de los hombrecitos de Laura Findley. Rob la gente me llama Rob porque es muy vaga para llamarme Robert , tena veinte aos y trabajaba en un taller mecnico en la carretera interestatal, a unas diez millas al norte de la ciudad.
Lo cierto es que era un muchacho mediocre. Nunca destac en nada: no se le dio bien el instituto y lo dej en su ultimo ao, – ese bastardo del seor Keniston, no dejaba de perseguirme, que si seor Allen esto, que si seor Allen aquello, que si seor Allen al final de las clases presntese en mi despacho…joder!, me hubiera gustado darle su merecido.
Como no termin el instituto no fue a la universidad ni realmente se lo plante nunca, – para que estarse cuatro o cinco aos lejos de casa, soportando a otro seor Keniston o a algn capullo peor que Keniston subido a un atril diciendo chorradas -. Tampoco destac en ningn deporte ni jug en ningn equipo. Sus nicas inquietudes parecan ser tomar cervezas con los amigos y que su madre no le interrumpiera con alguna tontera mientras miraba algn programa de deportes en la televisin.
Pero l era feliz y estaba muy tranquilo. No tena que saber nada, tan slo aflojar y apretar las tuercas de la rueda de un coche y arreglar pinchazos de una manera mecnica por ocho pavos la hora, no necesitaba ms. Arreglar los pinchazos de toda aquella gente universitaria de los barrios bien que seguro lo llamaran paleto, pero que eran tan jodidamente intiles como para no saber arreglrselas ellos solos con un pinchazo, jodida panda de estpidos estirados-.
Adems ahora se estaba tirando a esa chica, Laura. Si, ella representaba lo que todos esos capullos eran, pero ella no era como ellos, era diferente, por eso vena al garaje de Troy a beber y saltarse las normas, pero cuando estaba con ella le gustaba imaginar que no era diferente, que era una ms de esos estirados de mierda de la parroquia, y por eso – se empleaba bien a fondo con ella-.
quires conocer a Laura Findley?
quires conocer al seor Keniston?
No podra decirse que Nicole huyera de su pasado o de algo en concreto. Pero lo cierto es que Nicole hua. Esa sensacin de sentirse perseguida la obligaba a emplear continuamente pequeos subterfugios, a arrastrar consigo pequeas manas que al final terminaban depositndola en la seguridad de su propia caja de caudales, pero que se convertan a la vez en una celda donde los barrotes eran mirar constantemente atrs, registrarse en moteles de carretera con nombres falsos, no dar nunca su nmero de telfono o no volver jams sobre sus pasos.
La huida le haba llevado a reducir sus pertenencias al contenido de una maleta; porque cualquier objeto de ms era un lastre innecesario y ese lastre le provocaba miedo, una angustiosa sensacin de ser atrapada, de perderlo todo. Nicole mir la maleta inerte en el asiento del acompaante como esperando que esta fuera a abrirse y a ofrecerle compaa, como si fuera un autoestopista al que recogiera o abandonara al borde del camino.
Llevaba ms de tres horas seguidas conduciendo, viajaba por una carretera polvorienta camino del mar; necesitaba su calma ondulada, su eternidad azul, el sosiego de la espuma retrocediendo por la arena, blanca y perezosa, buscaba medir el paso del tiempo con el romper de las olas, como si estas fueran un segundero lquido que dejara una estela de sal. Apenas se haba cruzado con algn coche y el sol luca en lo alto de un cielo despejado.
Cuando lleg al pequeo pueblo costero se lo encontr como inerte o deshabitado, como si algo hubiera parado el tiempo y hubiera borrado a la gente andando por las aceras, a los coches circulando por las calles, aparc cerca de lo que deba ser el ayuntamiento, avanz hasta un paseo martimo y divis a todos los habitantes del pueblo sentados en la playa mirando al mar en silencio. Por primera vez en mucho tiempo se sinti segura, se descalz, guard los zapatos en su maleta y bajo a la arena a buscar su lugar en la playa.
Esa maana amaneci clara y despejada en Barcelona. Octavio salt de la cama con bro y energas, nada de levantarse con el pie izquierdo, ms bien podra decirse que se levant con los dos pies bien plantados, firmes como los cimientos de un grandsimo rascacielos. Y es que Octavio rozaba los dos metros de altura: – ay hijo mo!, si la altura fuera fortuna, tu tendras un tesoro sola exclamar su madre.
IV

Laura Findley nunca se haba fijado en Roy Stokes porque desconoca completamente su existencia, pese a que estudiaba en su mismo instituto y, al igual que l, tambin viva en la calle St. James.
A sus diecisiete aos la Seorita Findley como la llamaban muchos de sus profesores haba practicado el coito en multitud de ocasiones y conoca perfectamente lo que era experimentar un orgasmo y las diversas formas de obtenerlo. Su cabellera rubia y rizada aniaba su rostro y le daba un aire de ingenuidad e incluso de pureza, especialmente cuando vistiendo su traje blanco cantaba los domingos por la maana en la parroquia. Laura tambin participaba en algunas actividades extraescolares, como charlas sobre la fe, o en los cursos caseros de cocina para jvenes, que los ltimos jueves de cada mes, impartan algunas de las ms reputadas cocineras de la comunidad. En uno de esos cursos fue como Laura conoci a la seora Kessler y como aprendi a preparar compota de manzana. Laura y la seora Kessler simpatizaron rpidamente y desde entonces se saludaban efusivamente al verse en la parroquia, abundaban las sonrisas amplias y sinceras, los has cantado como un ngel – y los gracias a usted Loretta, nuestra Laura alegra los postres de nuestras cenas familiares, le ha enseado tan bien! que ahora podr competir en el siguiente concurso de compotas. No sabemos de que manera agradecrselo -.
Los padres de Laura se sentan muy orgullosos de ella, de sus excelentes modales, de su excelente labor en el coro de la parroquia, de sus buenas calificaciones en el instituto y de la admiracin que gran parte de la comunidad senta por ella. Pero los padres de Laura desconocan a su hija completamente y se sentan orgullosos de alguien que en realidad no era quien ellos pensaban. Y es que Laura acostumbraba a ir con los chicos mayores, con – sus hombrecitos , como ella los llamaba. Saba tambin lo que era una borrachera y como obtener una, – porque Laura obtena las cosas -, incluso haba fumado marihuana en unas cuantas ocasiones.
Sus hombrecitos se sorprendan de sus atrevimientos, especialmente nada ms conocerla, siempre durante algn desmadre en el garaje de alguno de ellos, cuando se haca aicos la imagen que ella tena de cara a la comunidad con el primer trago que le daba a la botella de wishky mirndolos con ojos promiscuos. Entonces era cuando les deca que – no es lo mismo cantar como un ngel que serlo en realidad-, y se acomodaba en el sof o en un colchn en el suelo, enseando un poco ms los muslos de sus piernas.
Quires conocer a Roy Stokes?
Quieres conocer a Loretta Kessler?
Quieres conocer a los hombrecitos de Laura?
Ilustracin: Fermenta
Mi abuela hace un conejo, que cada vez que lo pruebas, dan ganas de salir al monte con la escopeta y traerle media docena ms para que los cocine.
La primera vez que vi a mi abuela preparar conejo yo tendra unos once o doce aos. Mi familia compr un terreno cerca de un pueblo madrileo, lo suficientemente alejado de la capital como para estar completamente fuera de la influencia de sus ruidos y sus humos el manzanares parece una escombrera -, pero lo suficientemente cerca como para poder disfrutar de l los fines de semana.
En ese terreno se construy una casita de campo, modesta pero perfecta, que aun hoy sigue en pi, y que de alguna manera sirvi de centro de reuniones para gran parte de mi familia cercana, tos, abuelos, primos y algunos amigos que no eran de la familia pero como si lo fueran.
Un domingo se col en la parcela Linda, una perdiguera enclenque que no tena en dnde caerse muerta y que se qued con nosotros hasta que un da desapareci por las buenas, tal y como haba aparecido. La perra hizo de la parcela su hogar pero campaba libre por toda la zona era un callejero por derecho propio -. Como nosotros entre semana no estbamos all y la parcela no estaba bien vallada, ella entraba y sala a su antojo, iba al ro, iba al monte y por las noches volva a una casa improvisada que le construimos aprovechando una pila de traviesas. Raro era el viernes en que, nada ms llegar, la perra no estuviera en la puerta para recibirnos, y es que pareca oler nuestra llegada.
Una lluviosa tarde de sbado la perra subi del ro con un conejo bien hermoso y la familia reaccion al unsono ante tal evento: – que lo cocine la Pilar, que es a la que mejor le sale -. Y es que mi abuela tiene dos hermanas ms, la Carmen y la Chelo, pero ella es la mayor y la que ms ayudaba a “madre” en la cocina.
Recuerdo que lo despellejaron y lo colgaron de sus patas de atrs y as estuvo el conejo desangrando hasta que comenz a ocultarse el sol, momento en el que se cocin y se dio buena cuenta de l. Yo nunca haba visto un animal sin piel y tengo bien grabada la imagen, es una de esas imgenes de tu infancia que las recuerdas ntidamente, como si vieras una fotografa; cierto es que guardo otras menos sangrientas pero igual de carnvoras como por ejemplo, la de mi familia entera relamiendo su tajada – por que tocamos a una – y chupndose los dedos de lo rico que le qued el conejo a mi abuela.
Ahora que soy ms mayorcito y que tengo la suerte de poder gozar de su compaa a sus casi noventa aos, cada vez que tengo oportunidad me meto con ella en la cocina y la pregunto incansable sobre las virtudes de su cocido, o sobre los tiempos del potaje y lo cierto es que esas cosas no estn escritas en ningn recetario, sus respuestas por lo general son, – pues hasta que veas que est o – cuando veas t que eso -. El ejemplo ms claro es el del conejo. Ella lo guisa de una manera tan sencilla, que cuando la ves lo primero que te viene a la mente es: -esto lo puedo hacer yo y claro que lo hago yo, pero a mi no me sabe igual que a ella. Y yo hago lo mismo:
Pongo aceite a calentar, pico unos ajitos y les pego una pasada por el aceite, cuando veo que eso, echo un par de cucharadas de pimentn y antes de que ste se queme, echo una guindilla y doro el conejo. Cuando ya est bien doradito, bajo el fuego, echo agua hasta que veo que est, la sal, unas ramitas de romero y tomillo al gusto y ah lo dejo hasta que eso. Pero eso, que de eso, nada de nada, que el mo est rico, pero que el suyo est mejor y en esa salsa rojiza y ligeramente picante que consigue, lo que se traba bien trabado es una barra de pan entera, que se hace migajas, hasta que el fondo de la cazuela recuerda a la batalla de Trafalgar.
Yo no logro que me salga el conejo como le sale a ella y tampoco logro ensearle a enviar un sms a travs de su telfono mvil, pero eso es otra batalla, otra historia y otro guiso bien diferente.
Somos lo que comemos.
Lo primero es comer y luego, si se puede, comer bien. Lo primero es comer porque si no comes te mueres. Cuando estamos muertos dejamos de disfrutar de nuestros sentidos del gusto, del olfato y de la vista, siendo estos la fuente de nuestras percepciones bsicas para disfrutar del alimento, relegando al tacto a medir la temperatura del alimento cual mero termmetro, por lo que para disfrutar del alimento es necesario que se cumplan las premisas de, primero, comer para no morir, y segundo, que nuestras percepciones ante el alimento nos resulten placenteras sin quemarnos labios y lengua.
Pero el hecho de que nuestras percepciones sean agradables para nosotros no quiere decir que estemos comiendo bien sano -, es por ello, que siempre han destacado aquellas personas que gracias a su habilidad para preparar alimentos, entendiendo esa habilidad, como la capacidad de preparar un alimento que logre saciar nuestro hambre sin amenazar nuestra supervivencia – y que adems, deleite nuestros sentidos.
Una de esas personas es Jos vers que sencillo Andrs que como alguno sabris, tiene un espacio en la televisin llamado vamos a cocinar, donde prepara distintos platos y adems explica como hacerlo.
Yo, desde que veo el programa de Jos me alimento mejor. Independientemente de su calidad como cocinero, que no la s, porque no com nada suyo, pero que no discuto ya que, a travs de la pantalla, nicamente puedo ver el jodido hambre que me entra de tan slo verle cortar cebolla, creo que la clave del programa esta en la hora de emisin, as sobre las siete segn llega uno de trabajar, de apenas haber desayunado, de haber tomado un par de cafs guarros, de comer en Rodilla o algn men de los de a diez euros, de esos escasitos o un prefabricado del Vips, y claro, uno ve a Jos con la cebolla, el ajo, los pimientitos, que si va al mercado, que si el pescado azul, que si la hostia y piensa: – Hoy para cenar me doy un homenaje! – Y se prepara una tortilla francesa adorn que le sabe a gloria.
No s ustedes, pero en mi caso como buen mileurista, comparto piso, e imaginen, si yo me preparo una tortilla adorn, comienzan los joder como te cuidas -, los – vaya con el nio, que pinta tiene -, y a la cena siguiente la pea se lo curra para no ser menos y dar la misma envidia o ms. De esta manera, desde que veo a Jos Andrs todos en mi piso comemos mejor, y no slo eso, sino que hay das que espoleados por la hambruna y por la curiosidad culinaria, hacemos platos comunes que fomentan nuestra convivencia adems de nuestros buenos hbitos alimenticios, por ejemplo, recuerdo aquel marmitako en el que los cuatro en comando nos lanzamos al mercado en busca de la mejor calidad y la mayor frescura, en el que la maana se pas de buen rollo, cortando, sofriendo, cociendo, limpiando y dando buena cuenta de un gran plato.
Ahora s que el ajo, el rey de la cocina, se pela ms fcil si le das un golpe previo aplastndolo con el cuchillo o que a muchos guisos hay que echarles la sal al final para que no resequen, o que a los pimientos hay que quitarles unas hebras blancas que son agrias, que con la escarola pega lo dulce y que la cantidad medida a ojo, muchas veces es lo mejor.
Cuntenme sus platos preferidos! (no me digan que la compota de manzana), sus trucos culinarios, ese secreto que slo conocen su abuela y usted, sus intrigas de encimera y tabla de cortar. Ensenme lo que comen, que sabr quienes son.
III

Roy era el pequeo de los Stokes. Los Stokes ya vivan en la calle St. James un ao antes de que los Kessler se mudaran a la casa del otro lado de la calle. Ambas parejas trabaron una buena amistad desde que se conocieron en la cena de bienvenida que la parroquia organizaba para los nuevos vecinos que llegaban a la comunidad.
A diferencia de los Kessler, los Stokes si dorman en la misma cama y practicaban el coito al menos una vez a la semana, pero al igual que Loretta, la madre de Roy tampoco haba experimentado nunca un orgasmo en ms de treinta aos de matrimonio.
Roy era un quinceaero un poco obeso. Estaba completamente enamorado de Laura Findley, una compaera del colegio, pero esta no le haca el menor caso. A Roy no le gustaban las manzanas y tampoco le gustaban los Kessler, – siempre haciendo visitas con sus estpidas compotas -. Una vez John Kessler le dijo que debera hacer algo ms de ejercicio para bajar esos kilos de ms y desde entonces su madre se empe en que hiciera dieta. Casi poda imaginarse a – la mosquita muerta – de Loretta Kessler aconsejando a su madre sobre como cocinar algn brebaje de espinacas que l tanto detestaba.
Entre polucin nocturna y polucin nocturna cuanto le gustaban los rizos rubios de Laura , a veces Roy sufra pesadillas. Recordaba una en la que su madre trataba de introducirle obsesivamente grandes cucharadas de pur de espinacas, mientras, sentada en el sof, al otro lado del saln, Laura Findley se rea a carcajadas de l, y sealndole con el dedo, gritaba entre risas – y t pretendes que yo me fije en ti, gordo intil, si hasta tienen que darte de comer -, y su voz iba ganando en desprecio a medida que repeta la frase una y otra vez.
Cuando su madre introduca la ltima cucharada de pur en su boca, Loretta Kessler irrumpa en el saln con un gran frasco y le deca con su voz melosa y de postre te he trado un poco de compota cocinada con nuestras mejores manzanas, ya sabes que John cuida muy bien de nuestros manzanos -. Era entonces cuando a travs de la ventana del saln, Roy poda ver al seor Kessler en mitad de su jardn. Llevaba puesta su sudadera gris de hacer footing y esta tena cercos hmedos de sudor. Sujetaba una gran pala con su brazo derecho, y lo miraba fijamente a los ojos como nadie nunca lo haba mirado, con odio, con verdadero y terrible odio. Pero lo que realmente asustaba a Roy, de una manera irracional, era que detrs del seor Kessler estaban sus manzanos, pero en estos, no maduraban manzanas verdes, sino que lo hacan crneos humanos que parecan sonrer.
quires conocer a Loretta Kessler?
quires conocer a John Kessler?
quires conocer a Laura Findley?
II

Todos los vecinos de la calle St. James tenan manzanos en su jardn. Cuando los manzanos florecan para la primavera lo iluminaban todo con sus flores blancas. Ms tarde, llegado el otoo las flores se convertan en enormes manzanas de piel verde, ligeramente moteada, que vencan a las ramas con su peso, amenazando incluso con partirlas.
A John le encantaba la compota de manzana que preparaba Loretta, y pareca ser que a todo el mundo, puesto que la compota de manzana de Loretta haba sido premiada por cinco aos consecutivos en el concurso benfico que organizaba la parroquia. Loretta ruborizada, se quitaba mritos cuando responda a las felicitaciones y cumplidos con tmidos el secreto est en como mima John a los manzanos y relucientes sonrisas complacientes.
John Kessler tena cincuenta y cinco aos. Era bastante corpulento y se mantena en buena forma. No beba, no fumaba y practicaba footing a diario. Haca dos aos que haba dejado de trabajar en la corporacin y llevaba una vida saludable y tranquila. Muchas noches, cuando Loretta dorma en la cama contigua john se levantaba, bajaba al garaje a buscar sus herramientas, montaba en su coche y conduca hasta el downtown. Recorra las avenidas iluminadas y sus calles perpendiculares menos iluminadas. Buscaba con paciencia, tras los cubos de basura, entre los cartones, en los soportales. John saba bien donde buscar, donde encontrarlos. Tambin saba que los mejores eran los que dorman o yacan borrachos, los que nunca gritaban.
Cuando Loretta se despertaba sobre las ocho y encontraba a John levantado le daba los buenos das, le comentaba su extraeza al verlo despierto tan temprano y preparaba huevos, tocino, pan tostado y zumo.
quires conocer a otros vecinos de la calle St. James?
quieres conocer a Loretta Kessler?