El hambre y la indiferencia

1

Pocas veces traspasa los lmites de la calle Maniche. Es una calle tranquila perpendicular a dos grandes avenidas. Le ofrece todo lo que una calle le puede ofrecer a una persona cuando la calle es su hogar. Un par de cajeros automticos, varios portales bastante cobijados y algn que otro recoveco. Un supermercado y pequeas tiendas de barrio para pasar el da pidiendo en una puerta o en otra, o comer de caducados. El chico del traje, la adolescente rubia con la cartera del colegio, la pareja de seoras mayores que siempre salen juntas a pasear, las palomas correteando aqu y all, hambre, mucha hambre y sobre todo indiferencia.

En ocasiones se le aparecen, el hambre y la indiferencia, y son como una pareja de novias que pasean cogidas de la mano, como si bailasen milimtricamente un tango callejero sobre sus cartones, o le dieran de comer con parsimonia a las palomas, arrojndoles miguitas de pan. Una miga por cada peatn que pasa y lo trata como se trata a los bolardos, a las farolas, las papeleras, los ladrillos sucios o a las tapas del alcantarillado.


2

El chico del traje llega a su casa de trabajar, cena tranquilamente con su chica en su saln, ven un rato la tele y luego se acuestan. Estn a escasos diez metros de donde est acostado el indigente, entre ellos tan slo hay unos metros de fachada, varios muros y tabiques, un portal, un telefonillo, un manojo de llaves, una hipoteca, unas letras, la comunidad, alguien que te espera en casa. Diez metros dan para aislar completamente una vida de la otra.

A la maana siguiente el chico del traje y su chica se levantan temprano, como casi siempre, desayunan, y l se marcha primero a trabajar. Baja las escaleras y sal a la calle en busca de la parada del autobs. No le ve, pero el indigente est tras unos cartones, en un recoveco.

Tras la jornada de trabajo vuelve a casa. Hoy llega l antes que la chica por lo que se pasa por el sper y por una de las tiendas del barrio (por dnde suele andar el indigente) a comprar algo para la cena, hoy le toca a l cocinar.

Sube las escaleras, abre la puerta de casa y se dirige a la cocina para guardar en la nevera las bolsas con comida. El indigente est instalado en el pasillo de su casa pero, al igual que por la maana temprano, no le ve. Pasa a escasos centmetros de sus cartones y no le ve.

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El indigente se despert esa la maana tras una mala noche: pas fro, y lo peor, miedo. Con el fro se llega a convivir, con el miedo a una paliza o a que te quemen vivo, no. Encontr la puerta del portal abierta y entr a curiosear. Mir los buzones, los nombres escritos en ellos. Se sorprendi al ver el suyo en el buzn del primero derecha. Casi haba olvidado su nombre, de no usarlo o ms bien de que no lo usaran. Pens en que sera una coincidencia, pero subi por las escaleras por curiosidad. Encontr la puerta de la derecha (y la de la izquierda) cerradas. Iba a darse la vuelta y a volver escaleras abajo cuando prob a empujar levemente la puerta de la derecha y esta se abri.

Entr, era un piso modesto en tamao pero acogedor. Dos habitaciones, una ms grande con una cama de matrimonio, la otra ms pequea, con algunas cajas y un sof cama. El saln tena un sof de dos plazas y un silln. La cocina daba al saln y era cuadrada con el frigorfico al fondo. Lo abri y encontr algo de comida, lo justo para saciar su hambre (se rompi la pareja de tango). Luego estuvo mirando aqu y all, curioseando en los cajones, probndose abrigos para el invierno, encontr todas las cosas que pudiera necesitar una persona, sin excesivos lujos, tan slo lo bsico para vestir bien.

Tambin puso la tele, haca mucho que no la vea, aunque en verano la poda escuchar a travs de las ventanas de los pisos bajos. Le gustaban los programas de entretenimiento en donde las voces de los presentadores jvenes eran alegres. Luego pas por el bao, encontr una toalla limpia colgada tras la puerta y decidi darse una ducha. Tras la ducha se sinti agotado pero no se atrevi a meterse en la cama de la habitacin ms pequea por miedo a quedarse dormido y que lo encontraran all, vulnerable. Fue a la cocina y en una bolsa encontr algunos cartones de cajas de galletas, de cereales y cosas as, tambin algunos peridicos. Luego se instal en el pasillo, sentado con la espalda apoyada en la pared, como haca en la calle.

4

– Viste mi jersey marrn? – Qu jersey marrn? – Pues mi jersey marrn, el de toda la vida. – El de toda la vida? Si hace aos que no lo utilizas. Adems est muy viejo, tienes un montn de jersis nuevos que tampoco utilizas. – Deja de hablar como mi madre, por favor. Por cierto! – dijo sonriendo con malicia y en tono de broma, – No me lo habrs tirado, verdad? – Yo no te he tirado nada, lo que si he hecho es ordenrtelo, como tengo que hacer con la mayora de tus cosas, desastre. Debera estar en el armario, o al menos recuerdo que lo dej ah -. – Pues en el armario por ms que lo busqu no d con l. – Bueno, pues ponte otro, que no pasa nada. Venga anda, vamos a desayunar que al final llegaremos tarde al trabajo.

5

Han pasado varias semanas desde que encontr abierta la puerta del primero derecha. Su vida ha mejorado. Una noche se atrevi a dormir sobre la cama de la habitacin pequea y a la maana siguiente la felicidad invadi su cuerpo. Se dio una ducha y bebi un vaso de leche en que moj dos o tres galletas muy dulces que encontr por la cocina. Luego se decidi a salir a la calle, pero descubri que necesitara una llaves (un telefonillo, un manojo de llaves, una hipoteca, unas letras, la comunidad, alguien que te espera en casa) para poder volver a entrar. Encontr unas llaves colgadas de un llavero al final del pasillo, cerca ya de la puerta. Las prob. Funcionaron.
Sali a la calle y camin lentamente, pas por delante de una de las tiendas en donde haba pasado muchas horas suplicando ayuda. Se dirigi a los contenedores de papel y cartn, rebusc hasta encontrar un diario del da anterior. Luego camin hasta una de las avenidas grandes, busc un banco al sol y se sent a leer el peridico. Cuando termin con el peridico sac de su bolsillo un pedacito de pan duro que encontr en la encimera de la cocina por la maana. Lo hizo pedacitos y dio de comer a las palomas que comenzaron a arremolinarse a sus pies.

6

– Nosotras, a veces, tambin damos de comer a las palomas. Le dice una de las mujeres, la ms mayor de las dos que siempre salen juntas a pasear. El responde con una sonrisa y continua echando migas a la acera. Es la primera vez que alguien lo habla en bastante tiempo, puede que porque su aspecto ya no sea el de un indigente (el de un bolardo, una farola, una papelera, un ladrillo sucio o a la tapa de una alcantarilla). Se ha cortado el pelo y se ha afeitado el mismo, y dormir bien le ha quitado unos cuantos aos de encima a su apariencia. Ahora sale casi a diario, a leer el peridico del da anterior, a pasear, incluso fuera de la calle Maniche y a dar de comer a las palomas.

Esa tarde, de vuelta a casa, se cruza con la adolescente rubia que vuelve del colegio y sin querer le sale un hola que la chica responde alegremente. Luego abre el portal, sube las escaleras y entra en la casa. En mitad del pasillo se encuentra al chico del traje que lo mira atnito y le pregunta: – qu diablos est usted haciendo en mi casa?

28 June, 2006
Enfrascado en Huerfanitos, Odioso Progreso
enfrascado por alexqk /

8 Comentarios enfrascados

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  1. Me encanta, pero como termina?
    Escribes muy muy bien.

    Enfrascado por luciernaga — 28 June, 2006 4:24 pm

  2. Alex, verdaderamente agradable, de veras.

    Enfrascado por hobbes — 28 June, 2006 10:27 pm

  3. Anda que han tardado en darse cuenta…

    Estoy de acuerdo con luciernaga, escribes genial :)

    Enfrascado por Ana — 28 June, 2006 10:38 pm

  4. le adopta ella?... porque l seguro que no.

    Enfrascado por mox — 2 July, 2006 12:10 am

  5. Se me antoja como una cuestin de fsica. Dos cuerpos compartiendo el mismo espacio pero en distintos tiempos.
    Adems de que escribes genial, me encantan los juegos que hay en el fondo de tus cuentos.

    Enfrascado por A. — 4 July, 2006 1:04 am

  6. Escribes muy bien, la verdad es que em quede emocionado pero la verdad es que me con el “que sigue” escribes muy bien, espero seguir visitando tus historias

    Enfrascado por Avaron — 6 July, 2006 8:19 pm

  7. Me ha gustado muchisimo.

    Enfrascado por launicachica — 11 July, 2006 12:03 pm

  8. Supongo que ste cuento tiene ms y ms imaginacin de la que parece ser habitual en ti, mi querido alex!!
    Desde luego… “entre ellos tan slo hay unos metros de fachada, varios muros y tabiques, un portal, un telefonillo, un manojo de llaves, una hipoteca, unas letras, la comunidad, alguien que te espera en casa. Diez metros dan para aislar completamente una vida de la otra”.. esta frase da como ganas de desaparecer de tu prpia casa…jaja.. Si, desapareces, pero la nostlgia de una vida luchando por ello… te devuelve a los rincones de t, a tu hogar que no deberias haber dejado… a pesar de todo.

    Enfrascado por judit — 14 September, 2006 1:20 pm

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