Irene Braxton no poda entender que haca en mitad de aquella avenida. Haca memoria una y otra vez sin recordar. Se haba levantado sobre las siete y media como todos los das, haba entrado en el cuarto de bao para darse una ducha y asearse, se haba puesto un traje de chaqueta porque ese da tena una reunin importante, haba entrado en la cocina a comer algo y desde ese momento no recordaba nada ms.
Ahora estaba de pie, muy quieta. Tena los brazos estirados a lo largo de sus costados, con las manos extendidas sobre la mitad de sus muslos. Miraba al suelo, a sus propios pies rodeados de csped. Calzaba sus sandalias de verano, eran de colores vivos y permitan ver sus pies prcticamente desnudos. Llevaba puesto su vestido de verano verde. Era de un tejido fino y suave, de una sola pieza, con unos ligeros tirantes que dejaban al aire los hombros y parte de la espalda. Terminaba en una falda que le llegaba por encima de las rodillas. Tena fro. El da era ms bien nublado y amenazaba lluvia. El viento soplaba en rfagas suaves aunque fras, claramente no era verano. Estaba en la mediana ajardinada de una gran avenida, en una ciudad que no conoca o en la que tena la certeza de no haber estado nunca, se senta desorientada, completamente perdida.
Comenz a caminar esquivando varios rboles y decidi cruzar la calzada por la que apenas circulaban vehculos. Alcanz la acera y avanz unos setenta metros junto a un edificio enorme y gris, y sobrepas varios portales sombros. Se cruz con un seor e intent preguntarle dnde estaba, el nombre de la ciudad, pero le replico en un idioma extrao y sigui caminando aceleradamente. Irene se qued mirando al seor alejarse y comenz a tiritar de fro.
Continu caminando, sin cruzarse con nadie, hasta que se desvi por una calle a la izquierda. La calle avanzaba unos metros y conduca, pasando bajo un arco, a una travesa empedrada. De la travesa nacan multitud de callejuelas estrechas, algunas ascendan en angostas escalinatas, otras descendan suavemente, como contornendose entre esquinas redondeadas y farolillos de colores alegres. Irene pens que tomando una de las callejuelas que ascendan terminara en alguna terraza o mirador que le permitiera divisar la ciudad entera y hacerse una idea ms clara de su ubicacin, o incluso llegar a reconocerla. Escogi la calle que le pareci ms ancha y comenz a subir por escaleras y rampas empedradas.
Conforme iba ascendiendo haca ms y ms fro. El viento soplaba con ms fuerza y poda escucharse su silbido cuando acariciaba las esquinas y recovecos. Haca ya casi una hora que haba comenzado a subir y la calle se haba dividido en decenas de calles ms pequeas que surgan a la derecha o a la izquierda indistintamente, a veces, se bifurcaba o simplemente giraba de manera brusca. Subi y subi hasta que en un momento dado fue tal la cantidad de bifurcaciones, desvos, encrucijadas y requiebros, que comenz a ponerse nerviosa y a correr por callejuelas y desvos, rozando las paredes que parecan estar cada vez ms juntas. Lleg a una plaza con tres salidas, luego a una con dos y por ltimo a un callejn que acababa en una tapia de cemento liso y gris. Gir sobre sus pasos para tomar otro itinerario que le permitiera avanzar, pero el callejn ya no tena salida. Estaba rodeada por altos muros infranqueables.
Grito y grito, golpeo el cemento hasta que sus manos sangraron, intento trepar, aferrndose con las uas, increpando, pataleando, escupiendo hasta que cay rendida y sudorosa en una esquina donde se qued dormida abrazada a sus rodillas. Despert en su cama. Unas cinchas le aferraban pies y manos impidiendo el que se levantase. Al cabo de pocos minutos entr Luis, vestido con su bata blanca y luciendo una sonrisa. Sujetaba una bandeja en la que traa un zumo, un vaso de leche, unas rebanadas de pan y varios botes con pastillas y medicamentos.
– Qu tal ests Irene? le dijo, – a dnde fuiste de excursin esta noche, eh? -.Debido a los continuos ataques de spam, el sistema de comentarios no permite introducir enlaces en el cuerpo del mensaje. Lamento las molestias que esto pueda ocasionar.