El humo del tabaco

Me levanto. Todo parece indicar que ser un da normal. Lo nico que me extraa es que Graciella no est en la oficina cuando llego yo, – es extrao pienso, – ella siempre llega de los primeros. No le doy excesiva importancia y comienzo a trabajar, primero con tranquilidad pero conforme pasa el tiempo a un ritmo cada vez mayor. Siento como mi ansiedad va creciendo tambin y observo, sobre mi mesa, una enorme pila de informes y presupuestos que se inclina amenazando con desmoronarse, como una torre de Pisa de papel, erosionada por el paso de los deadlines, los plazos fernandoalonsianos y por los ajustes en el precio. No cesan de llegar correos electrnicos a mi buzn. Son de personas que me escriben siempre lo mismo: Buenas Alejandro, lo que me enviaste estaba genial, pero…, pero…, pero…. . Pero por m te puedes ir a tomar por culo, y sin peros que valgan , me digo mientras descuelgo el telfono y doy los buenos das con la sonrisa de Maribel Verd. Es la clienta del ltimo pero, que me pregunta si he recibido su correo. Le contesto que si, que acept el intrusivo acuse de recibo y que incluso le contest, al instante, acerca de su peticin (su pero) de apaar el temilla ese. No te preocupes que te apaamos el temilla ese -, fue mi respuesta. Me parece muy bien y te lo agradezco mucho, pero… .

Alrededor de las once y media Graciella no ha llegado todava. Las once y media es la hora del caf. A eso de las once y veinte mi organismo ya me est lanzando advertencias: – no pienso perdonar el caf, Alejandro. Yo decido hacerle caso hacerme caso – y dejo mi escritorio, el telfono sonando y la bandeja de entrada saturndose de correos sin leer. Entro en la pequea sala y la cafetera est vaca.
En mi oficina la gente cree que el caf se hace solo. Cuando la cafetera detecta que est baja de existencias provoca un proceso automatizado que culmina con aroma a caf recin hecho esparcindose por las salas y los despachos. Entonces la gente parece entrar en trance, abandona todo y deambula por los pasillos con la mirada extraviada, dirigindose a la cafetera como ratas siguiendo al flautista hacia el acantilado. Con el timbre de la puerta ocurre tambin un fenmeno algo especial. Slo lo escuchan unos pocos, para el resto, una vez traspasada, la puerta deja de existir, y con ella, su timbre. Es una sordera colectiva, temporal y especfica para el timbre de la empresa. El hechizo del caf se rompe cuando el caf se acaba, desde ese momento a nadie le importa ya el caf o la cafetera y los ltimos zombis, despiertan del sortilegio y vuelven a sus labores completamente indiferentes al lquido negro y amargo.

Pero claramente, el caf en mi oficina no se hace solo, lo hace Graciella o lo hago yo, y si no queda caf bajamos a la calle a comprarlo, y de paso, subimos leche, azcar y todo aquello que sea necesario. Es ya un ritual para nosotros, bajar al caf nos despeja y nos permite escapar del aire viciado de la oficina, que apesta a trabajo, a responsabilidad y a tabaco. Porque en mi oficina los hay que fuman sin parar, y con ellos, fumamos todos. Viendo el precio del tabaco podra decirse que es un gesto altruista por parte de los fumadores. Viendo los espeluznantes mensajes que aparecen en las cajetillas se trata, sin duda, de un ataque a la integridad fsica de los que no quieren fumar.

Los fumadores de mi empresa son pocos y cobardes. Se esconden todos juntos en una pequea sala y fuman nerviosos. Como si los persiguiera una banda de sicarios, como si alguien estuviera a punto de entrar con una escopeta a la sala y fuera a liarse a tiros, en plan pelcula de Quentin Tarantino.

Casi puedo verlo.

Un to elegantsimo entra en la oficina con un maletn, luciendo modales y traje de Armani. Pregunta por algn director y como no tiene cita previa le hacen esperar. Pregunta si puede encender un cigarrillo y la recepcionista le conduce amablemente a la sala de fumadores. Entra, saluda con un Buenos das caballeros.- abre el maletn, saca dos enormes pistolas plateadas y vaca sendos cargadores a quemarropa sobre los all presentes. El silbido de las balas disipa el humo del tabaco y esparce la sangre por la mesa, por los ceniceros, por la cafetera y por los cristales de las ventanas. Guarda las enormes pistolas en el maletn, sale de la sala de exfumadores, y se despide de la recepcionista con un elegante Dgale al Seor Martnez que la atencin al cliente en esta empresa deja mucho que desear Luego se marcha por dnde ha venido. Ms tarde encuentra la muerte en alguna situacin similar. Tarantino siempre cierra sus crculos.

Yo me fijo en los botones circulares del ascensor. Se van iluminando para sealar la planta por la que viajamos. Estoy de vuelta a casa y ha sido un da normal, salvo lo de Graciella, que no vino a la oficina.

En casa preparo algo de comer y me voy temprano a la cama. Intento leer algo pero me quedo dormido en seguida.

Me levanto. Todo parece indicar que ser un da normal. Al entrar en la oficina una compaera me dice que llam Graciella para decir que dejaba el trabajo y que ya no volvera.

24 October, 2005
Enfrascado en La tentacion de Carla
enfrascado por alexqk /

12 Comentarios enfrascados

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  1. S, t fate y no corras.
    Ejem.

    Enfrascado por Nuala — 24 October, 2005 7:42 pm

  2. Si ya saba yo…

    Cmo puede alguien trabajar contigo aos y aos, dejar el trabajo de la noche a la maana y t no saber nada? Irse sin despedirse de nadie. Ah se da uno cuenta de que no conocemos a nadie, aunque les veamos todos los das. Nuestras vidas en realidad ni se tocan. Y tampoco es que nos importe. Y que deprimente es todo.

    En fin, un puesto de trabajo ms. Yo hago un caf estupendo eh? :D

    Enfrascado por Nuala — 24 October, 2005 8:32 pm

  3. Bueno, ya sos el cafetero titular entonces. Ped aumento.

    En cuanto a los fumadores yo prendera fuego la sala. Como en una pelcula que vi de por all que se llama “Smoking Room”, muy buena por cierto.

    Salutes

    Enfrascado por juanba — 24 October, 2005 11:38 pm

  4. ay, me gusto tanto… besos calidos desde el sur

    Enfrascado por Graciella — 25 October, 2005 10:15 am

  5. hola
    LLevo tiempo pasando por aqui, resultas bastante adictivo, jeje, lo de hoy me gust especialmente, me suena sincero de veras, un saludo de otro lector recien salido de la sombra…

    Enfrascado por respirandobajoelagua — 25 October, 2005 12:14 pm

  6. bienvenido respirandobajoelagua!

    tu no lees desde la sombra, tu lees desde las profundidades!

    Enfrascado por alexqk — 25 October, 2005 1:08 pm

  7. de verdad se ha ido graciella?? espero que no, que cuelgues un post en el que diga que Graciella ha vuelto, feliz y sonriente, a preparar amorosa el caf para alegrar la vida a todos.

    Enfrascado por vaho en el cristal — 25 October, 2005 7:02 pm

  8. No se por qu pero me huelo a que quieres dejar el trabajo como tu amiga Graciella.
    (Conste que tambin se huele a caf y conste que Tarantino ltimamente lo hara a bases de katanas, espadas, alfanges o cimitarras – lo de acabar con los malos humos de alguna gente-.)

    Enfrascado por mox — 25 October, 2005 11:14 pm

  9. Yo dejara de trabajar mox, que no es lo mismo que dejar el trabajo, o como me dijeron el otro da, tirando de dichos populares, no es lo mismo tres metros de encaje negro que un negro te encaje tres metros.

    Enfrascado por alexqk — 26 October, 2005 6:29 pm

  10. echars de menos a Gabriela?

    un besito

    Enfrascado por fuzzita — 27 October, 2005 9:00 am

  11. Por cierto, me encanta tu blog

    Enfrascado por Gabi — 27 October, 2005 11:01 am

  12. Pues yo, un da de estos, en cuanto encuentre un trabajo que engae a primera vista, hago como Graciella con el de ahora, donde el caf no se hace solo, ni cafetera ni tazas se se lavan solas, donde azcar y leche no aparecen por generacin espontnea, donde la puerta no se abre y el telfono no se descuelga sin ayuda…ni la bandeja de papel de la impresora se autorellena, ni siquiera la luz detecta presencias para accionarse… me largar cualquier da para irme a otro sitio en que, al menos, no fumen.

    Enfrascado por fermenta — 27 October, 2005 8:32 pm

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