Hay veces que no me aguanto a mi mismo pero salgo corriendo y logro dejar a mi parte que no aguanto atrs. A veces lo logro durante bastante tiempo pero siempre termino encontrndome. De nuevo junto a mi, al principio estoy calmado y parejo, pero luego me pongo pesado e insoportable de nuevo y tengo que echar a correr otra vez, para dejarme atrs, para quedarme tranquilo.
Es posible que te encuentres conmigo, as que si lo haces, por favor, no me digas que me has visto no vaya a ser que me est persiguiendo.
Aquello que andaba buscando simplemente me encontr a mi. Le he preguntado:
dnde estabas? y me ha contestado: aqu, donde siempre he estado, justo en el lugar donde te he encontrado.
Me lo estoy pasando genial en el trabajo. Resulta que a la vuelta de vacaciones de semana santa la cuadrilla del patio, aquellos del beso efe eme, han terminado sus labores y ahora estn trabajando unos pintores, estos son realmente silenciosos, ni gritos, ni escombros, ni radios ni ninguna otra fuente de ruido, eso si, la peste a disolvente que hay en la oficina es tal que estamos todos trabajando completamente colocados, como dejndonos llevar.
Los clientes ya no son clientes, son colegas y los amo; el fro y decadente pasillo de suelo azul donde est mi escritorio se ha convertido en un prado soleado de diversin y felicidad, con cientos de impresoras violetas que imprimen e imprimen sin parar mariposas y colibres con calidad lser, a veces puedo ver a algn compaero saltando y gritando de alegra tras un dragn verde fosforito que revolotea expulsando por su boca lneas y lneas de cdigo html. Y a Lucy, tambin puedo ver a Lucy danzando por la lnea del horizonte.
Para celebrar que ya van doscientas pesadillas enfrascadas publico una genial escrita por mi buen amigo Fuckowski, es larga pero claramente merece la pena, y ya saben, si tienen un mal sueo, comprtanlo, no sean egostas.
***
-Pngase cmodo, seor Fuckowski;

Ya se ven las luces del tren llegar por el tnel. Espero de pie tras la franja amarilla del andn. Estoy agotado, es tarde y el da se me est haciendo muy largo, tanto como la lnea de color azul de la que tengo que recorrer varias estaciones antes llegar a casa.
El tren avanza ya por la estacin a la par que va reduciendo la velocidad. Yo estoy quieto en mi baldosa mirando al frente como si fuera la bola de una ruleta, viendo pasar las casillas, vagn, puertas, vagn, puertas, pasa otro vagn y el tren est casi parado, veo como las puertas se acercan hasta quedar justo enfrente de mi, tiro de la palanca que las abre y me introduzco en el interior pensando que algn da debera probar en el casino.
No hay mucha gente y dispongo de toda una fila de asientos para mi, tengo tentaciones de tumbarme pero me siento en uno de los del medio, dudando entre escuchar msica o leer. Enfrente estn sentadas cuatro personas: un chico joven que escribe en una libreta, un seor bastante obeso vestido con un traje negro, una seora con cara de arpa y una chica de unos treinta aos que me mira por encima de su novela de Corn Tellado y me sonre con timidez.
Se cierran las puertas y el tren comienza a andar. No hemos salido de la estacin cuando un chico que iba de pie y que besaba pegajosamente a su novia me mira y con la venia del seor obeso, comienza a prejuzgarme obteniendo duras acusaciones contra mi aspecto y mi persona, al chico se le une la seora con cara de arpa, que me observa de arriba abajo regalndome una mueca de desprecio, a su lado, el chico de la libreta comienza a dibujar una caricatura grotesca en la que exagera mi nariz. El seor obeso le concede una mirada a la chica joven que nuevamente levanta la cabeza de su novela y me dedica otra sonrisa tmida.
Finalmente, el seor obeso, tras mirar brevemente a la seora con cara de arpa y observar con descaro como el chico de la libreta retoca mi hombro derecho, se me queda mirando fijamente a los ojos y el peso del prejuicio logra que yo aparte humillado los mos. Justo en ese momento el tren se para y salgo del vagn cabizbajo, no sin antes mirar a la chica de la novela de Tellado para ver su sonrisa por ltima vez. Pero ella en esta ocasin no levanta la vista del libro.
La primavera acababa de comenzar aunque ya se llevaba gozando de un clima primaveral durante cerca de una semana. Lo haban dicho el da anterior en el telediario, – ya ha comenzado la primavera -, haba retransmiti con voz alegre el presentador. El cambio del fro y los vientos glidos al calorcito y la polinizacin masiva se produjo de un da para otro, as sin ms, aunque en realidad es una cuestin de eclptica solar, hemisferios, equinoccios, polos y distancias.
Luis Prez pas de moquear sobre sus pauelos de celulosa debido a un enfriamiento, a moquear sobre sus pauelos de celulosa debido a su alergia al polen. Los pauelos de Luis Prez acababan en cualquier sitio, en la mesa del saln, en el portal de su edificio o sobre su escritorio de la oficina.
Con la llegada del buen tiempo Elena Garca se deprima bastante, – astenia primaveral haba retransmitido el presentador del telediario con voz grave, sensacin de fatiga y tristeza sin motivo parecen ser algunos de los sntomas de esta depresin al parecer producida por la mala adaptacin de nuestro organismo al cambio de clima.
Luis y Elena coincidan muchas maanas en el portal. Cuando Luis sala a trabajar Elena ya estaba trabajando, fregaba la escalera o meta los cubos de la basura. Luis le caa bien a Elena, le pareca un chaval agradable y bien educado, claro que Elena no saba que Luis era el hijo de puta que dejaba todo el portal lleno de pauelos usados.
A Luis tambin le caa muy bien Elena, era una chica muy maja, adems con la llegada del buen tiempo le gustaba mucho mirar fugazmente como Elena limpiaba los cristales del portn, sobre todo cuando estiraba el brazo para llegar con el trapo a la parte de arriba y su vieja camiseta se levantaba dejando ver su ombligo y a veces incluso parte de las braguitas. Cuando esto ocurra, Luis no poda evitar el imaginar cosas sucias, ya saben que una cosa es lo que se escapa traviesamente de la ropa y otra diferente lo que luego se imagina, y con estos pensamientos se ocupaba la mente de Luis en su viaje al trabajo, a la par que moqueaba e iba dejando los pauelos por ah.
Los estndares.
Me faltaba una pieza para montar un trasportn de aluminio plegable en una bicicleta. El objetivo era trasportar el equipaje necesario para una excursin en bici de varios das mediante unas alforjas u otro sistema alternativo colocado sobre el trasportn. La historia es complicada de narrar, la verdad, aunque he decidido hacer el esfuerzo. No lean si no quieren.
Todo comenz cuando surgi la necesidad de unir dos cosas en principio independientes. Todo el mundo sabe que las uniones en estos tiempos son complicadas, la gente discute, las relaciones se deterioran con facilidad y si a esto le aadimos que lo que tiene que entenderse entre si son dos cuerpos metlicos y que adems deben hacerlo con precisin y consistencia, la tarea parece a priori difcil. De dificultades como esta y de ciertas condiciones de los mercados nacen los estndares.
Los estndares nacen para dos cosas fundamentalmente:
Una para facilitar un entendimiento entre dos cosas en principio independientes.
Y otra que, obviamente, es para no cumplirlos.
Si usted acude a cualquier fabricante de bicicletas le dir que las bicis son estndar y que los que no cumplen los estndares son algunos trasportines, si por el contrario acude a un fabricante de trasportines su opinin ser la contraria. En mi experiencia personal, me encontr con una bicicleta sin los huecos para atornillar el trasportn y con un trasportn sin la pieza necesaria para instalarse en una bicicleta sin los huecos para atornillar el trasportn.
Cuando uno se ve en una situacin como esta busca los nexos posibles entre aquello que se tiene que entender entre si, claramente esos nexos sern siempre la clave de dicho entendimiento, en este caso un nexo era la pieza ausente y otro eran las tiendas de bicicletas. Bastaba con encontrar la unin entre pieza ausente y tienda de bicicleta para cerrar el crculo y que todo se entendiera. Pero para mi sorpresa no logr encontrar dicha unin, es decir, en las tiendas de bicicletas venden bicicletas, venden trasportines pero no venden la pieza que sirva de nexo para bicis y trasportines que no cumplan los estndares.
La pieza.
La pieza en cuestin se trataba de una especie de presilla de metal, como un anillo que no se cerrara del todo, que esposado al cuadro de la bicicleta, se poda cerrar introduciendo un tornillo por dos agujeros situados uno en cada extremo, sellndose dicha unin mediante una tuerca a rosca. Si se introduca el extremo del trasportn que curiosamente acababa en un agujero entre los dos agujeros del anillo y se pasaba el tornillo por el tnel metlico formado por el agujero de un extremo de la pieza, el agujero del extremo del trasportn y el otro agujero del otro extremo de la pieza, sellando todo el conjunto mediante la tuerca a rosca, lograramos instalar el trasportn en una bicicleta sin los huecos necesarios para instalar trasportines. Imagino que no habrn entendido absolutamente nada, no les culpo, y si a mi parquedad de palabras le unen la dificultad de explicar algo as, el resultado como ven es una ausencia clara de entendimiento entre ustedes y yo.
Esta misma ausencia de entendimiento se repiti en tres ferreteras del centro de la ciudad, en donde me fue imposible hacerles entender a los tenderos la pieza que necesitaba, y eso que jams vi en tendero alguno prestar tanta atencin y concentracin como esos tres tenderos me prestaron a mi.
Las cosas de la vida.
De vuelta a casa totalmente desesperanzado pas por la puerta de una pequea tornillera de barrio, carente de esperanza me dej llevar por la inercia y me introduje en el establecimiento. Estaba bastante mal iluminado y estaba regentado por una chica de unos treinta aos que me atendi sin apenas prestarme atencin ya que, mientras escuchaba mis indicaciones atenda diversas llamadas de telfono y a un seor que se llev cien tornillos minsculos los cuales tuvo que contar uno a uno sobre el mostrador. Pese a todo, no haba terminado mi explicacin, cuando sin mirarme, la chica abri un cajn del mostrador y preguntndome – es esto? – puso la pieza en cuestin justo enfrente de mis narices.
Algn da puede que les cuente como, ya en casa, logr montar el trasportn sin las herramientas necesarias para hacerlo, y como despus de tantos esfuerzos se parti el eje de la bicicleta, quedando esta con el trasportn instalado, pero inutilizada a las primeras pedaladas de mi excursin.
Despus de meses y meses de obras en el patio interior del edificio donde estn las oficinas de la empresa para la que trabajo, estas estn llegando a su final. Tras meses de estridentes ruidos, de radiales y taladradoras, de escuchar como la cuadrilla de obreros se llamaban e insultaban a gritos (Recuerden a Rafa y al nuevo Bustamante) y de escuchar como lanzaban los escombros por el patio desde un cuarto piso, ahora ha llegado una cuadrilla nueva, los encargados de aplicar el yeso en las paredes. El cambio ha sido increble.
La nueva cuadrilla se pide las herramientas educadamente y en un tono normal y cvico, y lo mejor de todo, tienen un transistor de radio que van colgando por los andamios en el que durante todo el da suena la emisora Kiiiiiiiiiiiss efe eeeeeeeme, con esa equilibrada, comercial y romntica seleccin de canciones que nos estn sirviendo como ameno hilo musical.
Es mucho ms fcil seducir al cliente para que compre tu producto y no el de otro si por el patio sube la sensual voz de Sade, o por ejemplo es mucho ms gratificante si suena Sin ti no soy nada de Amaral o el tema central de la pelcula El guardaespaldas de Whitney Houston cuando tu jefe te mete esos marroncitos de ltima hora. Parece que el marrn es menos marrn. Y lo mejor, sin duda: Dont worry, be happy con ese silbido de buen rollo, para cuando llama algn gilipollas estresado, de esos que no caminan sino que cabalgan sobre su caballo y te miran desde arriba, esos que parecieron olvidar que existen las palabras por favor.
Un naufrago solitario, en su isla desierta, se ayudaba y apoyaba a si mismo y se daba las gracias dicindose, hoy por mi y maana por mi. Un da pas un barco y lo recogi, pero la tripulacin lo abandon en otra isla por egosta, egocntrico e individualista.
Nada.
Me pareca que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar y otros para mirar la vida. Yo tena un pequeo y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de l. Imposible liberarme. Una tremenda congoja fue para mi lo nico real en aquellos momentos.
Leo “Nada” de Carmen Laforet, que fue la primera ganadora del premio Nadal.