Natural naturismo

Puede que no le importara, aunque en el fondo yo creo que si. Lo que era claro es que no era el hecho de ir desnudo sino la inmensa sensacin de libertad que ello le haca sentir. Era como estar en contacto total con el exterior, sin capas, sin filtros, sin escudos. Se senta ms gil, como si su cuerpo no tuviera fronteras y fuera ms liviano, como si flotara ingrvido.

Me cont que lo que ms le haba impactado de sus primeras experiencias naturistas en un camping de la costa mediterrnea fue el hecho de que las duchas no tuvieran puertas o mamparas, – uno se duchaba a la vista de los dems y daba igual. Adems, eran comunes para hombres y mujeres, para que poner puertas o hacer clasificaciones de la desnudez si todo el mundo iba desnudo? Despus de mi primera ducha me cont – volv a mi bungalow con una increble sensacin de paz conmigo mismo, y me fij en todas aquellas personas jugando a las cartas desnudas en sus pequeos jardines, bebiendo copas de vino blanco en silencio, o leyendo sus novelas, y valor como nunca lo haba hecho un atardecer al borde del mar, sintiendo la brisa en todo mi cuerpo y vindome lejos, muy lejos de todos mis problemas -.

Ms tarde, en nuestras sucesivas charlas, me explico que haba empezado a necesitar de aquella sensacin de libertad, incluso en la ciudad, y que al principio comenz a ir desnudo por su casa. Llegaba de trabajar y lo primero que haca era ir a su habitacin y desnudarse completamente. Luego haca lo que tuviera que hacer: limpiar, cocinar, o ver la televisin. Recuerdo que discutimos sobre la excentricidad del asunto. l me argumentaba que no era para nada excntrico o inusual ya que casi todo el mundo, al llegar a casa, se pona algo cmodo, y que de ah a lo que haca l, tan slo distaba la ropa, y l estaba ms cmodo sin ella. Visto as tena que darle la razn, la comodidad ante todo, no haba nada de excntrico en buscar la comodidad. Adems cada uno en su casa hace lo que le viene en gana, – me reforzaba yo -, pero no poda evitar imaginrmelo con los testculos colgando a un par de palmos de un plato de sopa o a la altura de la plancha abrasadora.

Luego, durante una temporada nos distanciamos. A mi me sacaron temporalmente de la planta en dnde trabajbamos y me subieron varios pisos para arriba, destinado a otros proyectos. De vez en cuando nos encontrbamos en el vestbulo o en la mquina del caf de la sala de descanso, pero poco ms.

Una maana lluviosa me retras debido al trfico, cuando llegu a mi puesto un compaero me pregunt, sonrisa en boca, si no estaba al tanto de la ltima. Le respond que no. Me cont, que por lo visto, un colgado de la segunda planta haba venido en pelotas a trabajar. – Con dos cojones! -, me dijo entre carcajadas, – el to por lo visto ha llegado cubierto slo por una gabardina, iba hasta descalzo -.
Parece ser que haba decidido no limitar su desnudez al interior de su casa y se haba plantado de esa guisa en la empresa. Al principio, con la gabardina pas desapercibido, pero cuando lleg a su planta y colg la gabardina en el perchero a muchos se les atragant el primer caf. Fue desconcertante. Dicen que avanz por el pasillo entre las mesas y un silencio que podra haberse cortado con un cuchillo. Su actitud era de total naturalidad y di los buenos das a todos. Como siempre. Se sent en su mesa, descarg el correo electrnico y comenz a recibir las llamadas habituales. Nadie le dijo nada. A las diez y media, tras una hora y media trabajando, lo llam el jefe de personal.

Al jefe de personal le anteceda su fama de hijo de la Gran Puta, digo le anteceda porque tras la fama, llegaba el hijo de la Gran Puta de carne y hueso, no el rumor. Ese mismo hijo de la Gran Puta, tres semanas antes de todo esto, se haba cepillado a tres empleados que haban alargado sus cigarrillos un poco ms de la cuenta.

Tras pasar una media hora reunido con el jefe de personal en su despacho volvi a su puesto de trabajo y finaliz la jornada con total normalidad, con total normalidad pero en pelotas.

La gente hizo apuestas y surgieron todo tipo de rumores sobre el tiempo de vida que le quedaba en la empresa. No lo ha echado del tirn porque estamos cerrando los presupuestos -, le escuche decir a uno en el ascensor.

A la maana siguiente la expectacin era enorme, imagnense. l lleg en gabardina tal y como haba llegado el da anterior, la colg en el perchero y camin hacia su puesto de trabajo dando los buenos das, tal y como haca siempre. Iba vestido con una camisa, corbata y nada ms. Elegante, iba realmente elegante -, comentaban por los pasillos.

Cuando pasadas unas semanas regres a la planta segunda, en donde l trabajaba, volvimos a nuestras habituales charlas. Obviamente la curiosidad me desbordaba pero no quera parecer ansioso por saber qu era lo que le haba empujado a traspasar desnudo la frontera del umbral de su casa, y sobre todo, qu es lo que haba ocurrido en el despacho del jefe de personal.

En nuestras primeras e intranscendentes charlas de entonces, sobre ftbol, poltica y cosas as, me sorprendi la increble naturalidad con la que actuaba camino del caf, o en el ascensor, era como si fuera vestido, como si considerara lo ms normal del mundo ir por la empresa desnudo de cintura para abajo. Adems conforme pasaba el tiempo los cuchicheos, risitas y comentarios decrecan para centrarse en otros blancos de la actualidad corporativa.

Un da le pregunt abiertamente qu era lo que le haba dicho el jefe de personal el da en que lo llamo a su despacho. Me respondi que eso era una informacin profesionalmente confidencial, pero que, personalmente, me lo contara si le prometa discrecin. Se lo promet. Me dijo, para mi sorpresa, que el jefe de personal lo llam para ofrecerle un ascenso, un puesto de bastante responsabilidad: Creemos que ha demostrado usted con creces que est capacitado para el puesto, y la empresa ha decidido proponrselo a usted antes que contratar a alguien externo -, le dijo el jefe de personal. Me cont que ya se estaba preparando con algo de formacin especfica y que en breve lo trasladaran a una de las ltimas plantas. Yo me alegr mucho por l y le di la enhorabuena. No pude evitar expresarle mi sorpresa por su respuesta y preguntarle si el jefe de personal no le haba dicho nada por ir desnudo a trabajar. Su respuesta me sorprendi aun ms si cabe: – Hay mucha complicidad cuando dos naturistas se encuentran vestidos fuera del camping, lo nico, me recomend que desde ese momento en adelante procurara llevar corbata por la responsabilidad que conlleva el puesto. No me importa llevarla, t ya sabes como funcionan estas cosas -.

20 October, 2006
Enfrascado en La tentacion de Carla, Tendencias en un frasco
enfrascado por alexqk /

4 Comentarios enfrascados

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  1. Creo que se le puede sacar tanta miga al tema de las anecdotas y relaciones extraas en una oficina (trabajo en una, y vaya si las hay), como al tema del naturismo. Yo, la verdad, slo me he sentido cmoda en un sitio naturista, y fue una playa de Cadiz, en Caos de Meca, como no. Quizs fue por la naturaleza, por la amplitud, y por ir todos igual. Pero me resultara incmodo en un lugar pblico cerrado, o con la gente muy hacinada. Son ya muchos aos con trapitos pa cambiar el chip de repente y hasta incomoda ir tan “suelto” jeje.

    Enfrascado por fumatadesabores — 20 October, 2006 3:09 pm

  2. Quien no lo haya experimentado alguna vez No sabe lo que se pierde!!.
    Adems, creo que todos llevamos un naturista en potencia, y si no os lo creis, preguntaos si os baarais desnudos o vestidos en una playa tranquila, solitaria y bella solos o con vuestra pareja.
    De ah a disfrutar en compaia de otros que tambin opinan lo mismo que t hay un paso nada ms.

    Enfrascado por mox — 22 October, 2006 1:30 am

  3. Curioso relatop. Ole los cojones de ese hombre…no todo el mundo se atrevera…
    un saludo
    SaYu

    Enfrascado por sayuraka — 22 October, 2006 7:36 pm

  4. Qu gran relato! Me ha encantado, que gran personaje

    Enfrascado por txolo — 25 October, 2006 11:09 am

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