Puedo ver a un ejercito de antenas y pararrayos que danza lgubremente sobre la ciudad, como los quebradizos esqueletos de rboles quemados, como raquticos y ojerosos soldados que vuelven derrotados de una dura campaa invernal. Si uniera con lneas rectas imaginarias todas las cabezas alargadas y delgadas creara una constelacin de ondas de figura imposible y de nombre inimaginable. De entre todos los soldados destaca uno, una veleta altiva y orgullosa que marca la direccin hacia donde se dirige el destino de todos ellos.
Me gustara ser golondrina para volar y volar sobre los tejados en verano, posarme en el alfeizar de tu ventana y espiarte mientras te cambias de ropa para ponerte ms fresquita, volara y volara espindote y soltara mis cagarrutas en el tendedero de los dos dementes esos que viven en la calle Magdalena.

Tras infinitos hachazos infructuosos logr abrir una pequea grieta de la que comenz a rezumar la oscura sangre, se abalanz con ansia soltando el hacha y pegando sus labios secos y agrietados al tronco, absorbiendo a pleno pulmn y tragando no sin nauseas el agrio y pestilente lquido.
Era la primera vez que lo haca, se haba jurado el atravesar aquel maldito bosque sin probar el nico alimento pestilente que este le ofreca, pero el hambre, la sed y la fatiga pudieron con el.
Al momento de absorber por ltima vez una fuerte quemazn arras su esfago y le hizo caer al suelo de rodillas, nauseabundo, vomitando hojas negras empapadas en sangre, su sangre.
Cay al suelo boca arriba retorcindose de dolor, buscando el aire que le comenzaba a escasear y sujetndose el estmago abrasado cuando noto como algo le parta las costillas y el esternn empujando desde dentro. No sin agnico dolor pudo ver como de su pecho brotaba un nuevo tronco negro que se iba alzando con rapidez hacia el cielo desplegando ramas y hojas. Sinti como conforme un nuevo rbol maldito iba creciendo en el bosque del destierro se le iba escapando a el su miserable existencia.
La historia comienza en Bosques

Condenado, rechazado y humillado en el ms sucio y bajo humilladero, escupido por lo ya anteriormente humillado. Condenado a destierro y rechazo, a vagar solo e incomunicado bajo riesgo de misma pena para aquel que ose. A vagar por un bosque donde nadie entra y del que no hay retorno.
Hacha de filo mellado como nico aliado y savia amarga, amarga y negra como nico alimento, la savia amarga del rencor, la savia negra del odio. Gotas de savia arrancadas a las cortezas callosas con sudor, el sudor fro, el sudor de la resaca, el glido olor a sudor de una muerte que acecha y que viene con saa.
La historia continua en Bosques, uno ms
Comenz a acariciar uno de sus brazos lentamente, luego su espalda hasta que su mano qued enredada en su pelo, ella lanz un prolongado suspiro y relaj su abrazo.
Zarande suavemente su hombro desnudo con la intencin de despertarla pero pens en que sera mejor dejarla dormir, incluso que durmiera para siempre, as no tendra que volver a mirar esos ojos que la hechizaran de nuevo, porque eso lo saba con certeza.
Se zaf haciendo un escorzo al levantar dejndola tendida en el suelo, dormida, comenzando a disfrutar con la visin de verla despertar sola.
Cerr la puerta tras de si y se fue a buscarle.
La historia comienza en Sudor

Cuenta la leyenda que Coicoi-vilu, diosa de las aguas, trat de anegar los valles, pero cuando las gentes estaban cerca de perecer ahogadas. Tetn-vilu, diosa de la tierra, corri en su auxilio convirtiendo en aves a las gentes para que pudieran elevarse sobre las aguas.
La diosa de la tierra se impuso a la de la aguas en una gran lucha pero el dao ya estaba producido y los valles anegados, las cordilleras que lograron quedar en la superficie son las que hoy forman el Archipilago de Chilo.
Esta y otras leyendas como la de La Pincoya realmente me fascinan y no puedo dejar de leerlas una y otra vez.
La Pincoya, dama que viste con vestidos de algas y luce una larga cabellera rubia, se sumi en un llanto desesperado cuando era pequea convirtindose en agua. Su madre la arroj al ocano donde creci.
La Pincoya se dedica a bailar en las playas lanzando seales a los pescadores, si baila mirando hacia el mar es seal de abundancia de pesca y prosperidad, en cambio si lo hace mirando hacia tierra firme es sinnimo de escasez para el futuro.
Me gustara conocer todas las leyendas del mundo de la boca del contador de cuentos ms anciano, en invierno, junto al fuego de una cabaa rodeada de nieve.

Se despert con un dolor de cuello terrible y con ella abrazada fuertemente a su cintura, su rostro descansaba sobre sus pechos, tras el aturdimiento inicial record como haba llegado hasta all.
Se qued mirndola, mir su pelo, su cuello que tanto la atraa, su barbilla suave, sus ojos cerrados y se pregunt como algo tan precioso era capaz de producir tanto dolor.
Continua en Sudor, final.

Estoy jodidamente intrigado y ansioso por conocer a la persona o personas que entran casi todos los das al frasco desde Basilea, Suiza. Me hara una ilusin tremenda que dejaran un saludito en los comentarios ya que creo que nunca coment o comentaron.
En fin que intrigado e incitado por mis estadsticas y los visitantes suizos investigu un poco sobre Basilea y encontr dos enlaces muy majillos:
El primero una pgina con webcams repartidas por toda la ciudad, que es muy bonita por cierto.
El segundo un pequeo reportaje fotogrfico en blanco y negro titulado Nackt in Basel.
Sac las llaves y abri la puerta temerosa de lo que iba a encontrar, avanz lentamente por el angosto y sofocante pasillo, encogida, notando un punzn clavado en las entraas dispuesto a rasgar su interior.
Entr en la habitacin y la encontr arrodillada en la cama, sollozando con los ojos hinchados, el pelo revuelto y pegado a su rostro por el sudor, desnuda, robada y engaada.
– Porqu me haces esto? – No me dejes sola, no te vayas… – Porqu?Se sent apoyando la espalda en el marco de la puerta, rompiendo a llorar, sintiendo el punzn, no asimilando, mirando fijamente la pared, ella se levant de la cama y se abalanz sobre su cuerpo abrazndola besando su rostro, su cabeza, sus manos, empapndola en su sudor y marcando su piel con el semen que aun chorreaba de su sexo.
– No me dejes sola, no te vayas…Continua en Sudor, quintas partes.
Temblad hijos de puta, temblad...