Warren Dodge no necesitaba dormir. Salvo por eso todo en su vida era normal. Tena cuarenta y siete aos, estaba casado y tena dos nios. Trabajaba como contable para una gran empresa y viva cmodamente en un tranquilo barrio residencial. Al principio lo mantuvo en secreto. Un da comenz a no tener sueo, a no necesitar acostarse. Caa la noche y l segua activo. Se acostaba como las personas normales pero pronto sala de la cama y paseaba por su casa, a oscuras y en silencio para no despertar a su familia. Recorra los pasillos, el saln, la cocina y a veces sala a la terraza a contemplar las luces de la ciudad. Con el tiempo fue difcil esconderlo de su esposa pero, pese a las insistencias de esta, no quiso ponerse en manos de ningn especialista, l no se senta cansado ni enfermo.
Se senta aburrido. La casa se le qued pequea, as que comenz a pasear por las calles circundantes hasta que el barrio se le qued pequeo tambin, harto de las mismas aceras, de los mismos jardines, Warren comenz a explorar la ciudad por la noches. Deambulaba caminando pausadamente por las calles solitarias, bajo la luz de las farolas, como una sombra silenciosa, aorando el da y la actividad de este.
Con el paso del tiempo Warren conoci ms personas como l. De vez en cuando se juntaban en algn parque del centro para charlar o en algn bar abierto a horas intempestivas para jugar al billar y beber cerveza. Gracias a uno de sus amigos nocturnos consigui un trabajo como encargado de una lavandera que abra las veinticuatro horas. Una noche entr Jodie Harper cargada con una gran bolsa de ropa sucia y sus noches cambiaron para siempre.
Jodie era tres aos menor que l, estaba casada, tena una hija de diecisiete aos y llevaba un par de aos sin dormir. Ambos decidieron rehacer su vida nocturna. Alquilaron un pequeo apartamento donde pasaban juntos las noches en las que Warren libraba en la lavandera. Fueron tan felices y se sintieron tan dichosos que a ambos comenz a retornarles el sueo, pero justo cuando las luces de la ciudad comenzaban a apagarse, justo en las horas en las que el sol comenzaba a iluminar las calles, los parques y los nuevos das.
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Porque no, digo, un cambio de vida conllevara a nuevas situaciones ya vividas…
Saludos
El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra
Enfrascado por El Enigma — 6 September, 2005 12:10 am
insomnes, otro mundo, otros dias.
Enfrascado por fuzzita — 6 September, 2005 10:43 am
Facinante…
Enfrascado por scape95 — 6 September, 2005 6:20 pm
o sea, faScinante (ejem)
Enfrascado por scape95 — 6 September, 2005 6:20 pm
Tengo un gran dilema. No aprovechamos bien las 24 horas del dia, porque casi 8 de ellas las dedicamos a dormir… preferiria ser insomne.
Pero por otro lado, encuentro en el dormir un inmenso placer.
Zzzzz….
Enfrascado por Auanbabuluba Balambambu — 6 September, 2005 7:11 pm
ay pero… qu bien! Me ha encantado. Gracias mil!!
Enfrascado por po — 7 September, 2005 10:41 pm
Ya el ttulo me atrajo (basta ver mi sobrenombre habitual que he puesto aqu mismo). Tras leerlo solo puedo decir que tengo buena intuicin, pues el cuento me gust mucho.
Enfrascado por Insomnio — 8 September, 2005 2:18 am
Pues… repetimos: fascinante.
Enfrascado por ladesordenada — 11 September, 2005 9:55 pm
Ser felices es encontrar nuestro propio ritmo.
Enfrascado por Nuala — 12 September, 2005 3:12 am
A veces cuando estoy delante del ordenador y se me cierran los ojos deseara ser insomne
Enfrascado por angeladini — 17 September, 2005 3:20 pm