.

Me gustan los libros de detectives, me gustan porque desde la primera pgina intento resolver el caso. Ocurre que he ledo tantos que siempre lo resuelvo antes de terminar el libro as que he decidido empezar a leer los libros de detectives por el final y tratar as de resolver el principio. Cuando logre resolver los principios los comenzar a leer por la mitad y tratar de resolver los principios y los finales.

22 November, 2006
Enfrascado en Huerfanitos
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El globo de Alberto Altozano

** Gente que, de repente, vuela.

– Usted no sabe con quin est hablando seorita! , exclamaba Alberto Altozano frente a la ventanilla. Al otro lado del cristal una operaria de RENFE mascaba chicle y miraba su monitor como quien lleva horas ensimismado con un florero.

– Ese regional no existe seor, tiene uno a las diez y otro a las once, pero no hay uno a las nueve , respondi montona.

– Y si no lo hay, porqu su compaero me vendi el billete ayer? -, estall l, ponindose cada vez ms colorado.

– Pregnteselo a l respondi la taquillera entre mascada y mascada.

La indignacin de Alberto Altozano comenz a incrementase a un ritmo alarmante para los lmites fsicos de cualquier ser humano. Esto se manifestaba en su rostro, completamente fuera de s, y muy especialmente en sus mejillas y frente, tan ardientes que parecan las mismsimas ascuas del infierno.

– A usted lo que le pasa es que no folla seorita – *, exclamo apuntando a la taquillera con su dedo ndice a la par que daba golpecitos en el cristal. Y en ese mismo momento el pecho de Alberto Altozano comenz a hincharse con una bocanada de aire brutal, hasta el punto de que los botones de su inmaculada camisa blanca, saltaron despedidos contra el mostrador y en todas direcciones. Lo mismo le ocurrieron a los muslos de sus piernas y a sus brazos. Y a la par que Alberto Altozano se hinchaba e hinchaba cada vez ms, por su boca continuaban saliendo improperios contra la taquillera de RENFE y su vida sexual.

La gente que esperaba su turno tras l en la taquilla lo miraba con asombro y mucho ms en el momento en el que Alberto Altozano comenz a elevarse lentamente, como si fuera un gran zeppeln.

-Mira mam, ese seor est volando! exclamaba una nia entre risas tirando del brazo de su madre.

Alberto Altozano se elev un par de palmos sobre el suelo y comenz a voltear su cuerpo hacia la izquierda y haca atrs mientras haca ademanes con sus brazos y le gritaba a la taquillera que era una sin vergenza y una cretina. La taquillera miraba a Alberto Altozano elevarse en mitad del vestbulo de la estacin de Atocha como quien lleva horas ensimismado con un florero, mientras, la gente miraba y sealaba hacia arriba asombrada y los nios daban saltos de alegra y casi lloraban de la risa al ver como un seor gordsimo empezaba a rebotar una y otra vez contra el techo.

Cuando los bomberos lograron bajar a Alberto Altozano del techo de la estacin de Atocha, la taquillera aun mascaba su chicle sin sabor ya desde haca unas cuantas horas.
Reclamacin. Ilustracin de Ana Trello.

*Reclamacin. Ilustracin de Ana Trello

* Esta exclamacin es verdica, quiero decir, una vez en las taquillas de cercanas de la estacin de Atocha, vi como un cliente, tras una discusin desesperante le deca a un taquillero sealndole con el dedo: A ti lo que te pasa es que no follas. Me pareci realmente brillante. Por supuesto el globo de Alberto Altozano es totalmente ficticio y est dedicado al bueno de Daniel Durn.

** Javier Garca Snchez en Crtica de la razn impura ya escribi un cuento sobre un pobre hombre que un buen da ech a volar sin saber porqu. Recuerdo que en ese cuento el pobre hombre va a visitar a un especialista (si la memoria no me falla) para que diagnostique por que carajos se levantaba del suelo sin l quererlo, el especialista era extranjero y el pobre hombre tiene que coger un avin para llegar a su consulta. Cosas de la vida.

5 July, 2006
Enfrascado en Huerfanitos
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El hambre y la indiferencia

1

Pocas veces traspasa los lmites de la calle Maniche. Es una calle tranquila perpendicular a dos grandes avenidas. Le ofrece todo lo que una calle le puede ofrecer a una persona cuando la calle es su hogar. Un par de cajeros automticos, varios portales bastante cobijados y algn que otro recoveco. Un supermercado y pequeas tiendas de barrio para pasar el da pidiendo en una puerta o en otra, o comer de caducados. El chico del traje, la adolescente rubia con la cartera del colegio, la pareja de seoras mayores que siempre salen juntas a pasear, las palomas correteando aqu y all, hambre, mucha hambre y sobre todo indiferencia.

En ocasiones se le aparecen, el hambre y la indiferencia, y son como una pareja de novias que pasean cogidas de la mano, como si bailasen milimtricamente un tango callejero sobre sus cartones, o le dieran de comer con parsimonia a las palomas, arrojndoles miguitas de pan. Una miga por cada peatn que pasa y lo trata como se trata a los bolardos, a las farolas, las papeleras, los ladrillos sucios o a las tapas del alcantarillado.

(ms…)

28 June, 2006
Enfrascado en Huerfanitos, Odioso Progreso
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La salita

He participado en la estupenda iniciativa Una Imagen del blog del escritor mexicano Alberto Chimal, este es el resultado:

El suelo de la salita.

Imagen de unos albailes trabajando en el interior de una habitacin.

– Tenemos que decidir que suelo le pondremos a la salita dijo ella con voz melosa.

Al otro lado del telfono se escuch una especie de bufido y una voz cansada, que sonaba desde muy lejos le respondi: – Dejmoslo ya, por favor, acaso no puedes esperar a que regrese? Es una decisin importante, es tarde, estoy cansado y no puedo pensar en el suelo qu le pondremos a la salita.

-De acuerdo, pero promteme que ser lo primero que hagamos en cuanto llegues, comprende que no soporto ms ese asqueroso linleo.

– Te lo prometo. Me vienes a buscar al aeropuerto y sin pasar por casa nos vamos a ver al seor de lo suelos y nos tiramos toda la tarde entre muestras de baldosas, tarimas flotantes y parqus.

Se despidieron y colgaron. Ella se hizo un t y baj por las estrechas escaleras hasta la salita de la discordia. No era muy grande. Se trataba de un pequeo anexo al garaje de una casita al borde del mar. Les iba bien y la haban adquirido como segunda vivienda para las vacaciones. Ese iba a ser el primer verano que pasaran all y haba mucho trabajo que realizar. A l lo llamaron de la oficina para un tema urgente y tuvo que marchar unos das.

La casa haba pertenecido a un pintor y la salita de la discordia la haba utilizado como pequeo estudio. El pintor haba dejado varios lienzos, ellos se desprenderan de todos salvo de uno, el ms grande en el que estaba pintado el mar y el horizonte en azules clidos. Les gustaba.

La tarde siguiente l la telefone para darle la noticia de que tendra que quedarse en la ciudad varios das ms de lo esperado. A ella le sent bastante mal, a l le sent bastante peor, por eso, cuando ella mencion lo de la salita a l le sali el genio y la mand a ella y a la salita al carajo. – Me acaban de joder las vacaciones y a ti slo te preocupa el linleo de la salita, ponle t el suelo que quieras y djame de joderme ya con el suelo!

Desde que se casaron, nicamente haban discutido un par de veces, las dos por la casa. La primera por l que no quera un jardn excesivamente frondoso, nada de enredaderas y miles de plantas que les dieran trabajo, y la segunda fue por el suelo de la salita y por las vacaciones rotas.

Tras pasar una noche espantosa por el sofoco de la discusin a ella se le ocurri lo que hara. No quera volver a discutir por el suelo de la salita ni por la salita en s por lo que se desharan de ella. Tirara el muro del lado del garaje dejando un hueco bajo la casa, mantendra la pared del lienzo del mar en la pared del fondo y en el suelo plantara csped de tal manera que la salita se convertira en una prolongacin del jardn y en un ficticio mirador haca un mar siempre en calma.

Esa noche ella lo llam para comunicarle su decisin con respecto a la salita. A l le pareci una locura. Ella le respondi que era lo que quera y que lo iba a hacer. l le pidi calma y trat de convencerla de que era una locura. Ella colg.
Cuando l regres de la oficina un par de das ms tarde los albailes ya estaban trabajando en la reforma. Entonces, por primera vez discutieron de verdad y sus gritos y reproches envalentonaron las olas del mar que estaba pintado en el lienzo, el mar real tambin acompa con una marejada aquel da.

19 June, 2006
Enfrascado en Huerfanitos
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Paraguas

Araa. Ilustracin de Ana Trello.

Esta madrugada ha llovido en Madrid como nunca. Me gusta despertar abrir la ventana y ver las calles surcadas por ros rectos de fondo negro. Es como si el agua amortiguara los sonidos del trfico y todo sonara como si unos cros saltaran sobre un gran charco. Tambin me gusta el sonido de la lluvia golpear en las ventanas, es como un sonido metlico, como si cada gota de lluvia portara un pequeo perdign de plomo. Pero todo esto de la lluvia y sus sonidos es bastante manido, no creen? es posible que existan escritas tantas letras sobre la lluvia como gotas hayan cado, as que, aqu termina mi oda al manto de agua con el que nos obsequi el cielo esta madrugada ya que en realidad yo les quera contar otra cosa.

Les quera contar que hoy, por primera vez en bastantes aos, he utilizado un paraguas. A mi los paraguas siempre me han parecido un objeto un tanto intil, y eso que estn bien pensados: ocupan poco cuando deben estar almacenados, y almacenarlos no es costoso, lo que cueste un paragero (Otro objeto extrao, con diresis adems.) Su uso es sencillo, basta con abrirlo y colocarlo sobre la cabeza para que nos proteja de la lluvia (o el sol). Pero yo siempre lo consider un artefacto intil por los motivos que explicar a continuacin:

El que amenace lluvia no quiere decir que necesitemos un paraguas. Llvalo por si acaso -, me deca mi madre, – si no te molesta y a malas lo puedes utilizar como bastn -, – Y yo para que necesito un bastn si no estoy cojo? -, le responda yo. El problema es la lluvia no compliquemos las cosas, pero para que llueva debe caer agua del cielo no slo haber nubes negras.

En mi caso, en escasas ocasiones he sentido la necesidad de protegerme de la lluvia, de otras cosas si, pero de la lluvia no. No les ser difcil encontrar otras cosas ms peligrosas que cuatro gotas mal cadas. Y cuando llueve fuerte? Pues cuando llueve fuerte el paraguas o se vuela con el viento y no sirve, o si no se vuela, no evita que te mojes por ejemplo los pies, el bajo de los pantalones o, en el caso de una gran ciudad, que llegue un coche y te salpique con un charco negro al pasar junta a la acera a toda velocidad.

En este punto del escrito, seguro que estn descubriendo al defensor del paraguas que hay en su interior, y estoy casi seguro de que muchos de ustedes estarn formndo una opinin de mi persona que girar en torno a la excentricidad, el perroverdismo, el frikismo o las ansias de destacar frente a la masa (mira este gilipollas todo empapado). No les culpo, pero permtanme continuar.

Los paraguas siempre me parecieron como araas inertes, suspendidas en el aire, negras o de colores venenosos, con esas varillas delgadas como patas o tentculos cortantes. Ahora seguro que nadie teme a las araas.

Ya lo escrib en alguna ocasin, son como un arma cuando estn abiertos en lugares donde se agolpan muchas personas, lase la salida del metro o los pasos de peatones. Tus ojos peligran solo porque una seora decida proteger su permanente de la lluvia.

– Y si la lluvia es de ranas o de barro? -. Seamos sinceros, si llovieran ranas iba alguien a salir a la calle?

Bueno pero ya. Les dije al principio que hoy utilic el paraguas despus de mucho tiempo sin hacerlo. Me levant, vi el da y me dije, – lleg la hora de llevar un paraguas Alejandro -. Debo reconocerles que me gust la experiencia. Me gust sentir las gotas de agua a travs del fino eje, y sobre todo el sonido del agua al golpear la lona negra. Tuve la sensacin de estar aislado, como si el paraguas se prolongase hasta formar una mampara invisible que mantuviera seco mi espacio vital. Y me gust eso de caminar por las calles empapadas, saltando ros y esquivando charcos, como si el Monzn hubiera llegado a Madrid.

* Araa: Ilustracin de Ana Trello.

15 June, 2006
Enfrascado en Huerfanitos
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He venido aquí a quejarme

Lo cierto es que mi vida desde siempre a girado en torno a la queja, y digo a la queja no al lamento, no los confundan. Soy una persona que se queja por todo. Les pondr un ejemplo en caso de que no me crean: en lo que dura una comida puedo quejarme del trfico y del ruido de nuestras ciudades, de que el restaurante est lleno, de que la comida est excesivamente caliente, de que el men del da sea carsimo, de que se acabe el pan y no sirvan ms; charlando con otro comensal, me puedo quejar de las ltimas medidas econmicas del gobierno, de los mtodos del entrenador de un equipo de ftbol o del elevado precio de la vivienda. Y esta retahla de quejas es slo un ejemplo de lo que puedo llegar a ser capaz. Pero entiendan que todas esas quejas se tratan de quejas menores, sobre detalles cotidianos sin importancia.

(ms…)

10 May, 2006
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Compota de manzana VIII

VIII

Antes todo el mundo lo llamaba Seor. Ahora apenas habla con la gente y su aspecto no es precisamente el de un seor. Hubo un tiempo en el que le sobraba porte y firmeza, ahora le sobran remiendos en la gabardina y las ganas de conseguir una buena botella de licor o un plato caliente.

El Seor Talley pasa las horas vagando por las calles cntricas y comerciales. Suele colocarse en la entrada de los restaurantes de comida rpida o de las cafeteras y le pide ayuda a la gente que entra y sale, pide que le compren algo de comer. Cuando no consigue que alguien le ayude, que es la mayora de las veces, rebusca en los cubos de basura cercanos, – muchos piden la comida para llevar pero luego no se lo acaban -.

Roy Stokes nunca se haba fijado en el Seor Talley porque desconoca por completo su existencia. Roy nunca tiraba nada cuando iba al centro, era la nica oportunidad que tena de tomar comida italiana, las pizzas del Circus o esos perritos especiales con doble de cebolla del dely de la esquina. A Roy le encantaban esos perritos, pero su madre pocas veces le permita tomarlos, en realidad, pocas veces le permita ir al centro, porque en el centro – todo es sucio – y ella no quera verlo arrastrado por toda esa suciedad, perdiendo su tiempo colgado a un videojuego o en alguna tienda de – esos absurdos comics -.

A Roy, en realidad, tampoco le importaba salvo por las pizzas y los perritos -, saba que el centro, durante los fines de semana, era el – coto de caza de pardillos – de Robert Allen y sus amigos. Se deca por los pasillos del instituto que siempre pasaban las horas muertas por all, buscando a algn tonto de algn curso ms bajo al que quitarle algunos pavos y meterlo de cabeza en el cubo de la basura ms cercano. Con el Seor Talley nunca se haban atrevido aunque no sobraban pavoneos dentro del grupo: – algn da le daremos su merecido a ese viejo harapiento -.

Ese viejo harapiento, – el seor Talley – fue en el pasado un combatiente eficaz que haba tenido bajo su mando a ms de veinte soldados y haba dirigido ms de treinta incursiones en suelo (en selva) enemigo, tan slo perdi a dos soldados en todo aquel tiempo aunque algunos otros sufrieron heridas de bastante gravedad aun recuerda cuando una mina se llev la pierna derecha de Philips -. El no perdi una pierna pero si perdi bastante de su cordura, la misma que lo hizo sobrevivir a una guerra y que fue perdiendo en ella poco a poco, disparo a disparo, noche tras noche emboscado en la selva, durmiendo bajo un manto de hojas y la capa de camuflaje. Ahora dorma bajo cartones, camuflado entre la basura, entre las cscaras de manzana de Loretta Kessler.

quires conocer al Roy Stokes?
quires conocer a Robert Allen?
quires conocer a Loretta Kessler?

28 April, 2006
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Tragaperras

Avance!, uno!, dos!, tres! La mquina tragaperras no haba parado de tragar en toda la tarde; consumir, lo que se dice consumir, no se haba consumido mucho, lo normal para una tarde de agosto: unas pocas caas, algn vinito y los cafs y licores tras la hora de la comida, pero por lo general la parroquia estaba tranquila, salvo el Manuel, que no paraba de echarle chicha a la tragaperras: Manuel cojones, que te vas a dejar el jornal entero, le deca Paco tras barra, pero Manuel no pareca escuchar nada ms que las melodas que soltaba el cacharro.

(ms…)

30 March, 2006
Enfrascado en Huerfanitos, Amores Vacios
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Enroques

Un pen mat a su rey y el resto de piezas lo ajustici por anarquista.

***

Las blancas y las negras pactaron una tregua, el pacto se cerr en mitad del campo de batalla. Emisarios de uno y otro bando cabalgaron portando unas tablas en las que estaba inscrito el acuerdo y las rbricas de los monarcas. Luego se orden a los peones que pintaran el tablero de color gris. Desde entonces todos vivieron en libertad, en paz y en armona.

***

Cualquier vulgar viga, apostado en las torres, saba de la promiscuidad de la reina blanca. El que ms saba era el pen de la reina, que callaba por su condicin de pen y por no liarla, pero que estaba ya aburrido de tanto cuchicheo y carantoa entre su majestad y el alfil que la flanqueaba.

El rey los llev con entereza hasta que la reina comenz a lanzarle besos al rey negro, que le quedaba justo enfrente, – que gallarda, que porte pensaba su majestad. El rey negro, como gran estratega que era, correspondi a los besos de la reina blanca lanzando ostentosos besos para pitorreo general de su lnea de peones. El rey blanco perdi los estribos y lanz un ataque ciego que lo llev a desprotegerse a si mismo y a sucumbir bajo la caballera enemiga.

***

Coma primero y daba jaque despus.

9 February, 2006
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Hábitos extraños

Me lleg lo de los cinco extraos hbitos va Stormy. Si la gripe aviar se transmitiera como los mems en la blogosfera los de Roche seran ya infinitamente ms ricos de lo infinitamente ricos que son.

En principio no tena yo muy claro esto de los hbitos, pero me voy a dejar llevar como hice otras veces – en las que la epidemia consisti en ensear las tetas, por ejemplo, o en hablar de libros y msica -.

Cinco hbitos extraos.

Yo por las maanas gruo o en su defecto emito sonidos guturales. Los que me rodean dicen que es porque tengo un mal despertar, pero yo creo que es un acto reflejo – ms que un hbito -, es decir, unos se levantan y se rascan las pelotas camino del bao, o por ser ms finos, se revuelven el pelo mientras bostezan; yo gruo arrrgh -. Adems me da igual que sea un da completamente feliz o que amanezca un da marrn. Los sntomas remiten tras la ducha.

Luego he cogido el hbito de ir en bici a trabajar, de atravesar la Glorieta de Atocha con un par y de rodar por el carril derecho del Paseo del Prado respetando el carril bus / taxi -, viendo como me adelantan los coches, sintiendo los rugidos impacientes de los motores revolucionndose detrs mo. Siempre pienso – al que le impaciente que se coja el metro -, adems les sonro al pasar junto a sus ventanillas cuando estn atascados, sonrer a la gente cuando est jodida es un hbito bonito, no?.

En el trabajo, he cogido el hbito de trabajar. Joder es increble. Quiero decir que ltimamente siento como la productividad fluye por mis venas espero que lea esto mi jefe, o no -. El caso es que, cuando uno es un gestor as lo llaman -, tiene que gestionar cosas intangibles del palo: – Dile a Fran que haga esto -, – vale -, – Fran, haz esto -, – vale -, ... – ya lo he hecho -, – vale, gracias -, -oye que eso ya est -. Y tu no haces nada salvo decirle a Fran, pero esto se termina convirtiendo en eso, y tu no has roturado la tierra con tus manos ni has sembrado los campos con tu sudor. Sobran gestores.

Todos los ltimos jueves de cada mes, junto a otra gente que tambin va en bici a trabajar, o se mueve en bici por Madrid para salir, ir al cine, ir a ver a la novia, o lo que sea, pues nos juntamos en Cibeles, junto a correos, a eso de las ocho de la tarde y nos damos un paseo para celebrar lo bien que se va en bici, lo limpia y funcional que es. Este es un hbito que se lo recomiendo a todo el mundo.

Por ltimo, peridicamente tengo el hbito de participar en mems de este tipo en los que todos escribimos sobre las mismas cosas, y no me digan que esto de los mems no es un hbito extrao.

Le trasmito el virus a quien quiera contagiarse.

27 January, 2006
Enfrascado en Huerfanitos
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