Otra vez con las manos sobre el teclado y ese sonido mecnico y regular de las teclas que se hunden, como las patas de un insecto que se mueve rpido y con pausas cortas. He intentado dormir pero me ha sido imposible, mi cerebro es un hervidero, un enjambre histrico y frentico por convertirse en letras, slabas, palabras, frases e historias. Es una obsesin por narrarlo todo que no puedo controlar y que me levanta en mitad de la noche, que interrumpe mi existencia continuamente para narrar la de otros.
Vivo pegado a una libreta en la que anoto todo lo que se me ocurre en cualquier momento y en cualquier lugar, voy en el autobs y me viene el impulso irrefrenable de anotar ideas sobre algn personaje, los rasgos de alguien peculiar que espera en una parada, ancdotas urbanas que encajan con mis historias, y de la nota paso al prrafo y as al relato corto, y ah atrs queda mi parada y termino bajndome en un lugar de la ciudad en el que nunca he estado, pienso que lo que me ha ocurrido da para una historia y me siento en un banco a escribirlo en la libreta hasta que esta se queda sin hojas y sigo escribiendo encima de lo que escrib anteriormente.
Ya no se quin soy, me confundo con los personajes de las historias, escritas las unas sobre las otras en las pginas de mi libreta, mecanografiadas sobre un teclado de plstico, como el reptar de un insecto, me he perdido entre las letras, las slabas, las palabras y los prrafos.
Me siento ante la pantalla del ordenador, otra vez el abismo de la hoja en blanco, ese abismo es un reflejo de mi cerebro carente de ideas, de mi pluma vaga. La culpa es de este calor me digo -, es como si llevara una coraza de plomo que no me dejara moverme. Aun as soy terco y lo intento, durante das. A veces voy en el autobs escuchando algn grupo anglosajn del momento y un hilo fino y dbil se me aparece, como la silueta de algo efmero, pero en cuanto tiro de l, en cuanto intento ir dndole forma se desvanece y como lleg se va, y yo me pierdo en otras cosas, en la maraa de obligaciones y preocupaciones del mundo real y en las calles vacas de gente. Entonces utilizo el viejo recurso de escribir sobre que no tengo nada sobre lo que escribir, y es como si la hoja en blanco se llenara a su vez de otra hoja en blanco, y en vez de tener que enfrentarme a una tengo que enfrentarme a dos.
Al final logro dejarme llevar, como el que entra en una rutina que no quiere y termina adquiriendo un hbito, y los dedos parecen pulsar las teclas solos, y la sensacin de que el yo ficticio que se enfrenta a la hoja en blanco dentro de mi hoja en blanco es como un ttere conectado a mis dedos aumenta con cada pulsacin. Puedo controlar a mi marioneta a placer y la ordeno que escriba, que escriba sin parar, que llene hojas y hojas con historias de mariposas que invaden ciudades y de mosquitos que transmiten la codicia.