Extinción de los pasos de cebra

Cruzar, ilustracin de Ana Trello

Todo comenz cuando se extinguieron las seales de cincuenta.

Al principio fueron slo unos centmetros, apenas perceptibles. El semforo se pona en rojo y uno cruzaba alegremente, con libertad, no se fijaba en las sombras oscuras de los parachoques, ni en las pequeas conquistas de la goma de los neumticos sobre las bandas blancas que marcaban los lmites.

Pero las bandas blancas dejaron de ser el lmite a respetar para ser el lmite a transgredir. El peatn en verde, parpadeando era el aliado, el juez que daba la salida, muy suavemente soltaban el pedal de freno y los automviles avanzaban apenas medio metro, luego un metro, iban arrancando como perezosos, hasta que el ltimo parpadeo pona su semforo en verde y salan atropellando la estela de los ltimos peatones.

Ms tarde la excusa fue la prisa. Se detenan sobre las mismas bandas y los peatones tenan que esquivar motores y tubos de escape. Los ancianos dejaron de utilizarlos, simplemente dejaron de cruzar las calles.

Al final slo cruzaban los ms audaces. Sus bandas blancas fueron pereciendo ante negrura del asfalto y hoy son reliquias, fsiles urbanos, restos de un civismo antiqusimo.

* Cruzar, ilustracin de Ana Trello

30 October, 2006
Enfrascado en Odioso Progreso
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Natural naturismo

Puede que no le importara, aunque en el fondo yo creo que si. Lo que era claro es que no era el hecho de ir desnudo sino la inmensa sensacin de libertad que ello le haca sentir. Era como estar en contacto total con el exterior, sin capas, sin filtros, sin escudos. Se senta ms gil, como si su cuerpo no tuviera fronteras y fuera ms liviano, como si flotara ingrvido.

Me cont que lo que ms le haba impactado de sus primeras experiencias naturistas en un camping de la costa mediterrnea fue el hecho de que las duchas no tuvieran puertas o mamparas, – uno se duchaba a la vista de los dems y daba igual. Adems, eran comunes para hombres y mujeres, para que poner puertas o hacer clasificaciones de la desnudez si todo el mundo iba desnudo? Despus de mi primera ducha me cont – volv a mi bungalow con una increble sensacin de paz conmigo mismo, y me fij en todas aquellas personas jugando a las cartas desnudas en sus pequeos jardines, bebiendo copas de vino blanco en silencio, o leyendo sus novelas, y valor como nunca lo haba hecho un atardecer al borde del mar, sintiendo la brisa en todo mi cuerpo y vindome lejos, muy lejos de todos mis problemas -.

Ms tarde, en nuestras sucesivas charlas, me explico que haba empezado a necesitar de aquella sensacin de libertad, incluso en la ciudad, y que al principio comenz a ir desnudo por su casa. Llegaba de trabajar y lo primero que haca era ir a su habitacin y desnudarse completamente. Luego haca lo que tuviera que hacer: limpiar, cocinar, o ver la televisin. Recuerdo que discutimos sobre la excentricidad del asunto. l me argumentaba que no era para nada excntrico o inusual ya que casi todo el mundo, al llegar a casa, se pona algo cmodo, y que de ah a lo que haca l, tan slo distaba la ropa, y l estaba ms cmodo sin ella. Visto as tena que darle la razn, la comodidad ante todo, no haba nada de excntrico en buscar la comodidad. Adems cada uno en su casa hace lo que le viene en gana, – me reforzaba yo -, pero no poda evitar imaginrmelo con los testculos colgando a un par de palmos de un plato de sopa o a la altura de la plancha abrasadora.

Luego, durante una temporada nos distanciamos. A mi me sacaron temporalmente de la planta en dnde trabajbamos y me subieron varios pisos para arriba, destinado a otros proyectos. De vez en cuando nos encontrbamos en el vestbulo o en la mquina del caf de la sala de descanso, pero poco ms.

Una maana lluviosa me retras debido al trfico, cuando llegu a mi puesto un compaero me pregunt, sonrisa en boca, si no estaba al tanto de la ltima. Le respond que no. Me cont, que por lo visto, un colgado de la segunda planta haba venido en pelotas a trabajar. – Con dos cojones! -, me dijo entre carcajadas, – el to por lo visto ha llegado cubierto slo por una gabardina, iba hasta descalzo -.
Parece ser que haba decidido no limitar su desnudez al interior de su casa y se haba plantado de esa guisa en la empresa. Al principio, con la gabardina pas desapercibido, pero cuando lleg a su planta y colg la gabardina en el perchero a muchos se les atragant el primer caf. Fue desconcertante. Dicen que avanz por el pasillo entre las mesas y un silencio que podra haberse cortado con un cuchillo. Su actitud era de total naturalidad y di los buenos das a todos. Como siempre. Se sent en su mesa, descarg el correo electrnico y comenz a recibir las llamadas habituales. Nadie le dijo nada. A las diez y media, tras una hora y media trabajando, lo llam el jefe de personal.

Al jefe de personal le anteceda su fama de hijo de la Gran Puta, digo le anteceda porque tras la fama, llegaba el hijo de la Gran Puta de carne y hueso, no el rumor. Ese mismo hijo de la Gran Puta, tres semanas antes de todo esto, se haba cepillado a tres empleados que haban alargado sus cigarrillos un poco ms de la cuenta.

Tras pasar una media hora reunido con el jefe de personal en su despacho volvi a su puesto de trabajo y finaliz la jornada con total normalidad, con total normalidad pero en pelotas.

La gente hizo apuestas y surgieron todo tipo de rumores sobre el tiempo de vida que le quedaba en la empresa. No lo ha echado del tirn porque estamos cerrando los presupuestos -, le escuche decir a uno en el ascensor.

A la maana siguiente la expectacin era enorme, imagnense. l lleg en gabardina tal y como haba llegado el da anterior, la colg en el perchero y camin hacia su puesto de trabajo dando los buenos das, tal y como haca siempre. Iba vestido con una camisa, corbata y nada ms. Elegante, iba realmente elegante -, comentaban por los pasillos.

Cuando pasadas unas semanas regres a la planta segunda, en donde l trabajaba, volvimos a nuestras habituales charlas. Obviamente la curiosidad me desbordaba pero no quera parecer ansioso por saber qu era lo que le haba empujado a traspasar desnudo la frontera del umbral de su casa, y sobre todo, qu es lo que haba ocurrido en el despacho del jefe de personal.

En nuestras primeras e intranscendentes charlas de entonces, sobre ftbol, poltica y cosas as, me sorprendi la increble naturalidad con la que actuaba camino del caf, o en el ascensor, era como si fuera vestido, como si considerara lo ms normal del mundo ir por la empresa desnudo de cintura para abajo. Adems conforme pasaba el tiempo los cuchicheos, risitas y comentarios decrecan para centrarse en otros blancos de la actualidad corporativa.

Un da le pregunt abiertamente qu era lo que le haba dicho el jefe de personal el da en que lo llamo a su despacho. Me respondi que eso era una informacin profesionalmente confidencial, pero que, personalmente, me lo contara si le prometa discrecin. Se lo promet. Me dijo, para mi sorpresa, que el jefe de personal lo llam para ofrecerle un ascenso, un puesto de bastante responsabilidad: Creemos que ha demostrado usted con creces que est capacitado para el puesto, y la empresa ha decidido proponrselo a usted antes que contratar a alguien externo -, le dijo el jefe de personal. Me cont que ya se estaba preparando con algo de formacin especfica y que en breve lo trasladaran a una de las ltimas plantas. Yo me alegr mucho por l y le di la enhorabuena. No pude evitar expresarle mi sorpresa por su respuesta y preguntarle si el jefe de personal no le haba dicho nada por ir desnudo a trabajar. Su respuesta me sorprendi aun ms si cabe: – Hay mucha complicidad cuando dos naturistas se encuentran vestidos fuera del camping, lo nico, me recomend que desde ese momento en adelante procurara llevar corbata por la responsabilidad que conlleva el puesto. No me importa llevarla, t ya sabes como funcionan estas cosas -.

20 October, 2006
Enfrascado en La tentacion de Carla, Tendencias en un frasco
enfrascado por alexqk / Comentarios (4)

Necesito publicidad.

Siempre pens, – claramente no es idea ma, la mam de algn libro, charla, artculo o profesor -, que la publicidad era un reflejo de la sociedad a la que iba dirigida. Ahora que se ha puesto de moda esto de la segmentacin e incluso la micro-segmentacin (dividir a los borregos en pequeos grupos con cosas comunes como: de clase media-baja, nivel de renta alta o muy alta, urbanita, es cliente fiel o potencial cliente, etc…) podra decirse que los anuncios son el reflejo del grupo de personas al que van dirigido.

Yo no veo la tele apenas, – hay muy pocos confesos porque la tele es una mierda que ablanda el cerebro – pero las escasas veces en que la veo juego a tratar de identificar al grupo de personas al que van dirigidos los anuncios y trato de encajar el perfil esbozado en apenas treinta segundos, con el de alguno de mis conocidos o familiares. Es divertido, prubenlo, los interminables intervalos entre trozo de pelcula y trozo de pelcula se le harn ms cortos.

Una vez diseccionados algunos de mis hbitos de consumo catdico, les quera yo hablar sobre algunos anuncios que acontecen estos das en nuestras pantallas de manera ms o menos incisiva y que no termino de pillar.

En uno de ellos, uno de un monovolumen ese nuevo trmino -, un elefantito juega en la parte de atrs con los dos hijos de un matrimonio feliz; canta, re, echa agua por la trompa y come chicle. Al final del anuncio toda esa alegra se desmorona como el que despierta de golpe de un sueo agradable y se ve al elefante triste, encerrado en un camin de transporte a la misma altura del coche. Los nios lo miran desde la ventanilla. Una voz as medio guasona nos pregunta: -dnde estara mejor que un monovolumen? La respuesta es clara seores: en la puta selva, que es dnde deben de estar.

Creo que me he obturado con este anuncio. Entiendo que ir destinado a padres de familia que quieren ser felices y necesitan espacio para llevar a sus retoos al Opcin o al Zoo los fines de semana adems de contar con un vehculo verstil para desplazarse a trabajar, y que lo van a conseguir con el monovolumen, y todo ser fiesta y alegra. Obviar que el uso de los automviles contamina, lo que provoca enfermedades respiratorias que degeneran en una peor calidad de vida y muertes en las grandes ciudades, o que alenta el efecto invernadero y el calentamiento global, – eso que est ah, y que nos la suda -, muertes en accidentes de trfico, contaminacin acstica, estrs, etc. Todo eso lo obviar, pero que un elefante est mejor en un monovolumen que en la jodida selva no se lo cree ni Fernando Alonso.

Otro que me ha obturado es el de un nuevo producto para hacer ms bellas tus axilas, – me vendrn tambin con el de la baba de caracol, pero ese es tan de coa que no me lo tomo en serio -, si, cmo lo oyen!, una firma de cosmticos est lanzando no se qu potingue que hace ms bellas tus axilas. Hasta que vi el anuncio yo nunca me haba planteado lo de la belleza de las axilas, as de manera especfica, quiero decir, obviamente forman parte de un todo y como tal pueden restar o sumar a la hora de hacer una valoracin sobre la belleza de una persona, pero as de manera especfica nunca. Investigando un poco, – no mucho -, descubro que por lo visto hay un problema cosmtico llamado el oscurecimiento de las axilas, consiste en que en algn momento de la existencia de un ser humano, las axilas se le oscurecen. Es por ello que el nclito occidental consumista ha creado un producto para paliar este efecto. Yo me pregunto en que escaln de la pirmide de Maslow que por cierto la estn utilizando en el anuncio de una petrolera, esas a las que dan de comer los pardillos de los monovolmenes podramos colocar la necesidad de que no se nos oscurezcan las axilas. Posiblemente muchos cimentaran su pirmide con que no se me oscurezcan los sobacos pero yo no podr entenderlo ni compartirlo nunca.

Nos estamos volviendo todos locos.

11 October, 2006
Enfrascado en Odioso Progreso
enfrascado por alexqk / Comentarios (13)

Organización de los armarios. Final.

(Ir al inicio de la historia)

Estaba exhausto y ca enfermo, las fiebres me carcoman entre mareas de letras y combinaciones de nmeros. Senta que iba a perecer sin resolver el misterio de las voces y entre escalofros y delirios analic el armario por dentro y por fuera, palpando cada palmo de puerta, de cajn, en busca de alguna inscripcin, de alguna marca, de alguna seal que desvelara el misterio. Era un armario pequeito en el que apenas me entraba toda la ropa. Tena un tabique interior que estaba un poco combado debido a la humedad. Yo era desordenado por naturaleza y mis prendas de vestir se almacenaban ms que amontonadas en su interior.

En un ataque de orden, sin duda provocado por la alta fiebre, decid ordenar la ropa. La saqu toda a brazadas, como el que nada a mariposa, y la lanc sobre la cama con el fin doblarla en condiciones, bien doblada, pens, seguro que gano en espacio y comodidad a la hora de encontrar las cosas. Tambin me sera ms fcil administrar y asignar las escasas perchas para aquellas prendas que lo necesitasen. Y me puse a ello con movimientos casi delirantes.

Descubr que contaba con cuatro trajes, ocho pantalones entre vaqueros y de deportes, quince camisas, para traje, diecises camisetas, entre ellas una verde con el mensaje limpiemos la atmsfera que crea perdida y veintitrs mudas entre calzoncillos y pares de calcetines. No poda dar crdito. por un momento me baj incluso la fiebre. Pero aun me faltaba un nmero, el 42. No llegu a contarlas bien porque muchas echaron a volar, pero podra jurar que de entre toda mi ropa surgieron por lo menos 42 polillas del tamao de una moneda de cincuenta cntimos.

Ms tarde, analizando los desperfectos cont 108 agujeros distribuidos entre todas mis prendas.

6 October, 2006
Enfrascado en La tentacion de Carla
enfrascado por alexqk / Comentarios (4)

Organización de los armarios. Los números.

(Ir al inicio de la historia)

A partir de entonces comenc a calcular y calcular como si en el interior de mi cerebro hubiera una calculadora solar en mitad de un desierto de nmeros. Qu podra ser y significar aquella secuencia nmeros. Le daba vueltas y vueltas. Ocho es el doble de cuatro, y diecisis el doble de ocho y quince uno menos de diecisis y que est colocado justamente en el lugar anterior, pero luego con el veintitrs y el cuarenta y dos no llegaba a ningn sitio por ese camino.

En una autentica orga de nmeros trat de encontrar alguna pauta, un patrn con el que guiarme en la constelacin de nmeros, algo que me llevara hacia el final del pasillo. La tabla del cuatro encajaba bastante bien.
Cuatro. Cuatro multiplicado por dos eran ocho. Cuatro multiplicado por tres ms tres eran quince. Cuatro por cuatro diecisis. Cuatro por cinco ms tres eran veintitrs y por ltimo cuatro por seis eran veinticuatro, colocando sus cifras al revs tena el cuarenta y dos. Pero eso no me deca nada.

La suma de las cifras era 108 pero a mi ese nmero no me deca nada. Investigu acerca de ese nmero en mi entorno cotidiano. Saba que la 108 era una lnea de autobuses municipales, recorra una zona de la ciudad por la que yo no sola moverme y no lo haba cogido nunca. Intent encajar la cifra con paradas de metro semanales por las que pasaba y cosas as, pero no lograba relacionar el 108 con absolutamente nada salvo con un anuncio de unas lneas telefnicas de informacin. El ciento ocho eran sus tres primeras cifras. Desesperado llam a las lneas de informacin preguntando por el nmero 108. La agradable voz de la seorita que me atendi no supo que contestarme.

(Continua en…)

4 October, 2006
Enfrascado en La tentacion de Carla
enfrascado por alexqk / Comentarios (0)

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