Ocurre en ocasiones que mientras estoy leyendo un libro, ya por la noche metido en cama, con tan solo la lmpara de la mesilla encendida, me sorprendo pensando en mis cosas a la vez que leo. Ayer por la noche sin ir ms lejos, me sorprend pensando en que hara el fin de semana mientras el libro me narraba las desventuras de un aficionado a la fotografa y entonces mientras que el fotgrafo intentaba fotografiar a una pareja junto al Sena yo pensaba, a la par que lea, en lo bien que me sentara un descanso, en la pareja junto al Sena y en porqu estara yo pensando en lo bien que me sentara un descanso cuando en lo que realmente debera de pensar era en la pareja junto al Sena. As que cerr el libro lamentando el haberle sido infiel (en parte) durante unos prrafos, apagu la luz dispuesto a zanjar mis asuntos del fin de semana y relegando el libro hasta otro momento. Me recost en la cama y me tap bien con el edredn, cerr los ojos y comenc a barajar mis opciones de ocio y descanso. Al rato de darle vueltas al asunto decid que lo que ms me apeteca era ir a conocer Pars y dar un paseo por la orilla del Sena, imaginar al fotgrafo del libro y a la pareja besndose en un banco, pero que como ando un poco escaso de dinero, lo mejor sera quedarme en casa en plan tranquilo, montar alguna cena con los amigos e intentar terminar el libro, que por cierto, me est gustando bastante.
Generalmente visto siempre igual por lo que si describiera mi vestuario en invierno conoceran tambin el de verano, que no es ms que lo que est debajo de la lana y el abrigo en los meses de fro, por cierto, que ya comienzan aqu donde vivo. El vestir siempre igual tiene sus ventajas, no tienes que pensar que es lo que te vas a poner, aunque si analizan framente el asunto, eliminando ciertos matices como la moda y las tendencias del momento, todos nos vestimos igual, de dentro a afuera, salvo que alguno sea capaz de ponerse los calzoncillos despus de ponerse los pantalones (que hay gente para todo). Podramos decir que todos nos ponemos las mismas prendas interiores, la capa ms ntima, la que es rosita o picante, o con elefantitos o con Homers Simpson. Luego vendran las prendas que nos ocultan de cintura para abajo y luego las prendas que nos ocultan de cintura para arriba. Todos igual. Luego adele luz y color y sobre todo un amplsimo margen comercial y tendrs moda, fashion! Petra Porter! (y su puta madre). Pero hay otra moda compuesta por todas esas prendas que no se ven pero que tambin nos ponemos todas las maanas, las capas invisibles de la cebolla, la que no se encuentra en las rebajas, que tambin nos viste pero nos viste otras cosas. Viste nuestros miedos e inseguridades, nuestras frustraciones, nos hace opacos al resto, completamente inaccesibles, es la moda que viste al mamfero que todos llevamos dentro, un mamfero que nunca se desnuda completamente.
Hace unos das ya, que llovi por primera vez tras el verano en Madrid. Y fue como cuando suena el despertador por las maanas, como una alarma o un indicador de peligro. La gente andaba apresurada por la calle, encogida, buscando refugio debajo de los toldos y portales, huyendo de las cuatro gotas de agua que mal caan del cielo, pareca que el lquido elemento abrasara la piel de los viandantes como si de cido se tratara. He salido de casa direccin al metro y al llegar a la bocana me ha sorprendido una avalancha de gente muy nerviosa que se lanzaba escaleras arriba abriendo paraguas cortantes y dando empujones, pareca la puerta por dnde entran los mozos a las plazas de toros en los encierros; con los toros detrs. Pero si son cuatro gotas, he pensado, el da que llueva de verdad o que llegue el invierno no les quedar energa para buscar refugio. A duras penas he logrado introducirme en el tnel iluminado y la temperatura ha subido por lo menos cinco grados, y conforme he ido avanzando hacia las entraas de la tierra me he dado cuenta de que las personas que iban direccin a la salida estaban mucho ms relajas que las que he visto en la calle huyendo, o las que se peleaban por salir. Al girar por un pasillo casi he chocado con una chica que ha estornudado sonoramente, y al dejarla atrs una vez superado el recodo he dicho Jess en voz alta pensando para mi: pobre chica, si tu supieras la que te espera ah afuera.
Ya est la mudanza acabada, bueno, me falta traducir algunas cosillas y deshacer algunas cajas pero bsicamente est todo como estaba antes pero en otra casa y con otro sistema. Naci una nueva categora llamada Huerfanitos que es donde fueron a parar aquellos post que no estaban en ninguna de las categoras de siempre. Hay un nuevo calendario navegable en el fondo del archivo, una especie de almacn del tiempo con enlaces a das pasados marcados en negrita, y hay unas cuantas imgenes que se perdieron para siempre y han sido sustituidas por interrogantes azules o cruces rojas.
En estos das el blog de Caramelo cumpli un aito, (corran a felicitarla!) yo me enter hoy mismo y me hizo recordar que tambin el frasco cumple aos, dos aos.
Lo celebraremos con una mudanza ms que necesaria y con algunos cambios en la decoracin por lo que es posible que durante algn tiempo (poquito) deje de funcionar como tiene que funcionar.
Agradecer a los que leen, comentan, participan y critican.
Vamos a por el tercero!
El otro da tom caf con una amiga. Estbamos sentados en una mesa junto al ventanal y podamos ver la calle al igual que la calle poda vernos a nosotros. Era como un escaparate animado en el que dos maniques se llevaran las tazas a la boca entre cigarro y cigarro, dejndose llevar por la charla tranquila y en confianza mientras al otro lado del cristal la gente pasaba mirando framente, ajena, sealando de vez en cuando esos ojos azules que no se rebajan, intentando oler a travs del cristal el aroma del caf y la charla, deseando esa intimidad serena que no se encuentra en las tiendas normales. En la acera de enfrente haba una tienda de animales con un perro encerrado en el escaparate mirando la calle con ojos traviesos, araando continuamente los cristales y revolcndose en su crcel de cristal. Todo termin cuando la tienda de animales cerr bajando una estridente y oxidada persiana metlica.
Vuelve a sonar el despertador y lo apago una y mil veces para apurar hasta el ultimo segundo bajo el edredn, no quiero salir pero salgo y el suelo est jodidamente fro, me ducho con el agua bien caliente y salgo a la carrera para no llegar tarde; ya estamos con las prisas otra vez, con los coches, con los pitos, con la chica que reparte sonriente el diario gratuito, con los fluorescentes de la oficina, con las maanas de cafena, con los hazme esto, con los te ha llamado tal, con el ordenador que se cuelga cada dos por tres, con la mierda del acrobat que no me abre los pdf, con la siempre baja productividad, con las reuniones que nunca sirven para nada, buscando una cosa que se llama ventaja competitiva, que no existe, que no es real, una especie de el dorado moderno, debe ser que la mierda, ahora brilla.
La pared es de baldosines blancos aunque se acercan peligrosamente a ese amarillo sucio en el que se tiene la sensacin que puedes quedarse pegado tan solo con rozarlo. La bombilla cae del techo como una fruta picoteada por los pjaros colgando solitaria de una rama raqutica, su escasa luz se asocia con la sensacin de suciedad de las baldosas amplificndola. Encima del retrete, a la altura de los ojos del incauto, se abre un grotesco boquete en la pared, como un rosario oscuro protegido por una rejilla negra de la que cuelgan despojos de papel higinico y una pelusa gris que se adhiere al metal como los mejillones a las bateas. A travs de la rejilla entra el nico aire fresco, procedente de algn patio o galera interior seguramente morado por oscuros habitantes de mirada fija y amenazante, de esas miradas que emiten destellos de luz al deslumbrarlas.
Se accede al interior a travs de una puerta de madera cargada de mensajes, pintadas, mujeres desnudas, genitales e insultos variados, todo ello garabateado apresuradamente. La puerta se abre hacia adentro, por lo que una vez se introduce el incauto e intenta cerrar para obtener la intimidad necesaria, comienza una especie de danza fruto de los intentos en vano por esquivar los charcos del suelo sin entrar en contacto con la taza del retrete o con alguna de las paredes, empujando suavemente la puerta con un nico dedo, como en un vals en el que se girara y se girara junto a una frgil princesa apenas rozando en suelo.
Vivo en un primero, en un cruce de calles bastante transitado, justo encima de una parada de autobs y de un semforo. Ya no me pongo el despertador antes de acostarme porque s que sobre las seis de la maana, cuando el trfico comience a circular por la urbe, algn conductor estresado pitar y me despertar. Adems todava no he descubierto el motivo, pero debe de haber una extraa conexin entre el asfalto de la calle y mi persiana metlica, lo que provoca una sonora vibracin de esta justo cuando los coches estn parados con sus motores en marcha; es como si todo mi cuarto vibrara.
Un poco ms tarde, en el trabajo, tengo la increble suerte de ocupar el puesto ms cercano al cuarto del servidor (ordenador que sirve). El servidor es bastante ms considerado que los coches y autobuses, su sonido es mucho ms sutil y el zumbido constante de su ventilador me acompaa durante las ocho horas que dura mi jornada de trabajo. Adems, por desgracia, el edificio que alberga las oficinas de mi empresa no pas la inspeccin tcnica de edificios (gajes de estar por el centro) y desde hace aproximadamente un mes una cuadrilla de albailes ha montado sendos andamiajes en los patios interiores, y han martilleado, taladrado, picado, soldado y utilizado la radial (sera radiado?), esa sierra que sirve para cortar metal, que suelta chispas y que provoca un ruido ms que estridente.
Aparte de los ruidos normales de toda obra debo destacar que entre la cuadrilla de albailes que trabaja en el patio pequeo, se encuentra, sin duda, el nuevo Bustamante, y de vez en cuando, nos deleita con alguna coplilla popular. Luego esta un tal Rafa al que, al menos, llaman a gritos unas veinte veces diarias. El otro da, a este Rafa, se le ocurri picar en una pared sin avisar al que estaba trabajando debajo suyo y la bronca fue de rdago; narro literalmente:
– Rafaaaaa, joder!, me cago en san Dios!, es que no ves que estoy aqu debajo cacho cabrn?, que me voy a cagar en tus putos muertos que me vas a descalabrar que me ha cado un cascote en la cabeza cabrn!.Ya en casa, me meto en la cama dispuesto a descansar, todo es silencio y tranquilidad (salvo algn coche afuera o la televisin de los vecinos chinos de abajo), y justo en esos dulces momentos en los que me abrazo a la almohada, en que me regodeo en mi dicha ante la perspectiva de seis o siete horas de sueo reparador, justo cuando estoy descendiendo y descendiendo a las profundidades de ese mar de aguas clidas, cuyas olas mecen mi cama y cuyas brisas me susurran hipnticas nanas al odo, justo en ese momento, es cuando los servicios municipales de limpieza pasan recogiendo los cubos de basura de toda mi calle. Debajo de mi ventana hay tambin unos cuantos cubos de basura.
Imagnate estropear la perfeccin de un cuadrado, moldear su rigidez hasta darle la forma que queramos, robarle un punto y encoger uno de sus trazos negros hasta convertirlo en un tringulo, y jugar con sus ngulos, hacerlo obtuso y escaleno, estirar uno de sus puntos hasta llevarlo lejos, hasta casi romper los trazos, formando un pasillo de paredes vibrantes, como las cuerdas de un contrabajo, y danzar pasillo arriba con la cadencia de un jazz endiabladamente rpido hasta formar un cuadrado otra vez, pero ahora encontrarnos encerrados en el, ser perfectos y cabales aplastados en nuestro pequeo plano, sentaditos en algn ngulo recto, formando parte de un sencillo metro cuadrado que al multiplicarse consigo mismo formara nuevos espacios geomtricos, nuevas formas libres y a la vez prisioneras de sus lmites.