Organización de los armarios. Las letras

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Cuando, otro, quiso dios, y sus vientos, huerta y sol.

Estuve meses buscndole un sentido a todas aquellas palabras, tejiendo frases, hilando historias de vientos, soles, dioses y frutos, buscando conexiones entre las palabras y mi armario, entre las palabras y mi vida, pero sin alcanzar a comprender. Llegu incluso a dibujar las palabras, creando signos y jeroglficos como un antiguo escriba. Gast cuadernos enteros hasta que un da prob a cambiar las comas de lugar tratando de adaptarme a las pausas de los susurros en la medida de lo posible. Llegu a la conclusin de que inicialmente comet un error con las pausas centrales, y que no era: quiso dios, y sus vientos, sino que era: quiso, dios y sus, vientos. Cuando, otro, quiso, dios y sus, vientos, huerta y sol. Luego pas otra temporada tejiendo historias con el nuevo orden sin llegar a ninguna conclusin.

En todo ese tiempo mi vida comenz a desmoronarse, a caer por un agujero negro, puede que provocado por el insomnio, o por la ansiedad por encontrar un significado. En el trabajo me dieron la baja porque muchas maanas mi estado era lamentable. Hablaba slo por los pasillos y adelgac bastantes kilos. Las palabras no se me iban de la cabeza ni un solo segundo y eso me agotaba hasta el punto de estar acabando conmigo.

Una noche simplemente lo escuche. La primera palabra no era cuando era cuatro. No eran palabras, eran nmeros. Haba estado equivocado durante todos aquellos meses, ofuscado en encontrarle sentido a unas palabras que no eran y que no tenan sentido alguno.

El primer nmero era el 4, el segundo era el 8, no era quiso era 15. Dios y sus era 16, vientos 23 y 42 la huerta y el sol.

4, 8, 15, 16, 23, 42.
Cuatro, ocho, quince, diecisis, veintitrs, cuarenta y dos.

Me sent completamente perdido.

(Continua…)

28 September, 2006
Enfrascado en La tentacion de Carla
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Organización de los armarios.

A mi los armarios siempre me parecieron un objeto insulso. Quiero decir, que nunca me fije en ellos como en algo en lo que s te fijas. Una mesa tiene siempre algo sobre ella, algo en lo que te puedes fijar o que te puedes comer. En una silla te sientas y siempre hay un juicio previo, una estimacin sobre su comodidad, una expectacin. Para mi un armario no tena nada, era una caja de madera con puertas y cajones que se abran, de la que obtena cosas cotidianas, como una camiseta, un juguete, un plato, un pantaln o una chaqueta, un algo mecnico e intrascendental en si mismo. Hasta que aquella noche comenc a escuchar los ruidos.

Yo dorma placidamente y me despert un portazo. En un primer momento pens que me haba dejado alguna ventana abierta y que se produjo corriente, que alguna puerta se cerr de golpe y trat de volver a dormir sin darle mayor importancia. Fue en ese momento cuando comenc a escuchar los susurros. No poda dar crdito a lo que escuchaba, era como una voz apenas comprensible, como si alguien tratara de confesar en su ltimo estertor. Yo me levant de la cama como un resorte, encend la luz y abr el armario de par en par, pero dentro slo estaba mi ropa. Luego pens que estaba imbcil, o que simplemente soaba. Pero al cabo de los das aquello se volva a repetir, y yo encenda las luces y abra el armario pero dentro slo estaba mi ropa. Termin conviviendo con los susurros. Al principio me inquietaban, luego trat de descifrarlos, de entender lo que decan. Hubo noches en las que me mantuve horas en vela esperando a que sonaran. En otras ocasiones era apagar la luz y arroparme y los susurros acudan a la cita, como exhaustos tras una carrera desde el fondo del armario. Una noche por fin logre comprender aunque fueron slo unas palabras en apariencia inconexas: cuando, otro, quiso dios, y sus vientos, huerta y sol.

(continua…)

27 September, 2006
Enfrascado en La tentacion de Carla
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Cómo pasa el tiempo.

Cmo pasa el tiempo, hay que ver. Parece que fue ayer. Uno estaba en la playa, tumbado placidamente leyendo los cuentos de Julio acariciado por la espuma de las olas. Y de repente mira el calendario que cuelga de la pared como un ahorcado, asfixiado por una soga de das festivos y domingos destacados en rojo; mira el calendario, digo, y descubre que ya estamos en navidades como quin dice, que ver a la familia y se comer las uvas con su abuela. Y entonces recuerda la ltima cena de fin de ao con todo detalle (Jess en el centro y los apstoles a los lados), como si estuviera ms cerca que aquello de la playa, del sol, del viento, de las olas y de los cuentos de Julio.

Cmo pasa el tiempo, hay que ver. En uno de aquellos cuentos de Julio (de la playa) unas nias cronometraban su infancia conforme pasaban los trenes, para cada tren un disfraz, y con cada disfraz un poco menos nias hasta llegar al final del juego.

Yo cronometro mis noches. Utilizo un semforo, rojo, verde, rojo, verde. En rojo escucho los pitidos, el motor de una moto sin tubo de escape o la msica del radiocasete de otro. En verde escucho el sonido de los coches avanzar hacia el final de sus viajes, y con cada sonido me disfrazo de insomne hasta llegar al final de mi insomnio, hasta que el semforo se pone verde y comienza un nuevo da. Cmo pasa el tiempo. Hay que ver.

19 September, 2006
Enfrascado en La tentacion de Carla
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La culpa del occidental

Mariposa, ilustracin de Ana Trello.

1.

A Martn no le gustaba tirar la comida. Poda decirse que viva obsesionado con no tirar nada, con comrselo todo. Todo le vena de que su abuela haba pasado hambre en la guerra, porque las guerras son crueles e injustas y la gente muere y pasa hambre, y Martn relacionaba la guerra con tirar la comida. Cada vez que habra el cubo de la basura no poda evitar el ver refugiados caminando entre los escombros, como si el cubo fuera un hueco mgico en el que se pudieran divisar otros puntos del planeta, un catalejo al sufrimiento y la violencia.

El otro da lo llam para tomar un caf y charlar un rato y…
(ms…)

13 September, 2006
Enfrascado en Odioso Progreso
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Hola ola.

Antonio se zambull en el agua y nad hacia donde rompan las olas. Lo hacan con furia, provocando corrientes, vaivenes y una alfombra de espuma blanca que se esparca como cuando se agita una botella de champagne y luego se abre. Era peligroso meterse donde las olas, se lo haban advertido y lo saba porque ya se haba metido unas cuantas veces. Le gustaba que lo arrollaran hacia la orilla, que lo envolvieran, las coga justo cuando rompan, se lanzaba de cabeza bajo la onda, estiraba los brazos y se dejaba arrastrar hasta que la ola perda su fuerza y la espuma blanca se iba disipando. Era como una doma. Y as una y otra vez. Ese da venan altas y potentes, mejor para Antonio, mayor el reto. Parecan estarlo esperando, rabiosas de jinetes entrometidos y se alzaban como un muro vertical que iba creciendo imponente hasta que decida romper con estruendo. La primero le lleg rota, pura riada de espuma y lo empuj con violencia pese a que se sumergi para evitarla. Lo inund de respeto, el miedo de los valientes. La segunda le rompi encima y lo zarande y volte como a un pelele sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Tan slo tuvo conciencia de ser empujado hacia la orilla, tocando el fondo arenoso en varias ocasiones, con sus pies y con sus manos. A la quinta voltereta submarina todo pareci desvanecerse en un fundido azul.

Luego el fundido azul se convirti el timbre insistente de un telfono.

– Si? -
– Antonio?, Antonio!, estas ah to? espabila con el telfono cojones que no tenemos toda la maana! Joder con el nio cmo ha vuelto.
– Vuelto? Este sigue todava soando con las socorristas, mralo que cara de pringao. se escuch decir a otra voz por el auricular. -

Mir hacia el fondo del pasillo esperando ver una hilera de hamacas con baistas tomando el sol pero en su lugar vio las caras de Alfonso y de Mrquez al final del pasillo. Mrquez gesticulaba con su dedo ndice apuntando hacia el suelo mientras le vociferaba al auricular Necesito eso para ya -, aunque poda leerle los labios a casi veinte metros de distancia. Vio como Alfonso se levantaba y vena hacia l con decisin. Record que Alfonso tuvo que cancelar una reserva en un crucero porque lo decidi el jefe. Los dos no podan coincidir los mismos das fuera de la oficina y el jefe le di a l las tres semanas de agosto. En esto lleg Alfonso y sin mucha delicadeza le increp, que ya por su culpa sus vacaciones haban sido una mierda, que casi le costaron su matrimonio y que no estaba dispuesto a perder su puesto de trabajo porque l hubiera vuelto empanado.

Una vez se march Alfonso observ una increble pila de informes en su escritorio y cerca de dos mil correos electrnicos sin revisar. Hizo lo que se debe hacer exactamente en esos casos cuando uno regresa de vacaciones. Ir a tomar un caf.

Por el camino se cruz con Marta en la salita. Marta era una de las pocas compaeras con las que Antonio tena algo de confianza y poda charlar de algo que no fuera trabajo en los momentos de caf y cigarro.

– Hombre Antonio! Ya ests de vuelta. Cmo fueron las vacaciones?
– No muy bien. Lo cierto es que el ltimo da me ahogu en la playa despus de que una ola me zarandeara como un tornado a un espantapjaros.

Marta solt una carcajada y le dio unas palmaditas cariosas en el hombro. No te preocupes hombre, lo superars. -
– No lo creo Marta. Yo ya estoy muerto y esto debe ser el infierno. -

5 September, 2006
Enfrascado en Odioso Progreso
enfrascado por alexqk / Comentarios (8)

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