Esta historia comienza en Cristasol. No es obligatorio comenzar por el principio si no quieres.
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A las dos semanas estaba redactando unos informes importantes cuando apareci de nuevo. Vino precedido de unos pequeos riachuelos de agua pardusca que se descolgaron por los cristales dejando pequeos cercos de suciedad. Yo pens ah viene mi amigo, el hombre araa -, y record cuando lanz el agua sucia. Efectivamente a los pocos minutos apareci en la ventana y me salud con un gesto, yo le devolv el saludo y volv a mi informe ya que no quera entretenerme. l limpi los cristales y cuando hubo terminado dio unos golpecitos y me hizo gestos de que le abriera. Me levant y abr un poco contrariado. Me sonri y me pregunt si estaban las cosas revueltas en la empresa ltimamente. Le contest que si, que se acercaba el cierre del trimestre y que se rumoreaba en el sector que planeaba sobre nosotros una OPA hostil de un grupo de inversores alemanes.
– Es algo serio, – le cont, – lo ms seguro es que, de producirse, peligrarn bastante puestos de trabajo, con estas cosas ya se sabe.
(ms…)
-Trabajando de limpia cristales se gana uno la vida muy bien , me deca el joven desde su andamio. Yo, mientras, desde el interior de mi despacho intentaba darle conversacin sin dejar de sentir el riesgo de que se precipitara al vaco en mi estomago, que se empeaba en dar vueltas y vueltas, como si fuera yo el que estuviera encaramado al andamio.
– Y no ha tenido nunca ningn percance? le pregunt interesado. Pero enseguida me di cuenta de lo estpido de mi pregunta. Si este chaval hubiera tenido algn percance no estara ahora mismo limpiando los cristales de la planta catorce de un rascacielos de oficinas me recrimin estpidamente.-Imagino que se referir a algn percance aqu en las alturas me dijo sujetndose la gorra ante una rfaga de viento que hizo tambalearse el andamio. Pues la verdad es que aqu arriba nunca me ha sucedido nada. Algn susto de vez en cuando, ya sabe, pero nunca me he cado si esa eso a lo que se refiere. Dijo divertido. – Los verdaderos percances siempre me han ocurrido cuando estoy ah abajo. Ver, mi abuelo sola llevarme de paseo por el pueblo las noches de verano, lo haca para combatir el calor y para contarme historias. Una vez me cont la historia de un amigo suyo que cazaba lobos en el monte, a mi me impresion mucho y mi abuelo me propuso ir a visitar su tumba. Yo le contest que cmo bamos a ir al cementerio por la noche, y el me dijo que no me preocupara por los cementerios, que tena que temer ms a los vivos que a los muertos. Pues esto de las alturas y los cristales es lo mismo, a la gente le parece peligroso, pero yo le aseguro que siento ms peligro cuando me encuentro entre la gente a ras de suelo que cuando estoy aqu slo, amarrado con mi arns, con mi cubo y el Cristasol.
Lo cierto es que mi vida desde siempre a girado en torno a la queja, y digo a la queja no al lamento, no los confundan. Soy una persona que se queja por todo. Les pondr un ejemplo en caso de que no me crean: en lo que dura una comida puedo quejarme del trfico y del ruido de nuestras ciudades, de que el restaurante est lleno, de que la comida est excesivamente caliente, de que el men del da sea carsimo, de que se acabe el pan y no sirvan ms; charlando con otro comensal, me puedo quejar de las ltimas medidas econmicas del gobierno, de los mtodos del entrenador de un equipo de ftbol o del elevado precio de la vivienda. Y esta retahla de quejas es slo un ejemplo de lo que puedo llegar a ser capaz. Pero entiendan que todas esas quejas se tratan de quejas menores, sobre detalles cotidianos sin importancia.