-Trabajando de limpia cristales se gana uno la vida muy bien , me deca el joven desde su andamio. Yo, mientras, desde el interior de mi despacho intentaba darle conversacin sin dejar de sentir el riesgo de que se precipitara al vaco en mi estomago, que se empeaba en dar vueltas y vueltas, como si fuera yo el que estuviera encaramado al andamio.
– Y no ha tenido nunca ningn percance? le pregunt interesado. Pero enseguida me di cuenta de lo estpido de mi pregunta. Si este chaval hubiera tenido algn percance no estara ahora mismo limpiando los cristales de la planta catorce de un rascacielos de oficinas me recrimin estpidamente.-Imagino que se referir a algn percance aqu en las alturas me dijo sujetndose la gorra ante una rfaga de viento que hizo tambalearse el andamio. Pues la verdad es que aqu arriba nunca me ha sucedido nada. Algn susto de vez en cuando, ya sabe, pero nunca me he cado si esa eso a lo que se refiere. Dijo divertido. – Los verdaderos percances siempre me han ocurrido cuando estoy ah abajo. Ver, mi abuelo sola llevarme de paseo por el pueblo las noches de verano, lo haca para combatir el calor y para contarme historias. Una vez me cont la historia de un amigo suyo que cazaba lobos en el monte, a mi me impresion mucho y mi abuelo me propuso ir a visitar su tumba. Yo le contest que cmo bamos a ir al cementerio por la noche, y el me dijo que no me preocupara por los cementerios, que tena que temer ms a los vivos que a los muertos. Pues esto de las alturas y los cristales es lo mismo, a la gente le parece peligroso, pero yo le aseguro que siento ms peligro cuando me encuentro entre la gente a ras de suelo que cuando estoy aqu slo, amarrado con mi arns, con mi cubo y el Cristasol.
-Yo tambin utilizo Cristasol en casa. Acert a decir.
– Pues hace usted muy bien -, me dijo, – sabe? yo que soy un profesional de esto, es el que le recomiendo a mi mujer, porque los cristales de casa son importantes, la luz debe entrar a travs de ellos e inundar el hogar. En estos edificios de oficinas tan monumentales tambin es importante la luz. –-Ver, – me dijo, – hace no mucho estuve destinado en otro edificio similar a este. All, una vez por semana me descolgaba desde la azotea, como hago en este. Recuerdo que en la planta diecinueve haba un contable al que apenas poda vrsele desde afuera ya que el cristal de la ventana de su despacho tena una autntica costra de suciedad, ya sabe, polvo, grasa, partculas de carbono del trfico rodado, insectos aplastados, la suciedad normal que queda atrapada en una cristalera a sesenta metros de altura. Los primeros das apenas se percat de mi presencia, y eso que tuve que emplearme a fondo para quitar la costra acumulada. Pasado un tiempo, estaba un da cambiando el agua del cubo para disponerme a limpiar su ventana cuando el hombre dio varios golpes en el cristal, como si llamara a una puerta, pareciera que me estuviera pidiendo permiso para entrar a mi despacho, as que yo le respond con un gesto que pasase, como dicindole que adelante. El contable result ser un seor muy educado, se llamaba Fernndez y me agradeci profundamente el que limpiara su cristal todas las semanas permitiendo el paso de luz a su despacho. Yo me sent muy halagado por sus palabras y ms halagado me sent todava cuando me cont que por culpa de los cristales sucios y la falta de luz, su estrs laboral haba aumentado, y que debido a su estrs, padeca una enfermedad intestinal terrible. –
– La vida es un tren de consecuencias,- le dije yo, – y la locomotora somos nosotros, segn vamos avanzando por la va vamos lastrando vagones, y los unos son consecuencia de los otros. Si ya tenemos el vagn de los viajeros, luego tendr que venir el portaequipajes, y luego el vagn restaurante, y as. –Yo aplaud para m la apreciacin del limpia cristales mientras lo miraba con cara de no dar crdito.
-Por lo visto, – continu, – la enfermedad se llamaba sndrome del intestino irritable o algo parecido y consista en que, debido al estrs y a otras causas desconocidas, Fernndez lograba sentir el cincuenta por ciento de sus movimientos intestinales y eso le provocaba un dolor atroz. Por lo visto las personas que no sufrimos este sndrome no logramos percibir nuestros movimientos intestinales, y eso que son nuestras tripas las que se mueven, pero Fernndez si. Imagnese lo que deba suponer para l despus de cada comida. Comenz a faltar al trabajo acumulando hasta un quince por ciento de das laborables de baja. Esto provoc (que nuevos vagones se unieran al tren) varias cosas. En primer lugar que pasara ms tiempo en casa con su mujer, pero por el contraro a lo que pudiera parecer, esto desgast su relacin conyugal. Imagino que deba estar bastante crispado debido al dolor. Y en segundo lugar, el que sus superiores se estuvieran planteando el despedirlo por el bajo rendimiento que estaba aportando a la empresa debido a sus continuas ausencias. Imagina la situacin del pobre Fernndez? Pero muerto el perro se acab la rabia. Por lo visto fue limpiar los cristales de su despacho y que la luz llegar de nuevo a su espacio de trabajo para que su enfermedad mejorara notablemente. Y eso era lo que Fernndez me agradeca con sinceridad. El que iluminara su despacho, el que redujera su estrs, el que salvara su puesto de trabajo y su matrimonio. Su vida, entiende, salv su vida.
-Es usted un hroe, un autntico hroe!, me ha dejado impresionado, le dije con sinceridad.
-Muchas gracias. Me respondi l.
-Hay una cosa que le quiero preguntar. – Le dije pasados unos instantes en los que aprovech para ordenar unos papeles. Antes me ha dicho que estaba cambiando el agua cuando Fernndez toc en la ventana, verdad?
-Efectivamente. – Me respondi l mientras comenzaba a pasar por la ventana contigua la escobilla jabonosa de arriba a abajo con una meticulosidad cirujana.
-Qu es lo que hace con el agua sucia cuando va a cambiarla por la limpia?
-Arrojarla al vaco. Es divertido, quiere verlo? Y antes de que pudiera negarme, el limpia cristales agarr el cubo lleno de agua negruzca y lo arroj al otro lado de la barandilla de su andamio al grito de agua va!.
El hecho de que el limpia cristales arrojara con total frialdad el contenido del cubo al vaco me dej anonadado en un principio y me hizo pensar, literalmente, que el limpia cristales era un hijo de la gran puta. Luego record la historia de Fernndez y comenc a verlo con ojos ms benevolentes. Cuando comenz a desternillarse de risa mientras comprobaba si haba mojado a alguien no pude evitar dejar escapar una sonrisa, y yo tambin me asom a la ventana, como un francotirador, para echar en un vistazo abajo en busca de algn agraviado.
+++
Esta historia continua aqu.
Tambin puedes descargarte la historia completa en .doc en Cristasol (completo)
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Es lo que tiene cualquier profesin, que tienen algo de angel y algo de hijo de la gran puta.
Enfrascado por launicachica — 23 May, 2006 3:20 pm
uhm, si, angel-demonio.
Yo tambin uso Cristasol.
Pero no tiro el agua sucia por la ventana, jejejeje.
Enfrascado por fuzzy — 23 May, 2006 5:39 pm
Jajajajajaja, yo tambin me hubiera asomado XD
Enfrascado por Ainé — 23 May, 2006 9:50 pm
brillante historia de alturas
Enfrascado por supernatural — 23 May, 2006 11:57 pm
Tiene razon que quizas hay menos peligro en las alturas que en el asfalto, es un filsofo ese limpia cristales. En cuanto a su reacin de tirar el cubo de agua a la calle es tener mala idea, pero me imagino que es su faceta de nio la que juega ahi. No creo que lo haga con mala idea ni pensando que es una guarrada y nada civico. Es como cuando los nios desde una ventana escupen a la calle. No crees?
Enfrascado por luciernaga — 24 May, 2006 9:19 am
Cristasol, crisol… es que no he aterrizado del todo.
Bendita benevolencia la tuya.
Enfrascado por mad — 24 May, 2006 9:53 pm
Un placer aquella caa mad!
Enfrascado por alexqk — 25 May, 2006 11:15 am
Alexqk, creo que nunca te lo he dicho, pero lo que ms me gusta de tus historias es que siempre hacen que mis pensamientos vayan en tres o cuatro direcciones diferentes al mismo tiempo.
Pensaba en lo sencillo que es a veces cambiar las cosas: basta abrir la ventana.
Y pensaba en esos lastres que arrastramos; en la diferente velocidad de locomotoras y trenes de carga.
Recordaba que una vez, hace mucho tiempo, le explique a alguien esto “los problemas son como los libros: los vas dejando en una pila, que llega a ser tan grande que un da se te cae encima. Y eso es una depresin: un montn de mierda acumulada que un da cae toda junta sobre tu cabeza. Pa habernos matao…”
Pensaba en los trabajos de verdad, esos en los que la gente se ensucia las manos; que la sabidura y el sentido comn siempre son inversamente proporcionales al escalafn. El cristalero sabe lo que dice: ah arriba est ms seguro que en la calle. Lo que ms dao nos hace son siempre las cosas y las personas que nos tocan cerca.
El mayor riesgo que uno correr siempre ser conocer al que tiene al lado, abrirle la puerta y dejarle entrar en su vida. Un amigo siempre ser ms peligroso que un enemigo. Y sin embargo siempre merece la pena correr dicho riesgo.
Se parece a aquello que recomiendan los funambulistas: no mires abajo, porque si lo haces, te caes.
As que para sobrevivir en tierra tienes que confiar. No confianza a ciegas, sino confianza con los ojos abiertos de par en par. Confiar en lo que dice tu corazn, ms que en lo que dicen tus ojos. Saltos de fe, como Lara Croft. Si dudas, pataplof. Y si te equivocas, tambin.
Finalmente pensaba que eso de tirar agua a los viandantes tena que ser muy divertido. Y que qu lstima que yo viva en un bajo. Pero que un da subo a casa de mi amiga, la del quinto, le pido un vaso de agua y compruebo empricamente. La vida es tan corta… para qu me voy a quedar con esa espinita?. :D
Y mientras escribo esto pienso que pienso demasiado, y que el que lo haga tampoco significa que tenga que martizar a los dems contando todo lo que se me pasa por el magn . Y me despido con un pensamiento final: Pienso, luego no existo. Y soy una plasta.
Enfrascado por Nuala — 25 May, 2006 12:49 pm
Tu enserio crees que alguien es asi de guay.
Enfrascado por tony — 1 June, 2006 3:06 pm