Hay que estar gilipollas.
Hay que estar muy gilipollas.
Hay que estar tremendamente gilipollas, para sentirse orgulloso de un telfono mvil.
Recibo tantos correos electrnicos de personas dicindome que me alargue el pene que me estoy empezando a acomplejar.
Se haban citado en una cafetera del centro, la tarde era bastante fra y ella haba sacrificado abrigo y calor por descaro en su atuendo, entr medio congelada y se saludaron como dos boxeadores nada ms comenzar un combate, tantendose con mucho respeto, guardando las distancias.
Tras un caf con leche ella y un caf solo el, iniciaron una charla anodina, hasta que por fin ella, a punto ya de perder la paciencia, puso las cartas sobre la mesa.
El – a qu cojones viene eso? No te entiendo.
Ella – Ese es tu problema, nunca entiendes nada.
El – Con Sofa me entiendo perfectamente.
Ella – intentas humillarme? es eso? siempre te gust hacerlo verdad?
El – Sobre todo en la cama.
Ella – Escchame bastardo, que te jodan entiendes, olvdame, para esto me has llamado?
El – Y bien que has venido, generosa de escote adems.
Ella – Me das pena. qu quieres? follar? me has llamado para eso? No me lo puedo creer.
El – No seas hipcrita, has venido para eso.
Ella – Te equivocaste con Sofa y ahora me vienes a llorar, ya te has aburrido de ella? ya se te ha roto el juguetito.
el?
Una vez en su cntrico apartamento, se sent a oscuras en el suelo del saln de cara a uno de los ventanales, encendi un cigarrillo y observ las luces de la gran ciudad desde su privilegiada posicin. Siempre haca lo mismo cuando necesita analizar las situaciones complicadas, y esta, sin duda, lo era.
Gregorio tena dos cosas claras que condicionaran cualquier futura decisin. La primera era que, gracias a su error de principiante, la polica habra encontrado ya sus huellas en la cerradura del coche, con lo que sera el sospechoso nmero uno del posible homicidio. La segunda, que ya haba vencido el plazo y todava no tena el documento que le servira de seguro de vida cuando llegara la hora de enfrentarse a los sicarios portugueses.

Estoy cansada, vieja. El tiempo me ha desgastado tanto que ya no me reconozco las arrugas. Mi entorno, entonces vergel, se ha convertido en tierra yerma donde el aire abrasa los pulmones. Me siento a meditar, a esperar una muerte que no llega ms que a cortas bocanadas. Mi pecho estril llora: no ha sido capaz de amamantar al hijo, un hijo que ahora yace muerto en la memoria.
Cesar de Grado
Les contar la historia de un viajero y de un viaje que nunca se produjo. Todava lo recuerdo a la perfeccin, de pie en mitad del andn, empapado por la lluvia otoal, con esa mirada al frente, fija en un punto, perdida. Imagino que repasaba el contenido de su maleta aunque, no podra afirmarlo con certeza ya que cuando finalmente abandon la estacin tuve la sensacin de que estaba vaca. Lo digo, no porque intente presumir de ser persona con dotes de adivino, sino porque yo mismo llev su maleta hasta uno de los taxis que esperan aparcados en la entrada principal, y la verdad, pesaba bastante poco para ser una maleta tan grande.
Una vez el taxi arranc me qued mirando como se alejaba, y no pude evitar el invertir el resto del da en preguntarme los motivos por los cuales un viajero, con una maleta vaca, poda pasar varias horas esperando en un andn y abandonarlo minutos antes de que llegara el tren.
Algunas veces, como en esta ocasin, me vuelve a asaltar la curiosidad, y lo cierto es, que me entretengo bastante haciendo mis conjeturas al respecto, aunque he de decirles que durante todos estos aos que han transcurrido desde entonces, ninguna de las teoras que formul sobre el enigmtico viajero me han satisfecho del todo. Se lo cuento a ustedes debido a que tengo la esperanza de que alguien me ayude a desvelar semejante misterio, aunque si les soy sincero, ya casi perd la esperanza.
Pese a que todo individuo tiene das malos e incluso algunos somos de naturaleza ms arisca, a la inmensa mayora nos gusta lucir una sonrisa, gran icono de esa felicidad que siempre buscamos, esa que nos abre puertas, que se escucha a travs del telfono, esa que lamentablemente reservamos para unos pocos allegados. Y es que debe ser que ahora no sonremos por la sencilla razn de que nos avergenza mostrar nuestras dentaduras amarillentas, impregnadas de alquitrn, refugio de mens del da precocinados, para divertimento de los expertos del palillo y negocio de los fabricantes. Obtener una sonrisa sale caro en estos das, impagable, si hablamos de una amarillenta. Un servidor se quita el sombrero y la capa, si hace falta, ante aquellas personas que las regalan a cientos, ya que, seores, podemos mostrar los dientes de dos maneras bien distintas, y una de ellas, por desgracia la que menos abunda, es sonriendo.
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eTandem es una iniciativa cuyo objetivo es despertar el inters del mayor nmero posible de ciudadanos europeos por el aprendizaje nuevos idiomas apoyndose en las posibilidades de las nuevas tecnologas.
Si quieres aprender francs y encuentras a un francs que quiera aprender espaol, os ponis en contacto, decids la manera de mantener el intercambio (va mail, videoconferencia, seales de humo, etc.) y ya tienes tu eTandem montado. La oferta de idiomas que se le brinda a los hispano-hablantes es sorprendentemente amplia.
Considero que puede ser un gran complemento para ejercitar un idioma pero tengo mis dudas serias de su efectividad como nico elemento de aprendizaje, aun as creo que la experiencia puede ser bastante enriquecedora y divertida para ambos.
Las necesidades del hombre son muchsimas y de gran complejidad. Comprenden las necesidades fisiolgicas bsicas de alimento, vestido, calor y seguridad; las necesidades sociales de pertenencia a un grupo, influencia y afecto; las necesidades individuales de conocimiento y expresin de si mismo (autoexpresin). Ninguna de ellas es fruto de la publicidad o propaganda, sino que constituye parte esencial de la naturaleza humana.
Cuando una necesidad no se satisface, la persona experimenta privacin y se siente triste. Cuanto ms importante sea para ella una necesidad, ms intensos sern esos sentimientos. El que pasa por ese estado de insatisfaccin tiene dos opciones: buscar un objeto que cubra su necesidad o tratar de extinguirla. Los que viven en pases industrializados procuran encontrar o crear objetos con los cuales atender a sus necesidades. En cambio, los que habitan en pases pobres optan por cubrir sus necesidades con lo que est a su alcance.
Philip Kotler
Fundamentos de Mercadotecnia
los pobres optan a algo? alguien es capaz de extinguir su necesidad de comer? no deberamos pensar en cambiar los fundamentos de la mercadotcnia?
Con bastante regocijo y un poquito de mala idea reciba a los chavalitos con ojos saltones y expresin demente, estos, en cuclillas, lo miraban absortos desde la primera fila lejos de las manos inquisidoras de los padres. Mantena atenta a la parroquia ataviado con tan slo un pantaln vaquero corto y algo sucio, descalzo y con un raqueta de tenis descordada en su mano izquierda. Cuando los murmullos iniciales se apagaron decidi comenzar el show. Estiro sus brazos, arque la espalda, realiz unos cuantos movimientos circulares con la cabeza y acto seguido, colg de su hombro izquierdo la raqueta con el mango hacia abajo, como si de un bolso se tratara, respiro hondo, expuls el aire sonoramente y sin sacar el brazo izquierdo introdujo su cabeza por el aro de madera desgastada quedando la raqueta prendida entre su cuello y su sobaco izquierdo. Exigi el aplauso, esto lo hacen muy pocos, deca su expresin. Comenz a trazar enrgicos crculos con su brazo derecho y detenindolo bruscamente aferr el aro de madera con el izquierdo tirando de la raqueta hacia delante de tal manera que logr un mnimo espacio para, no sin encoger los hombros, meter el brazo superando el gran escollo que supona el codo con bastante esfuerzo. Volvi a exigir el aplauso y se aplaudi el mismo con la raqueta encajada bajo sus sobacos. Esto si que lo hacen realmente muy pocos deca su mueca de dolor. Por ltimo, apoy su codo izquierdo en el mango de la raqueta para empujarla hacia abajo, se ayudo tambin con su mano derecha agarrando el marco de madera a la altura de su esternn. Tras varios intentos fallidos y dolorosos que levantaron el murmullo de un pblico cada vez ms preocupado por la suerte del tenista, este, metiendo tripa y efectuando imposibles convulsiones logr abrocharse la raqueta a modo de cinturn quedando esta bastante encajada en su cintura. Volvi a exigir el aplauso, esta vez un poquito ms aliviado, incluso hizo el gamberro haciendo como que bailaba el hula-hop hasta que, en uno de los giros imaginarios y en medio de las carcajadas del pblico, logr superar su cintura y la raqueta descendi por sus piernas hasta llegar al suelo. Un aplauso por favor. Y la gente aplaudi a reventar, olvidando entre aplauso y aplauso echar unas monedas a la bolsita del tenista. Apenas reuni para un bocadillo.