Nada.
Me pareca que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar y otros para mirar la vida. Yo tena un pequeo y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de l. Imposible liberarme. Una tremenda congoja fue para mi lo nico real en aquellos momentos.
Leo “Nada” de Carmen Laforet, que fue la primera ganadora del premio Nadal.
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Pues es una maravilla de libro. La primera vez que lo le (curiosamente lo le dos veces, no s por qu) me mantuve un tanto esceptica; la segunda vez, me maravill. Disfruta mucho de la lectura.
Enfrascado por Miss Guisante — 10 March, 2005 5:40 pm
una gran obra….disfruta
Enfrascado por encaja2 — 11 March, 2005 9:40 am
a veces una se siente as, pero afortunadamente no durante toda la representacin.
Enfrascado por lu — 11 March, 2005 11:45 am
mejor llorar y no ser que ser y no llorar.
[entendiendo la congoja como un mal necesario]
Enfrascado por rafa — 11 March, 2005 12:32 pm
Me ha enganchado el primer prrafo, la pondr en mi lista de pendientes.
:)
Enfrascado por fuzzy — 11 March, 2005 2:09 pm
gracias por la recomendacin, ahora estoy leyendo uno pero lo pongo en pendientes …
Bss
Siona
Enfrascado por Siona — 11 March, 2005 2:16 pm
Tengo el libro… no le habia prestado atencin. Soy un poco bruto. Pero tus palabras me han capturado la atencion. me ha picado la curiosidad y por ende comenzare a leerlo hoy.
BESOS y gracias.
Enfrascado por Malefico — 11 March, 2005 3:39 pm
Carmen Laforet fue una valiente escribiendo este libro ahora este hecho nos parece raro incluso orlo pero es as, la protagonista mujer aparca en Barcelona en casa de sus familiares excntricos que a ella misma la ven demasiado moderna a la vez. Es un retrato bien elaborado, es un relato rompebarreras, que en algunos casos pudo quedarse en nada, no en el de esta novelita.
Recominedo DIARIO DE UNA MAESTRA, de dolores medio.
Enfrascado por Ana — 11 March, 2005 3:58 pm
Llevo 6 horas de prcticas y ahora mismo estoy escribiendo en el ordenador del profesor mientras mis alumnos estn intentando averiguar qu es un marketplace… Me ha dado un bajn de glucosa porque he comido mal y me estoy hinchando entre explicacin y explicacin a caramelitos de violeta.
Supongo que yo soy de las que ha nacido para trabajar. Qu coazo
Enfrascado por 3a — 11 March, 2005 8:11 pm
gran libro, si…
he llorado con l
un saludo
Enfrascado por drenched — 12 March, 2005 4:18 pm
Un libro buensimo.
Un abrazo!
Enfrascado por POLEDRA — 13 March, 2005 5:08 pm
El caso es que he ledo ese libro, pero me falla la memoria del todo, as que tomo nota y lo releo, gracias por recordrmelo :*
Enfrascado por Moonsa — 14 March, 2005 2:09 pm
un gran libro. aunque un poco deprimente, no??
Enfrascado por isabelitiya — 20 March, 2005 1:43 pm
La vecina del tico sali de su piso, cerr la puerta, puls el botn del ascensor, pero no acudi porque se hallaba ocupado. Esper con paciencia la liberacin del aparato cautivo, fue intil, se encontraba en las frreas manos de las comadres del tercero que, una en el interior y otra fuera, hablaban de sus cosas. Suspir la del tico. Los pisos sumaban siete y la escalera no era buena. Se encomend a dios, maldijo al diablo y comenz a bajar por los gastados escalones. En la planta sexta, la primera debajo de la suya, se corri un poco la cortina de una de las ventanas del patio comunal. Don Lus agazapado tras el marco asom la nariz y sus ojos lascivos, la del tico se percat, se ajust las prendas y pas altiva. Don Lus atendi al reto y puso manos a la obra, detrs del cristal adquiri la naricilla del hombre cierto movimiento repetitivo. La del tico sobrecogida por semejante descaro perdi altivez y compostura. Trot por el rellano abalanzndose sobre el siguiente tramo de escalera llegando al quinto sin novedad.
De camino al cuarto, con el corazn en la boca todava, top con la portera que se afanaba laboriosa en la limpieza con cubo y fregona. Se exclam mucho la portera, se persign, seal con tristeza el suelo mojado, dijo lo mucho que trabajaba, y a su edad. Habl entre gritos y sollozos mientras mova vigorosamente el palo mocho escaleras arriba, haciendo retroceder a la del tico hasta el rellano del quinto. La del tico arrollada se dej llevar. Se tom un respiro para olvidar a Don Lus y de paso ver si el ascensor estaba libre, pero se encontraba tan atrapado como ella, sujeta al parloteo de la portera y a un suelo que no se secaba nunca.
Despus de un buen rato sin poder zafar la tenaza de la fregata se abri una puerta del piso desde la que sali un muchacho, hijo de los dueos de la vivienda, para atender sus asuntos. Escondido detrs del largo cabello que colgaba delante de su cara, se col entre las dos mujeres escabullndose escaleras abajo siendo perseguido de inmediato por la portera que lo calificaba como greudo, hippi, y hombre de las cavernas.
As, por fin, qued sola la vecina del tico, quien retom su camino aturdida por la chchara y sintindose culpable por pisar el, ya no saba si seco o mojado, suelo de la escalera. En la cuarta planta camino despejado, slo el cubo con el agua para fregar de la portera, pero no continu, el indicador del ascensor se ilumin anunciando su libertad de uso. La del tico, atnita, se abalanz sobre el botn apretndolo triunfante, el ascensor, fiel, acudi a la llamada. Todava sorprendida y ansiosa por alcanzar la intimidad del interior del camarn, cometi el descuido de enganchar el asa de su bolso a un saliente derramando todo el contenido. Fastidiada, pero sumergida en el placer de disponer del ascensor, empez a recoger los objetos.
Unas palmadas frenticas contra chapa metlica la extrajeron de golpe del embrujo. Las palmadas se acompaaban de agudos gritos reclamando el ascensor, la del tico se apremi en recoger sus cosas, pero la llamada era cada vez ms insistente, la voz ms fuerte y crispada quebrndose en cada repeticin. Con las palmadas en la chapa restallando en sus odos la del tico se mare, un calor sofocante le cubri la cara, le temblaban las manos, el pulso se aceler. Los objetos desparramados eran legin, a la del tico le pareci que se reproducan. Resolvi empujarlos todos dentro del ascensor. Cerr las puertas y sin poder evitarlo el aparato acudi al piso inferior. La del tico, de rodillas, recogiendo sus cosas contempl impotente la entrada de la comadre del tercero cargada con un cesto de ropa hmeda. Desde lo alto, la cara de la comadre era una mscara de reprobacin. La del tico, azorada, aturdida, al borde de la nausea, se disculp con un murmullo y la comadre puls el botn de destino al tico con indolencia. La vecina del tico casi llora al darse cuenta de que no se diriga a la planta baja. Recolectaba sin orden sus cosas, a puados, devolvindolas al bolso. Se levant al terminar golpeando con violencia su cabeza contra el cesto de la ropa que la comadre iba a tender a la azotea. Lleg el elevador a destino, sali la del tercero, entr la portera, pero no cerr las puertas porque tena que limpiar y desaloj a la del tico echndola al rellano.
Otra vez en el umbral de su descenso, agotada, asombrada por la ubicuidad de la portera la del tico reinici la bajada. Los ojos como platos de Don Lus jubiloso por la inesperada repeticin volvieron a descomponerla. En el quinto, contempl con admiracin el suelo mojado, recin fregado por la portera. Ya no tuvo paciencia para esperar, camin con las puntas de los pies a grandes zancadas para dejar pocas marcas. La del tico resbal, dio de bruces en el suelo y se empap el vestido. Con la mejilla pegada en el piso vio el mrmol brillante por el agua, obra de aquella mujer, la portera, seguramente el inagotable desdoblamiento de algn ser mitolgico. Se la imagin corriendo y saltando, limpiando y fregando, multiplicndose por la escalera a su paso. La del tico ri y cada carcajada era mayor que la anterior. Mientras rea se arrastraba a gatas, se dej deslizar hasta llegar a la cuarta planta y no paraba de rer.
En el cuarto, el padre del joven del pelo largo que para salir a la calle tambin a ocuparse de sus cosas esperaba el ascensor, la vio aparecer mojada, sucia, despeinada, tirada en el suelo, y ella mirndole a l an ri ms. Quera decirle que jams podra subir al ascensor, pero las convulsiones de su cuerpo se lo impedan. Se levant con el brazo extendido, diciendo que no con el ndice, y su risa era estrepitosa. Caminaba desorientada, buscando el siguiente tramo de escalera desde el cual apareci la otra comadre del tercero que quera saber lo que pasaba, y la del tico al verla grit, un solo sonido corto y desgarrado. Sus ojos giraron en las cuencas, se llev una mano a la boca desencajada. El padre del joven se acerc para auxiliarla, pero ya no era necesario, la del tico bajaba, por fin descenda. Not cerca su destino, por el hueco del patio comunal, sin impedimentos.
Nada se interpona entre ella y el final del camino. Se sinti tranquila, ms feliz segn iba dejando atrs cada piso: tercero, segundo, primero…
Enfrascado por El cónsul honorario — 12 April, 2005 4:40 pm
Tu ser grande y … odiador!!
Saludos!!
Enfrascado por Steam Man — 13 April, 2005 1:56 pm