
A Mateo no le gusta nada el suburbano. Si alguien le pregunta no encuentra ninguna respuesta o explicacin concreta, no le gusta en general. Normalmente camina por sus tneles de luz pegajosa con una creciente sensacin claustrofbica. En aquellas estaciones en donde el tnel es profundo se agobiaba especialmente, como si el aire se fuera viciando cada vez ms, como si fuera sumergindose en una cueva submarina que se va estrechando, laberinto de tneles, pasadizos y corredores inundados de gente y que acaban en la minscula estancia que es el vagn, con sus estalactitas y estalagmitas de metal, y sus fluorescentes tintineantes al comps de los vaivenes de oruga metlica y cavernosa.
Mateo piensa que en el interior de la red de tneles las personas se transforman y ya no son personas, piensa que se convierten en alimaas adaptadas a su nuevo medio en las entraas de la ciudad y que, durante el tiempo que se desplazan por el subsuelo, olvidan el exterior y las normas de conducta de afuera. Por eso piensa que bregan por los asientos como lo haran por un vaso de agua en mitad de un desierto, y que por eso imperan los codazos, los pisotones y los cuellos estirados en busca del oxgeno fresco, de las bocanadas de aire fro. Estar dentro del vagn es la lucha por el aire no respirado por otro.
Ese da todo est especialmente colapsado. Al entrar en la estacin la gente que baja las escaleras choca con la gente que sube, como si fueran hormigas que van y vienen frenticas. En el vagn un tipo se agarra a la misma barra metlica, caliente y pringosa por el tacto de mil manos, y le echa el aliento a un palmo escaso de su rostro. Durante cuatro estaciones puede saborear el caf que desayun el tipo y siente como la humedad de su aliento le acaricia las mejillas como cuando de nio estaba febril y su madre le pasaba un pao hmedo por la frente. Caf con leche, napolitana y dientes amarillentos.
Por fin llega su estacin y las puertas se abren como una boca que vomita rutina y prisas, se zafa del tipo, y del aliento del tipo, y sale del vagn entre empujones de los que intentan entrar y los que salen ms lentos. El pasillo est abarrotado y se dispone a esperar su turno para la escalera mecnica. Van todos avanzando a pasitos cortos y a Mateo le vienen esas pelculas en las que presos de guerra demacrados, con los pies encadenados, esperan su turno para que un guardia sudoroso y malencarado vierta en sus platos un mazacote de alimento grumoso. Ya tuerce para enfilar las escaleras y cuando est a punto de comenzar a subir le vienen gritos de arriba. – Oh dios mo! -, -pero qu es lo que ocurre? -, – Se la est comiendo!, y de pronto ve como la gente que ya estaba en la escalera comienza a darse de la vuelta y a intentar bajar, pero muchos tropiezan y caen y suben irremediablemente. No puede apreciarlo muy bien pero, al final de la escalera, le parece ver como varios peldaos se han replegado en unas fauces escalonadas y metlicas, repletas de cuchillas paralelas que giran, como en un aserradero. Apenas a unos metros de las fauces, un chico joven salta por encima de la cinta de goma negra a las escaleras de cemento que discurren paralelas. Mateo lo ve claramente, cuando el joven se cree a salvo, una especie de tubo articulado gris que finaliza en una especie de garfio surge de las fauces silbando, como tanteando los alrededores en busca de algn cuerpo, golpeando las paredes del tnel estrecho, en un momento se clava en la espalda del joven, lo levanta en el aire entre gritos y lo suelta para que caiga entre las cuchillas.
La gente grita asustada pero todava hay personas en el andn que empujan ansiosas por alcanzar las escaleras y su trabajo, ajenas a la terrible bestia mecnica que despedaza a la gente y la engulle. Como consecuencia se forma un especie de avalancha que empuja a Mateo y a varias personas ms sobre los escalones de metal estriado que suben hacia las fauces. Mateo reacciona y trata de bajar por la escalera, pero algo los escalones parecen estar manchados de una mezcla entre sangre y aceite, y resbala golpendose con el borde de un peldao en un costado, lo que le deja sin respiracin y lo acerca a las fauces hacia las que avanza sin remedio.
Trata de levantarse una y otra vez pero resbala y los escalones siguen avanzando. Un poco ms arriba los gritos histricos de una estudiante le hacen volverse y observar su destino. Puede ver claramente como las cuchillas la hacen pedazos, y luego puede ver como las fauces se abren gracias a dos grandes muelles hidrulicos que rezuman aceite a borbotones y que resoplan lanzando sangre y vsceras hacia el techo y la gente que se agolpa abajo. El terror le puede, se gira y trata de reptar escaleras abajo pero siente que estas avanzan ms rpido que el pero en sentido contrario. Apenas escucha un silbido y siente un pinchazo cuando ve salir el garfio y el tentculo gris por entre su estmago. Luego se siente volar despedido. Mas tarde ya no siente nada.
* Escaleras mecnicas. Ilustracin de Ana Trello.
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Lo que ms me ha gustado es que termina bien.
Enfrascado por launicachica — 20 July, 2006 11:05 am
Mateo y sus compaeros de vagn murieron como vivieron: carne para la mquina.
Te ha quedado muy ciberpunk esta historia. :)
Enfrascado por Nuala — 20 July, 2006 1:16 pm
Ahora vas a tener que darme tu nmero de telfono para que cuando esta noche tenga una pesadilla pueda llamarte…
Enfrascado por Un hada en busca de su magia — 21 July, 2006 10:06 am
Si ya bastante horrible es coger el metro de por s. No necesita que se le aada ms horror.
Enfrascado por solodelibros — 21 July, 2006 2:53 pm
Slo comentarte que hoy estuve hablando con tu jefe y me dijo cosas muy buenas de vos.
Si es que el mundo es un pauelo…
;-)
Enfrascado por dosdedos — 28 July, 2006 12:31 am
no te creas nada dosdedos…
Enfrascado por alexqk — 28 July, 2006 7:36 am
me gusta mucho tu estilo
te leo
un saludo
Enfrascado por b — 11 August, 2006 4:15 pm
pero hay a alguien q le guste algo el suburbano???? es q no he poidod ya cn la primera frase… pq no puedo creer q haya gente q le guste o este itrado en la playa y este eoensando, a ver cuando llego a la ciudad y memonto en el suburbano!!
Enfrascado por vireta — 16 August, 2006 1:19 pm
apludo una vez mas a ana trello
Enfrascado por vireta — 16 August, 2006 1:20 pm
me encanto leer sobre mateo pude dsquitar mi ira en ese momento
Enfrascado por minerva — 25 August, 2006 12:33 am
Sinceramente, el ttulo no me deca nada. Prometa ser una lectura lenta, como las ecaleras mecnicas… siempre subo por las de piedra…, menos cuando estoy “de viaje” con mi amor, entonces nos perdemos en besos eternos…
PeeeeroooVoil. Ritmo pausado de angustias rutinarias y despus el caos. La accin trepidante de la desesperacin. Y paras en seco… Un buen movimiento.
Enfrascado por judit — 14 September, 2006 1:03 pm
Hola q tal? ya se q es un poco tarde para comentar el dibujo. estamos a 7 de diciembre yalo s. Pero en estos momentos estars con una bici q me vas a vender por el pueblo. Y yo aqui escribiendo perlitas. Bueno q me canso de esta escasa prosa potica que tengo para escribir. Ven ya!
Enfrascado por un hada en busca de su polvo — 7 December, 2006 4:30 pm