Encaramado en el palo mayor del barco, Gerardo Overton llen de aire sus inmensos pulmones con una aspiracin tan brutal, que estos se expandieron hasta el extremo de su elica gentica, desencajando su caja torcica hasta los lmites de su increble elasticidad.
Largos minutos dur el proceso en los que el capitn aprovech para realizar y ordenar los ajustes necesarios en la nave, a la par que los ltimos pasajeros se amarraban y pertrechaban a la estructura.
Cuando todo estuvo listo para la maniobra, el contramaestre de cubierta grit con firme voz la nueva y el testigo se trasmiti de garganta en garganta por todas las dependencias con la eficacia acstica de un perfecto engranaje.
Una vez escuchada la inequvoca seal, gran parte de la masa muscular de los respetables pasajeros gan en rigidez, aflorando los sudores e incluso los temblores provocados por el vrtigo incipiente del cercano vuelo. De ms de una pamela o sombrero de copa se escapaban pensamientos catastrficos ante la posibilidad de un infortunado percance, de un error de clculo en la direccin e intensidad del viento o de algn inoportuno arrecife en mitad del amerizaje del casi astronutico navo.
Eran ya sus costillas afiladas amenazas para la piel de su pecho, y creciente la sensacin de urgencia que provocaba en l la inminencia del propio estallido, cuando Gerardo Overton escuch la ansiada seal de lanzad la nave! emitida por el acongojado asistente de mstil que abrazado con piernas, brazos y alma a la imponente verga, se acordaba con nostalgia de la madre que lo pari, de sus ltimos romances en tierra firme y de unas marineras promesas de amor, que echaran a volar en cuanto arribaran al prximo puerto tan rpidamente como iba a hacerlo l mismo, en breves instantes, encaramado a treinta metros de la cubierta.
Fue como una explosin de sonido y viento, como un sonoro huracn unidireccional que atac con fuerza la vela mayor e impuls al buque directamente hacia la lnea del horizonte. Esta pareci curvarse en sus extremos y envolver al barco mientras este planeaba ora por el agua ora por el aire, provocando crculos de ondas concntricas en la superficie del ocano cada vez que el casco del navo apenas rozaba el agua para salir despedido de nuevo hacia la atmsfera.
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brutal… da vrtigo
Enfrascado por a.k.a. — 24 May, 2005 8:32 pm
Enfrascado por scape95 — 24 May, 2005 9:12 pm
Anda! haba puesto “” y no ha salido! :)
Enfrascado por scape95 — 24 May, 2005 9:13 pm
Ummm… entendido, no se pueden repetir los signos de admiracin. Jo….
Enfrascado por scape95 — 24 May, 2005 9:15 pm
El Seor Overton debera alquilarse como moto acutica. Slo necesitara una tabla lo suficientemente ancha para un pasajero y l, subirse a ella, y en posicin decbito prono alzar las pantorrillas para que el pasajero las tomara y pudiera conducir, aspirar como slo l sabe hacer, hundir la cabeza en el agua y…..
A ganar dinero!
Enfrascado por mox — 25 May, 2005 11:54 am
Gerardo Overton siempre tuvo este don, inclusive desde chiquillo, cuando ello le signifcaba un problema al estampar las tortas de cumpleaos contra las paredes al momento de soplar las velitas.
Un placer leerlo, como siempre.
Salutes
Enfrascado por juanba — 26 May, 2005 12:17 am