Lleg tarde a su barrio y comenz a dar vueltas y vueltas para encontrar un sitio en prohibido, lo nico que podra encontrar a esas horas para aparcar su coche kilmetro cero recin estrenado, encontr por fin un hueco en el que entrara muy justo, pero decidi arriesgarse a rozar o golpear el coche con tal de llegar a casa de una vez por todas. Detuvo el coche y puso el intermitente sealando debidamente la maniobra, no fuera a ser que algn oportunista se le adelantase, acab-tick de-tuck esparcir-tick su-tuck orina-tick por-tuck el-tick aparcamiento-tuck y planific la maniobra, esta no era para nada sencilla, el hueco se encontraba cercano a la interseccin de dos calles y haba otro vehculo aparcado justo en la curva por lo que sobresala de manera amenazante. Record las clases prcticas que recibi en la autoescuela y se coloc en paralelo al coche de delante del hueco con su maletero a la altura de la mitad del otro coche, un Ford Sierra tuneado muy macarra; no quisiera rellenar un parte con el dueo de este coche pens mientras introduca la marcha atrs y comenzaba a girar el volante hacia la derecha para ir cuadrando el coche en el hueco, a los pocos segundos descubri que no iba ser posible aparcarlo a la primera, tendra que maniobrar, meti la primera y fue soltando el embrague poco a poco, deba hacer avanzar el coche medio metro como mucho y girar el volante levemente a la derecha, lo hizo, volvi a introducir la marcha atrs y estir su espalda y su cuello todo lo que pudo y le permiti el cinturn de seguridad, como si de un pavo real se tratar, para percatarse de que el morro del coche no rozara con el Ford Macarra cuando girara de nuevo a la derecha para rpidamente hacerlo a la izquierda, lo hizo aunque no fue suficiente, tuvo que repetir la maniobra adelante y atrs, adelante y atrs unas tres veces ms hasta que logr encajar el coche en el hueco, cuando lo consigui se sinti agotado pese a la direccin asistida, quizs por los momentos tensos y el miedo al golpe inoportuno. Extrajo el frontal de su radio y lo introdujo en la funda, se cercior de que la tarjeta de residente era visible, comprob que no dejaba nada olvidado y finalmente sali del coche cerrando con el mando y comprobando el mismo que su puerta no se abra, sin fiarse del pitido de aviso de la alarma y el destello anaranjado de los intermitentes; posiblemente el gesto de mayor aprecio de un dueo por su coche, como el beso que una madre da a su hijo por la noche antes de acostar. Cuando baj a la maana siguiente para ir a trabajar su coche no estaba, se lo haba llevado la gra, o algo peor.
El gusano amarillo morda la tierra mecnicamente, primero clavaba sus cuatro colmillos idnticos y con un movimiento brusco de su cabeza desgarraba una porcin de arena y piedras que retena entre sus fauces hasta que, girando sobre si mismo, vomitaba todo en la gran caja metlica que arrastraba a sus espaldas. Era slo parte de aquella gran grieta que estaba abrindose en el suelo, y que comenzaba a rellenarse con cables, tubos, rejillas de metal, vigas, y cientos de personas que vistas desde el sexto piso no parecan ms que hormigas obreras que laboriosamente, aunque bastante ms desorganizadas que las reales, excavaban poco a poco su hormiguero. Iban ya ms de seis meses de obra y Aitor se despertaba todos los das con sus ruidos, sonaban las sirenas, los taladros y se escuchaban los gritos apagados de las hormigas, y de vez en cuando el motor de alguna de las mquinas haca que los cristales de toda la casa vibraran, pareca como si los tabiques y las ventanas de su cuarto desearan bajar a sacar tierra tambin.
La ojeras de la madre de Aitor eran igual de negras y profundas que el boquete que estaba excavando la empresa constructora, eran los cimientos de un enorme centro cultural y social, todo muy bonito y beneficioso para el barrio. El idealismo del poltico cuando anuncian este tipo de cosas a bombo y platillo nunca deja espacio para aquellos que de verdad las disfrutan desde antes incluso de que se corte la protocolaria cinta roja. Es el precio que tienen las cosas y si nadie lo pagara, nunca se hara nada, no se avanzara. La madre de Aitor estaba muy preocupada, tema que el continuo ruido afectara a su hijo tanto como a ella; pero lo que no saba era que Aitor se senta muy contento asomndose a la ventana para ver a las hormigas manejar sus taladros y ver como los gusanos amarillos se coman la tierra, y que esa misma maana, en el colegio del barrio donde estudiaban los nios de la mayora de los vecinos de la zona, la profesora les haba pedido escribir una redaccin explicando qu es lo que queran ser de mayores, y que Aitor, haba escrito ilusionado que le gustara construir hormigueros y taladrar la tierra, y tener un mono azul y un casco para ver de cerca a los gusanos amarillos que hacan vibrar las paredes de su cuarto.
Todo el mundo tiene un lado malo, si pones empeo lo terminas viendo. Lo que pasa que hay veces que tratamos de esconderlo y otras veces no.
Hoy fui a una de esas tiendas con horarios adaptados para urbanitas que trabajan mucho y no tienen tiempo de ir a los mercados tradicionales. Estas tiendas abren ms tiempo y venden ms caro, son perfectas para preparar cenas de urgencia y comprar detalles de urgencia si vas de rebote a alguna celebracin.
He comprado dos litros de leche y unos aperitivos, estos ltimos de una manera completamente impulsiva, y me he dirigido a la caja por uno de los pasillos. De los pasillos a las cajas habr cerca de unos diez metros y un par de gndolas con turrones. Justo al salir de entre los dos lineales una chica ha salido del pasillo paralelo cargada con uno de estos paquetes de plstico con cinco lonchas de jamn cocido de plstico y una barra de pan, iba direccin a la caja tambin y nos hemos mirado a los ojos, luego ella ha desviado su mirada hacia mi cesta y ha acelerado el paso para colocarse en la caja antes que yo.
Ha pagado su compra, la cajera le ha colgado su medalla de oro y ha salido de la tienda con paso tranquilo y victorioso, yo en cambio me he sentido muy frustrado cuando la cajera me colgaba mi medalla de plata, me ha mirado con compasin y me ha dicho un muchas gracias buenas noches que a mi me ha sonado como un lo siento chaval, otra vez ser.
Mi abuela vive en medio del campo rodeada de chopos, en otoo, los chopos sueltan todas las hojas poco a poco, y para cuando comienza el invierno, los chopos son como esqueletos, como el esquema del rbol que fue en primavera.
Antes de que hayan cado todas las hojas, mi abuela comienza a barrerlas y las junta en un montn para luego tirarlas, es como si quisiera borrar el otoo. Y desde hace muchos otoos tenemos siempre la misma conversacin.
Yo la pregunto, – Abuela, porqu barres las hojas, no ves que van a seguir cayendo?
Y ella siempre me contesta, – bueno, las que barra ahora, ya las tengo barridas.
Se aceptan moralejas.
Soy el nico fumador en mi casa y siempre que quiero fumar intento hacerlo en una pequea terraza acristalada. Es la salita de fumar, o la pecera. Muchas de las cosas que escribo para el frasco las escribo en la salita, al final del da cuando todos se acostaron, me siento en la pecera a oscuras y escribo, o al menos lo intento. Anoche, como otras muchas, me fui con el porttil a la salita dispuesto a escribir un post otoal, abr un nuevo documento de Word, y apareci la temida hoja vaca, ese rectngulo a veces abismal, el desierto blanco. Entonces encend un cigarro y le di un par de caladas, y observ el humo subir mientras observaba la calle desierta. Y no supe responderme si realmente voy all a escribir porque me gusta hacerlo y lo necesito o simplemente voy all a escribir como excusa para fumarme un cigarro.
Montar en los autobuses urbanos implica tensin. El urbanita siempre tiene prisa y necesita desplazarse para ir a trabajar, eso provoca trfico, el caos circulatorio, el colapso de las grandes avenidas y paseos. El infarto urbano.
La tensin comienza en la propia parada del autobs, que como saben, las hay de dos tipos, las de marquesina y las de poste, adems de las diferentes tipologas dentro de estas dos, por ejemplo, tenemos marquesinas cerradas por ambos lados o slo por uno, con asiento o sin asiento, con asientos individuales o banco. Las de poste suelen ser un poste rojo que a veces no est y que cuando est, es normal encontrar, pegados en el, anuncios de pisos en venta, de profesores de guitarra, y de seoras de indudable seriedad, con papeles, que se ofrecen a realizar las tareas domsticas de su hogar por horas.
El autobs tiene horarios y frecuencias, es un medio de transporte cotidiano por lo que genera conductas rutinarias en las paradas, como por ejemplo las colas. Son un cdigo propio de las paradas que se ha creado por el uso, nadie llega y organiza una cola sino que espontneamente la gente se va alineando y todo es lo normal y cvico, hasta que llega el espontneo y se salta el orden establecido echando por tierra el cdigo y provocando miradas airadas y comentarios sobre su escasez de civismo. Todo para que luego llegue un autobs de los dobles, que tienen dos puertas de entrada, y se rompa la fila en dos para entrar, o lo peor de todo, para que el autobs venga repleto de gente que guard su cola pertinente en las paradas anteriores; porque esto de la cola no es ms que una especie de derecho o de crdito, yo he llegado el primero, yo tengo derecho a ir sentado, pero por mucho que corras para llegar el primero, si en el autobs no cabe ni un alfiler irs de pie.
Luego estn las dobles colas. Esto me gusta especialmente, sobre todo cuando ves la cara de capullo que se les queda a los que caen en esta trampa de nuestro transporte pblico, es como cuando el lder de una vuelta ciclista queda cortado por un abanico. Las dobles colas se generan normalmente para los autobuses verdes que van a la periferia, en estos, el asiento tiene un precio muy alto debido a que los trayectos son ms largos y los atascos abundan. Es por ello, que el viajero llega a la parada, y si observa que la cola para el siguiente autobs es lo suficientemente larga para no ligar un sitio sentado (aunque sea en las escaleras de salida) se coloca el primero en una segunda cola destinada a un segundo autobs. Ocurre que, los que no se anden avispados y se pongan en la primera cola, pueden verse en la desagradable situacin de tener que optar entre un autobs que no puede ni cerrar las puertas ya que la gente va encaramada hasta en los retrovisores, o verse al final de una cola ms larga, si cabe, que la que acaba de esperar. Es cruel, pero personalmente, siento una enorme satisfaccin cuando estoy de los primeros en la segunda cola y vuelvo a casa apaciblemente sentado, leyendo mi libro o dormitando pegado al cristal.
(El tito Csar me escribe cartas desde su exilio irlands, yo me remito a copiar, pegar y callar.)
Hace apenas una hora se ha asomado la luna por Galway. Haca muchos das ya que no la veamos, y es que aqu es un bien muy preciado ver el cuarto menguante, y aun mas el creciente, porque supone cielo despejado y la esperanza de un nuevo da, el de maana, sin lluvias torrenciales.
Hoy ha vuelto a llover, como de costumbre. Ha sido una lluvia fina pero permanente, de esas que te emocionan al principio no hace fro y es una gozada llevar el pelo mojado, como recin salido de la ducha y te joden al final. Despus de 5 minutos los insultos empiezan a escapar como a borbotones, con la misma cadencia con que pisas un charco. Dos minutos mas tarde y van siete los pantalones te calan y empiezas a pensar la posibilidad de volverte a tu casa y cambiarte, al tiempo que un coche te salpica por primera vez.
Ya casi estoy llegando a mi destino, 25 minutos andados, 132 charcos, 35 manchas de barro en mis pantalones empapados y 14 coches me han puesto de agua y mierda hasta el cuello. Entras por la puerta y, como si hubieras retrocedido al antiguo testamento, te encuentras toda una torre de babel esperando el ascensor, pero con una notable diferencia: es la primera vez que entiendes coreano, chino, japons, belga, alemn, ingls, italiano y castellano al tiempo.
Todos estn diciendo: vaya mierda de tiempo!
He descubierto que cada da me molan ms los ndices, esas pequeas expresiones numricas de la relacin entre dos cantidades que nos ayudan a tomar decisiones estratgicas corporativas, macroeconmicas sociopolticas.
Como por ejemplo el ICC, el ndice de confianza del consumidor, que es el termmetro de las percepciones de los individuos sobre el estado de la economa, la situacin econmica personal y las expectativas a mediano plazo. Si este ndice es alto, es que Espaa va bien, aunque no lo vaya.
O este otro, el ndice de Percepcin de Corrupcin (IPC) y transparencia internacional (TI), que mide la percepcin que tienen los pases encuestados sobre el nivel de transparencia de otros pases, este esta chulo porque luego lees noticias en los peridicos en plan:
“Espaa a mejorado su ndice de Percepcin de Corrupcin”
y entonces, no sabes si pensar si es que: se nos percibe ms corruptos, se nos percibe menos corruptos, si percibimos mejor la corrupcin de los dems, si percibimos mejor nuestra propia corrupcin o si es la corrupcin la que nos percibe a nosotros.
Si extrapolramos esto de los ndices al plano personal afectivo sexual, y creramos nuestros propios ndices sera bastante divertido tambin, a parte de inviable. Podra existir, por ejemplo, el ndice de confianza en echar un polvo esta noche (ICEE1PEN) (uno, no seas chuln) el cual podra medir los niveles de autoestima y confianza en uno mismo, lo machito que eres vaya, y sobre todo la cantidad de fe que tienes en la virgen.
El ndice de confianza de tu jefe en que llegues a tu hora al trabajo (ICJQLLATHT) que podra medir la relacin entre puntualidad y rango salarial, o entre puntualidad y copas que te tomas los das de diario, etc.
El ndice de confianza en que el Atltico meta un penalti decisivo (ICATM.MPD) que medira lo de la fe en la virgen tambin.
Y bueno, espero leer los vuestros.