El libro de las mentiras

Camino por un pasillo cuyas paredes estn repletas de estanteras con libros. Debe ser muy largo, tan largo que no puedo apreciar el final ni el principio. Est iluminado por una luz blanca y asptica, como la de los hospitales, pero no huele a enfermedad como en los hospitales, huele a hoja y a tinta, a ese olor dulzn que prcticamente podemos mascar cuando abrimos algunos libros.

No me explico que hago en un pasillo lleno de libros iluminado como un hospital, pero el hecho es que all estoy y comienzo a leer los lomos. No reconozco a ninguno de los autores ni de los ttulos, tampoco son de ninguna editorial. Tras ojear unos cinco o seis metros de pasillo encuentro un libro escrito por m, sorprendido leo mi nombre y mis dos apellidos en el lomo, no recuerdo haber escrito un libro jams pero all estoy con el libro entre las manos. Lo abro un tanto incrdulo, se trata de un ejemplar de aproximadamente quinientas pginas llenas de letras, palabras y frases escritas por m pero que yo nunca he escrito. Me siento un poco aturdido y avanzo pasillo adelante con mi libro entre las manos. Sbitamente su peso se duplica y en vez de quinientas hojas parecen mil, y en un instante dos mil y as hasta que no puedo sujetarlo ms y cae al suelo con un golpe rotundo que resuena en todo el pasillo.

Me siento en el suelo y abro el libro dispuesto a leer lo que alguna vez escrib, leo y leo y pierdo la nocin del tiempo. Algunos son pasajes alegres en el que aparecen mis amigos y algunas otras personas que conozco, pese a que son alegres los leo framente, desde muy lejos, y descubro cosas de mis amigos que no saba, y siento que los espo, que los sigo por la espalda. Otras veces son pasajes tristes y la imagen de un globo de helio ascendiendo irreparablemente se me queda grabada en la memoria, y el llanto del nio que perdi el globo. Miro a mi alrededor con el libro aun en mis manos y estoy en una feria con atracciones, tiovivos y puestos de comida, y veo al nio llorar y los ojos de la madre que lo miran cargados de consuelo.

Poco a poco siento que voy llegando al desenlace de la historia, que me voy acercando al final del pasillo. Algunos amigos resulta que no son tan amigos y el globo de helio ya es apenas un punto inapreciable en el cielo, una lgrima seca que el nio ya no recuerda. Quedan pocas pginas y puedo sentir el final latiendo contra la tapa de piel en la palma de mi mano. En el ltimo rengln est escrito: – no te has dado cuenta de que todo es mentira? – Luego, tres lneas ms abajo leo la palabra – Fin.-

28 June, 2005
Enfrascado en La tentacion de Carla
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Breverías

Asakhira me enva desde Mxico las Breveras de un poeta boliviano llamado Coco Manto:


  • No desarrollamos porque estamos Yanquilosados.

  • Un negro en la nieve es un blanco perfecto.

  • El Vaticano y la Reforma Agraria se parecen porque en 50 aos produjeron cinco papas.

  • Al rico el loro, a los pocos las obras.

  • Expedito: enfermito que se atiende en Alcohlicos Annimos .

  • El cuento ms breve? Haba una vez truz.

  • Si yo fuera reloj perdera el tiempo.

  • Hay que cero no ser.

  • Cinco horas son sin corazn.

  • S no hay coito no sea pene.

  • Las monjitas estn libres de polvo y paja.

  • Cltoris es un puerto griego en el mar de Seo.

  • Un beso habla todas las lenguas.

  • Sexo dbil? Ni tan dbil. Sexo fuerte? Ni tan sexo.

  • Las chamacas jvenes tienen lo mejor de la vida por delante.

  • La historia, la moral y la tica devienen en historieta, moraleja y etiqueta.

  • No vuela un kilo de plumas sin un pjaro adentro.

  • Y quien quiera objetar, pues Que objete!

Yo me lanzo a las piscina y os dejo mi brevera:

– Aprend a dar las gracias no a sentirme agradecido.

24 June, 2005
Enfrascado en Tendencias en un frasco
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Equilibrios

Erika era un imn y atraa la belleza del mundo como los arrecifes atraen a las olas. Era una atraccin violenta, como un choque de espuma blanca, un golpear constante que erosionaba el resto de cosas que le rodeaban. Erika era un eclipse, una estatua altiva, de proporciones virtuosas y perfectas cuya sombra envolva bocas abiertas y miradas de asombro.

Ya en el colegio despuntaba caminando por los pasillos con un aura que nicamente le iluminaba a ella y pareca embrutecer al resto, como si un fino velo gris cubriera a su paso de fealdad las aulas, los servicios y el patio, opacando los colores, difuminando los matices, convirtiendo los jardines en proyectos de eriales marchitos.

Erika disfrutaba mostrndose, necesitaba exponerse y absorber para s lo bello de lo que le rodeaba, lo ansiaba de una manera dependiente. A los veinte aos era la modelo internacional ms cotizada, encumbraba a diseadores y fotgrafos y reluca en la portada de innumerables revistas. As pas el tiempo y su atraccin fue creciendo. Mientras, el resto se iba convirtiendo en algo mate y sin brillo.

Lleg el da en que ya no pudo absorber ms belleza para s, era lo ms bello, y el resto era ya un paisaje yermo, como el fondo de un pantano seco, la consecuencia de un invierno helado y una dura sequa. Una vez agot toda la belleza del mundo comenz su declive, pues dej de ser lo ms precioso entre lo neutro y comenz a ser lo ms inusual entre lo usual.

Finalmente Erika termin sus das en un rincn oscuro, sintindose apenas un boceto de andrajosos trazos y no el brillante lienzo que en su da fue. Despojada en su esquina ocultaba el rostro con sus propias manos.

Abandon este mundo siendo lo nico horrible de entre todo lo bello.

22 June, 2005
Enfrascado en Amores Vacios
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Chapapote

Agustn Rodrguez estaba muerto de sueo. Llevaba unos das en que le era imposible dormir a causa del calor pegajoso, que por las noches, pareca concentrarse como una nube sobre su cama. Eran cerca de las diez de la maana y la actividad en el despacho donde trabajaba era frentica, cientos de llamadas, de faxes, carreras por el pasillo y la histrica de su compaera con una especie de ataque de ansiedad contagiosa.

Mientras redactaba un anodino correo electrnico dirigido a un proveedor pensaba en que, esa tarde, se iba a ir a la cama cuando los Lunnis y los nios, primero dormira a Miguelito y luego se ira a dormir l. Mir el reloj mientras tecleaba y vio que quedaban cinco minutos para el caf. Con el lo de trabajo que tena no podra bajar a la cafetera, pero necesitaba un caf o no llegara a la hora de comer. Tendra que tomarse uno de la maquina de la salita de fumadores. Atravesar la espesa niebla cancergena, saludar con falsa cercana a dos o tres soplapollas y volver a su puesto quemndose los dedos con el insulso vaso de plstico.

Termin de redactar el correo y puls sobre el botn de enviar, se levant colocndose la corbata y atraves el jardn de csped enmoquetado, sembrado de escritorios, archivadores y compaeros trajeados, un jardn donde, como en tantos otros, floreca el estrs con colores neutros y la vida sedentaria era iluminada por fluorescentes tintineantes.

Una vez se sent en su escritorio de nuevo, lo llamaron por telfono un par de veces antes de que pudiera siquiera pegar un sorbo al caf. Atendi las llamadas viendo el vaso humeante al lado de la alfombrilla del ratn, y el aroma del caf, que se colaba por los agujeros de su nariz, hizo que este incluso pareciera apetecible pese a que todo el mundo saba, que el caf de la maquina de la salita de fumadores era una autntica mierda, que eso no era caf ni era nada. Aguachirri. Meacaldos. Chapapote slo, con mucho azcar.

Fue darle el primer trago al caf y acordarse de Juan Valds. Sinti como por su esfago descenda una oscuridad que asolaba todo a su paso. Record el sol abrasador sobre el infinito campo de cereal cercano al pueblo de su padre y el efecto que la cosechadora, con esa especie de molinos cortantes, produca al navegar por el mar de espigas. La sensacin pareci remitir cuando el lquido lleg al estmago pero lejos de eso, comenz a bullir producindole un ardor tal, que lo oblig a doblarse sobre su estmago. A cada bocanada de aire el estmago le quemaba ms y ms. Sali al bao como propulsado por turbinas y en el bao, cag fuego.

16 June, 2005
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Memé literario.

Me lleg el mem literario va Fermenta. Y all voy, lo que pasa que variar un poco las instrucciones y enumerar aquellos libros que tengo en cola, entre otras cosas porque no s cuales de ellos leer en verano, no s siquiera s los llegar a leer, es posible que finalmente se cuelen antes otros libros:

En estos momentos me restan la mitad de los relatos de Crtica de la razn impura de Javier Garca Snchez. Lo incluyo porque estamos en verano.

Luego estn:

Msica militar de Wladimir Kaminer, moscovita afincado en Berln que tiene un programa de radio en el que narra la vida cotidiana de un cosmonauta. Por lo visto el libro es bastante divertido y bastante vendido en Alemania.

Claudine se va de Colette, este lo compr de, al menos, segunda mano, lo ley antes que yo, al menos, Mara Jos Gonzlez en Marzo de 1993. El libro est en excelentes condiciones, por lo que, al menos, he de agradecerle a Mara Jos el que lo cuidara.

La oveja negra y dems fbulas de Augusto Monterroso. S uno quiere escribir relatos, o al menos intentarlo, debe de leer relatos, no?

Bestiario de julio Cortazar, lo estoy retrasando hasta el lmite, para cogerlo con ms ganas si cabe, es como el que cocina para uno mismo durante toda la maana ponindole ms amor al guiso de lo que pone su propia abuela.

El ao del diluvio de Eduardo Mendoza. Me encantaron La ciudad de los prodigios y La isla inaudita leo su columna de la contraportada de El Pas y s que mi padre lo ley en un slo da en febrero de 1993. Ha de gustarme.

Cndido de Voltaire. No he ledo nunca a Voltaire.

Directamente de los puestos de libro antiguo, ahora en Recoletos, Cuentos populares lituanos traducido por Laura Andresco y una seleccin de Algunos cuentos chilenos realizada por Armando Donoso que, aunque no s quin es, seguro que tiene ms criterio que yo para seleccionar cuentos chilenos.

Y por ltimo, Obras completas de Graham Greene, con El fin de la aventura , El americano impasible y Monseor Quijote

13 June, 2005
Enfrascado en Tendencias en un frasco
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El extraño don de Henry Lokwood.

Henry Lokwood no poda creerlo, dnde estaba la oficina, los compaeros, las mesas y los ordenadores? Poda escucharlos pero no verlos, en cambio, lo que vea eran pinos, cientos de troncos lo rodeaban, estaba en mitad de un bosque de pinos, bajo un techo de alfileres verdes, poda ver las pias, los pjaros y el musgo adherido a las columnas vegetales, conferas que formaban irregulares pasillos que parecan perderse hasta donde alcanzaba su vista.

Gir asombrado sobre s mismo, frotndose los ojos primero una vez y luego otra con ms fuerza, pero el bosque de pinos segua ah. Entonces escuch su telfono sonar, el telfono estaba en la parte derecha de su mesa de trabajo, pero ahora no haba ni mesa ni telfono pese a que su sonido era ntido, casi poda sentir como los tonos rebotaban contra los troncos espantando a los pjaros.

Pens en que sera su jefe y en los informes urgentes que deba haber entregado la tarde anterior, se imagin su mirada amenazadora y su voz ronca pidindole explicaciones, qu excusa le dara, cmo podra decirle: me evapor y aparec mitad de un bosque seor OBrian?

El telfono dej de sonar y Henry suspir aliviado. Gir de nuevo sobre s mismo y ech a andar por la zona que le pareci ms despejada, a los pocos metros escuch claramente el sonido de la impresora, esos zumbidos atenuados y el aleteo de las hojas de papel almacenndose en la bandeja de plstico, decidi avanzar hacia el sonido seguro de que encontrara la impresora tras un enorme tronco, pudo ver una fila de hormigas correteando entre el musgo a la par que, rozando la superficie de este con la palma de su mano lo rodeaba. Encontr un taco de hojas impresas en el suelo, se acerc apresuradamente y pudo comprobar que eran sus informes ya redactados.

Sbitamente se encontr dentro del despacho de su jefe, sobre el suelo enmoquetado y con el taco de hojas entre sus manos, pudo ver como su jefe levantaba la vista de su escritorio para mirarle, como cambiaba su expresin, como su rostro se iba crispando y como su boca comenzaba a moverse como se mueven las mandbulas de un perro que ladra rabioso, pero Henry, en vez de escuchar las reprimendas del Sr. OBrian escuchaba los pjaros cantar, el sonido de las copas de los pinos mecidas por el viento y el sonido de un pequeo riachuelo a su espalda.

12 June, 2005
Enfrascado en La tentacion de Carla
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.

Voy a sacar lo peor de m,
a iluminar mi faceta ms oscura,
a vomitar un bote entero de pintura
y a rebuscar en el interior de mi negrura.

Voy a eclipsar lo mejor de ti,
a opacar el cristal de tu ventana,
a cegar los primeros rayos de tu alba
y a oscurecer los destellos de tu alma.

Voy a pintar un lienzo con tristeza,
tan preciso que hasta tiemble mi entereza,
a retratar con finos trazos mi vileza.

Voy a describir con versos tu belleza
y letra a letra, limpiar as mis impurezas,
que en tus ojos, como en espejos se reflejan.

8 June, 2005
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Crispación

El umbral de la crispacin de Mariano Ballesta era prcticamente inexistente, siempre estaba crispado o pareca estarlo. Recuerdo con cierta repugnancia la manera de mover sus manos, parapetado tras el cristal de la cabina de sonido, abroncaba a presentadores e invitados gesticulando de manera colrica, sus dedos se convertan en una especie de garras y enfrentaba una mano con otra, como si entre ambas sostuviera una bola llameante que le quemara los antebrazos, como si sujetara una energa potentsima y prisionera que bregara por escapar y fluir libre.

Siempre pens que Mariano Ballesta deba poseer, en lo ms profundo de sus agrias entraas, un rgano que el resto de los humanos no tenamos, oscuro, retorcido y palpitante, un rgano que deba producir bilis a borbotones ya que tanta mala hostia albergada en un individuo era inverosmil.

Con los aos y el roce del trabajo pude, poco a poco, ir conocindole mejor. Un da me atrev a preguntarle el porqu de su continua crispacin. Para mi sorpresa Mariano me habl con la mayor de las dulzuras. Me cont sobre el gran amor de su vida, sobre como sus sentimientos le empujaban a vivir su relacin con ella como una continua cuenta atrs sin oxgeno, sobre como siempre tena la sensacin de nadar junto a su cuerpo ensangrentado en una piscina repleta de tiburones hambrientos, sobre como perda con facilidad los estribos cuando ella no estaba y sobre lo difcil que se le haca vivir con un pie en el amor y el otro en mitad de la mismsima clera.

6 June, 2005
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